Galindo, un manojo de nervios en la banca cementera

Un aplauso, dos pasos hacia atrás. Una mirada al cielo, un paso hacia adelante. La mano izquierda ubicando a la defensa, la derecha alentando a sus delanteros. Benjamín Galindo se convirtió en un...
 Un aplauso, dos pasos hacia atrás. Una mirada al cielo, un paso hacia adelante. La mano izquierda ubicando a la defensa, la derecha alentando a sus delanteros. Benjamín Galindo se convirtió en un auténtico manojo de nervios.  (Foto: Osvaldo Aguilar, Notimex)
Estadio Azul -
  • Galindo aplaudió a sus muchachos

Un aplauso, dos pasos hacia atrás. Una mirada al cielo, un paso hacia adelante. La mano izquierda ubicando a la defensa, la derecha alentando a sus delanteros. Benjamín Galindo se convirtió en un auténtico manojo de nervios conforme pasaban los minutos del encuentro de Vuelta en la Semifinal entre Cruz Azul y Puerto Rico Islanders. El técnico, caminó al menos un centenar de veces de un lado a otro en su área técnica, siempre deteniéndose sobre la línea punteada que suele decirle a los estrategas "hasta aquí". Galindo aplaudió a sus muchachos, trató de animarlos desde fuera y poco le faltó para cambiarse el traje café por un pantaloncillo blanco, una playaera azul y unas calcetas del mismo tinte. Incluso la corbata perdió la forma cuando César Villaluz falló un par de remates frente a la portería de los portorriqueños, dos segundos después se anudó de nuevo y con gesto pesnativo, iba escogiendo a sus tiradores para la tanda de penales. Del otro lado, Colin Clarke, llenó el área técnica de botellitas de agua que fueron vaciando sus jugadores a lo largo del partido. Desde lejos se pudieron contar al menos 20 recipientes que, si bien no estorbaban en el campo de juego, sí reflejaban una mala costumbre de los visitantes quienes esperaron que alguien recogiera el tiradero. Clarke también calló en la histeria, con las manos en la cintura, observó el último corner del partido que fue ejecutado por Edgar Andrade y tras el pitazo final, llamó a sus muchachos para hablar con ellos en el centro del campo. Tras un apretón de manos con Clarke, Galindo entró en círculo cementero para arreglar los últimos detalles de la batalla en la cual se enfrascó con sus jugadores: los penales que llevaban a la Final de la Liga de Campeones.

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