Una despedida en el Azul... para recordar

Habían pasado ya al menos 40 minutos después del silbatazo final. Y ningún elemento de Cruz Azul había abordado el autobús que los regresaría al la concentración.
Habían pasado ya al menos 40 minutos después del silbatazo final. Y ningún elemento de Cruz Azul había abordado el autobús que los regresaría al la concentración.
 Habían pasado ya al menos 40 minutos después del silbatazo final. Y ningún elemento de Cruz Azul había abordado el autobús que los regresaría al la concentración.

Sergio Álvarez Reiset | MEDIOTIEMPOEstadio Azul, 24 de Mayo de 2008

  • Torrado lanzó una chamara para la afición

Habían pasado ya al menos 40 minutos después del silbatazo final. Y ningún elemento de Cruz Azul había abordado el autobús que los regresaría al la concentración.

Mientras un elemento de seguridad (mujer) contoneaba sus curvas al ritmo de las porras cementeras, al tiempo que resguardaba el orden de los medios de comunicación, en la zona mixta para los reporteros y camarógrafos se experimentaban empellones estilo estación del metro Pino Suárez.

En contadas ocasiones hay tantas miradas a la expectativa de los jugadores cementeros, de no ser porque se acaban de pelear con los jugadores de las Águilas del América o con los de Jaguares de Chiapas.

Por fin salieron los suplentes. Primero Gabino Velazco, a quien corearon de forma mesurada. Después Alejandro Castro, Julio César Domínguez y Edgar Andrade, con mucha mayor intensidad.

Pero entonces llegó el grupo pesado. El primero fue Gerardo Lugo, quien arrebató más gritos agudos (de mujeres) que nadie; y él los complació con una clásico movimiento de brazos, de esos que se suelen ver durante los juegos mientras canta la barra.

El éxtasis de la afición, siempre detrás de una valla metálica, llegó cuando salió un hombre que no suele arrebatar muchos reflectores, pero que en esta ocasión lo hizo. Gerardo Torrado.

Alguien le gritó "regresa, siempre te estamos esperando, anda, regresa", mientras se estiraba para alcanzarle un póster para autografiar. No lo complació, pero hizo algo mucho mejor.

Regresó del autobús al que ya había abordado y se asomó por la puerta para lanzar una chamarra original del equipo. Los fuertes retumbes de tambores y gritos dejaron en claro que los seguidores quedaron complacidos.

Ya con mucha prisa salieron César Villaluz, y Yosgart Gutiérrez. Nunca Zeballos. Al atacante paraguayo lo tuvo que esperar su madre media hora más, hasta que su vástago terminó los exámenes antidoping. En las eternas escalinatas del Estadio Azul lo premió con una largo beso de madre en la mejilla derecha, por el gol que le aligeró la carga a Cruz Azul y que había marcado hace poco más de una hora.

Tuvieron que pasar nueve años para que una despedida similar se volviera a registrar en el Estadio Azul. ¿Qué sucederá en la despedida del siguiente juego de La Máquina en casa?

[mt][foto: A. Cuevas/MEXSPORT]

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