Kingston, el impensable hogar de Bob Marley

Y entonces debemos fotografiar la estatua del músico y una barda con fotos suyas, incluyendo una jugando futbol. El regreso a las calles es confuso. Para nosotros, el simple hecho de que se maneje...
Y entonces debemos fotografiar la estatua del músico y una barda con fotos suyas, incluyendo una jugando futbol.
El regreso a las calles es confuso. Para nosotros, el simple hecho de que se maneje por la izquierda con los autos portando el volante en la
 Y entonces debemos fotografiar la estatua del músico y una barda con fotos suyas, incluyendo una jugando futbol. El regreso a las calles es confuso. Para nosotros, el simple hecho de que se maneje por la izquierda con los autos portando el volante en la  (Foto: Walter González, )

El mar en Kingston, toca la tierra sin arena de por medio En México oímos Jamaica y de inmediato pensamos en Bob Marley, en Reggae, en ron y los más entendidos tal vez en marihuana, pero sin duda todo esto lo enmarcamos en un ambiente paradisiaco, con mar turquesa, playas de arena blanca, cocos con adorno de paragüitas y bellas mujeres en bikini.

En la capital jamaicana la mayoría de los hoteles no están instalados a la orilla de la playa, sencillamente porque aquí el oceano baña las rocas sin arena de por medio. El mar no es azul turquesa, no deja ver peces exóticos, es un mar "industrial" con azules intensos, profundos y barcos de carga.

Salir del hotel no es una tarea segura. Para recorrer la capital jamaicana hay que tener cuidado, tomar precauciones; Kingston no es un sitio plácido para los turistas que no tienen la facilidad de rentar un auto o pagar un tour. Para la prensa mexicana siempre estuvo a la mano un minibús que recorría las calles a toda velocidad, sobre todo al pasar por el centro donde abunda la pobreza, la vendimia, los ambulantes, el ajetreo de una zona parecida a La Merced mexicana pero climatizada al caribe.

Verdes, amarillos, rojos... El entorno se vuelve mágico. La fortuna de encontrarnos con un grupo de niños que visitaban el lugar y que posaban felices para la foto, hicieron muy alegre el momento. Los chamacos sonreían a tope, con esa blancura que se vuelve más intensa contrastando con la piel morena; algunos hacían signos de reggae, de rap, de barra brava.

El regreso a las calles es confuso. Para nosotros, el simple hecho de que se maneje por la izquierda con los autos portando el volante en la derecha, implica una serie de golpes de pánico al ver que los coches en sentido contrario vienen en el carril erróneo para nuestra costumbre; y si a esto le agregamos que el manejar rápido y zigzaguente es una costumbre, el traslado resulta una aventura.

Kingston es Kingston... No es la Jamaica que vemos en las películas, la de la línea de conga y los pechos al sol. Kingston es una capital poco desarrollada, que sufre de pobreza, de marginación, de calor extremo, pero también goza de gente alegre, de la esperanza infantil cuando a la hora de salida de la escuela los niños caminan sonrientes con ovelores color caqui adornados con corbata roja y las niñas con vestido azul y camisa blanca.

-Kingston en imágenes

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