Un desaliñado sueño se volvió realidad en el Clásico

Es el Tecnológico, un estadio en medio de facultades. Un coloso en forma de setentera herradura que se mueve entre esa combinación extraña que tiene el campus del Tec con edificios ultramodernos...
Es el Tecnológico, un estadio en medio de facultades. Un coloso en forma de 
setentera herradura que se mueve entre esa combinación extraña que tiene el 
campus del Tec con edificios ultramodernos mezclados con otros que son recuerdos 
de los inicios d
 Es el Tecnológico, un estadio en medio de facultades. Un coloso en forma de setentera herradura que se mueve entre esa combinación extraña que tiene el campus del Tec con edificios ultramodernos mezclados con otros que son recuerdos de los inicios d  (Foto: )

Walter González | MEDIOTIEMPO (Enviado)Estadio Tecnológico, 18 de Octubre de 2008

  • El Clásico Regio aún se puede vivir en familia

Es el Tecnológico, un estadio en medio de facultades. Un coloso en forma de setentera herradura que se mueve entre esa combinación extraña que tiene el campus del Tec con edificios ultramodernos mezclados con otros que son recuerdos de los inicios de esta escuela, aquí donde se fraguó, se pensó y se desarrolló lo que hoy es una de las universidades más reconocidas de México.

Es cierto, el duelo genera mucha pasión, pero todos, absolutamente todos los aficionados portan sin miedo su playera, la lucen, pueden caminar con ella para llegar al estadio. No es raro ver grupos de amigos que, yendo todos juntos, muestran playeras de ambos bandos. Acá sí llega a haber golpes, también se separa a las barras, pero para el aficionado común aún no es un riesgo ir a ver un Clásico.

De hecho la Libres y Lokos llegó casi sobre la hora al duelo y fue ubicada en un pequeñito espacio en uno de los "cuernos" de la herradura que forman las gradas rayadas. Eran escoltados por un grupo de "policletos" y unos cuantos azules de a pie y al instalarse en la tribuna no hubo necesidad de un valla de seguridad, ni tampoco de esos espacios muertos de cemento que, para evitar agresiones, roban lugares a miles de aficionados.

Fuera de la zona de barras donde los jóvenes son lo único, en las gradas del Tec se alternan generaciones. Si uno se fija bien se da cuenta que niños o adolescentes tienen siempre al lado a un adulto, ambos con la playera de su equipo, con una bebida, eso sí, de diferente octanaje, en la mano y platicando de futbol, digiriendo la espera o discutiendo la acción.

Hoy el juego dio para dormir y luego se desbocó. Lo que no sucedió en más de 70 minutos, pasó todo aglomerado en 16 y la avalancha de emociones tuvo primero a la afición local en la cima de la felicidad y luego la llevó a las honduras de la vergüenza.

Y es que un pequeño desconocido, un caso de película cursi, uno de esos eventos que a veces pensamos ya son imposibles en la profesionalización del futbol moderno, sucedió en Monterrey. A unos los dejó felices, a otros los traicionó en lo más hondo, pero a todos nos dejó marcados. A los que vimos lo que pasó nos recordó que el balompié sigue siendo humano, sigue estando propenso a milagros, a sorpresas, a eventos emotivos como el de hoy.

Este sábado, un chaparrito con playera prestada debutó en Primera División e hizo todo; jugó, le pegaron, provocó las faltas para los tres primeros goles y anotó el cuarto. Fue la figura por encima de Borgetti, Arellano, Fonseca, Lucas Lobos, Óscar Pérez, Felipe Baloy, Luis Pérez...

Ese desaliñado sueño hecho carne se llama Francisco Acuña y al menos por esta tarde, marcó al futbol mexicano.

[mt][foto: Mexsport]

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