Los exiliados del Estadio Azul

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Héctor Cruz | MEDIOTIEMPOCiudad de México, 1 de Junio de 2008

  • Sufrieron desde una taquería frente al coloso
  • Apoyaron, pero Ludueña los silenció

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Aficionados de Cruz Azul llegaron al Estadio Azul para ver el encuentro en pantallas gigantes y se llevaron la sorpresa de que no había tal transmisión, sólo estaban los de vigilancia.

Por lo tanto, para no perderse el duelo de vuelta de la Final entre Santos y La Máquina, tuvieron que pedir asilo en alguno de restaurantes o taquerías o fondas que están frente a la casa de los celestes.

Así, exiliados de su propio estadio, tuvieron que ver el partido, sufrir, comerse las uñas, después unos tacos, y hasta emborracharse frente a su inmueble.

Como todo profesional, estos aficionados comenzaron a calentar antes del silbatazo inicial, pidieron rondas de cervezas, algunos de brandy o de otras bebidas afines, y también dieron instrucciones claras a los meseros sobre lo que querían en su alineación inicial.

Tres de arrachera, dos de costilla, una sopa azteca, más unos frijoles charros; tres alambres y dos refrescos para los pequeños fueron parte de las órdenes previas al partido.

El duelo inició y ya nadie se levantó de su asiento, algunos corearon el color que da nombre a su equipo ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! Y hubo hasta quien sacó de la chistera alguna corneta para animar la tarde, donde todos los cementeros esperaban la voltereta.

El duelo inició con la presión cementera que retrasó a Santos a su propia área y la gente en "Las Cebollas", taquería frente al Estadio Azul, comenzó a animarse, gritó, apoyó, pero en Torreón, sus jugadores no respondieron con el gol.

El vaivén en el área de la parrilla y de la barra comenzó, más rondas de cerveza, más tacos, más sopas, más salsas, más limones para la mesa 36, dos cervezas claras y tres oscuras para la 12, y el ritmo bebedor siguió con intensidad en todos los presentes.

Todo indicaba que Cruz Azul anotaría primero por la presión ofensiva que ejerció en los primeros minutos, pero no logró reflejar ese dominio en el marcador, y entonces llegó el lagunero Daniel Ludueña, quien durante los últimos encuentros había pasado desapercibido y no había pesado para la causa de los de Torreón y enfrió a todos los celestes, no sólo del Estadio Corona, sino de todo el país, y del mundo.

Con un golazo desde fuera del área al minuto 16 el argentino puso en silencio a todos los presentes en la taquería frente al Azul, incluido al parrillero, quien echó toda la carne al asador, porque las penas con pan son menos.

Los aficionados celestes presentes en este sitio, tras romper ese silencio sepulcral, comenzaron a mostrar desesperación, unos gritaron que les faltaba actitud a los jugadores en el campo, otros decían que Villaluz estaba muy retrasado, y otros más mejor pidieron otra cerveza.

"Es que todos deberían partirse el alma como Torrado o como Villaluz, si no este juego ya está perdido, ya son muchos años sin que salgamos campeones y eso sí es muy doloroso", dijo Ramón, quien acudió a la taquería con su esposa y dos hijos, todos aficionados de La Máquina.

Llegó el minuto 30 y el árbitro detuvo el encuentro para que los jugadores se hidrataran, de la misma forma, los comensales celestes aprovecharon para dar indicaciones a sus meseros, entre ellas, dos rondas más de cervezas frías.

Luego vino Sabah y una media vuelta de peligro para la meta de Oswaldo Sánchez, pero el veterano arquero supo recostar y contener el balón, jugada que encendió los ánimos de los aficionados celestes, sin embargo, a los pocos minutos Armando Archundia mandó a todos al descanso.

Los aficionados de la taquería aprovecharon el entretiempo al máximo, las filas para el baño fueron inmensas, y muchos con los rostros y semblantes ya tristes, se comenzaron a resignar.

"Meter tres ya es casi imposible en el segundo tiempo, la verdad es que esta Final la perdimos el jueves aquí enfrente, no supimos ganar y ahora ya está muy difícil", añadió Ramón, quien dice que le va a La Máquina desde que era niño, desde hace más de 30 años.

El juego se reanuda en su parte complementaria y la gente ya está menos animada, Santos logra contener a La Máquina, quien poco a poco baja su intensidad, y los aficionados ya no creen en la voltereta.

Luego viene la pelota al poste por parte de Santos, a través de Benítez, y la gente está a punto del desencanto.

Sin embargo a 7 minutos del final, Jaime Lozano, quien ya sabe lo que es ser Campeón en el futbol mexicano con los Pumas, logró levantar a la gente de su asiento al descontar y poner el 1-1 (3-2 global a favor de Santos), y con ellos, muchos aficionados vuelven a pedir otra cerveza y a cancelar la cuenta que ya habían pedido a los meseros.

El árbitro asistente levanta un letrero que indica que la esperanza azul tendrá 5 minutos más de vida, y la gente en "Las Cebollas" comienza a desesperarse y a gritar el ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! Pero los jugadores santistas, al hacer tiempo sólo consiguen enardecer los ánimos, luego Benítez con una gran jugada, los vuelve a silenciar.

Viene jugada de último minuto, serie de rebotes dentro del área lagunera, la gente en la taquería se levanta de sus asientos para ver de pie cómo Archundia se lleva el pito a la boca, sopla, resopla, y con ese aliento mata el último suspiro de los celestes, quienes se llevan las manos a la cabeza, y otros que ya habían pagado abandonan la taquería.

¡Santos es Campeón de México!, grita un comentarista de la televisión, pero la gente ya no lo escucha, porque la hazaña no se dio, y ya son 10 años y medio sin ganar nada para Cruz Azul.

Dice la máxima del tango argentino que 20 años no es nada, pero para los aficionados de La Máquina la mitad de ese tiempo sin conseguir un logro importante ya es un exceso.

10 años puede no ser mucho relativamente, pero es tiempo suficiente para marcar a muchas generaciones cementeras, por lo menos, la mayoría de los aficionados de Cruz Azul menores a 15 años, no recuerdan, o no han sentido en carne propia por qué La Máquina es considerada uno de los grandes de México, por lo menos, nunca han podido salir a la calle a gritarles a sus rivales americanistas, universitarios o de las Chivas, que son Campeones del Futbol Mexicano.

Algunos, pocos entusiastas, se dejan la taquería gritando ¡Azul! ¡Azul! ¡Azul! Para después perderse en el Eje 5, guardar silencio, y seguir con su vida.

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[mt][foto: H. Cruz/MEDIOTIEMPO]

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