América y Pumas viven una historia de odio y gloria

Las historia fue marcándolos poco a poco como rivales. Pumas encontró en América a su antagonista perfecto; los de Coapa con esa soberbia que los caracterizaba, aceptaron el puesto.
Las historia fue marcándolos poco a poco como rivales. Pumas encontró en América a su antagonista perfecto; los de Coapa con esa soberbia que los caracterizaba, aceptaron el puesto.
 Las historia fue marcándolos poco a poco como rivales. Pumas encontró en América a su antagonista perfecto; los de Coapa con esa soberbia que los caracterizaba, aceptaron el puesto.  (Foto: Notimex)
Ciudad de México -
  • Cinco momentos han sido claves para la rivalidad entre los universitarios y las Águilas

Las historia fue marcándolos poco a poco como rivales. Pumas encontró en América a su antagonista perfecto; los de Coapa con esa soberbia que los caracterizaba, aceptaron el puesto. El odio deportivo los marcó desde que los felinos llegaron a Primera División, la clase estudiantil se enfrentó a los que se llamaban “los millonetas”. En la tribuna las diferencias estaban marcadas, en la cancha terminaron por acentuarse y fue en la Final de la 84-85 cuando se gestó lo que hoy es casi un Clásico. América y Pumas llegaron a la Final, el equipo felino veía entonces una oportunidad inmejorable de humillar a su odiado rival, pero el poderío de las Águilas dentro y fuera de la cancha les quitó la opción. Al ir empatados en el marcador global después del partido de ida y el fatídico partido de vuelta, donde fallecieron ocho personas por sobrecupo en CU, la Federación Mexicana de Futbol decidió llevar la Final a un tercer juego que se efectuaría en cancha neutral. Entonces se votó por La Corregidora, la decisión fue unánime, pese a que la plaza bien se establecía como un estadio americanista. La noche del martes 28 de mayo de 1985 el árbitro Joaquín Urrea decidió marcar al minuto 10 una mano en el área del felino Félix Cruz que significó el 1-0 tras el gol de Brailosvky, después una jugada similar, donde Tena metió la mano, el silbante consideró que era deliberada y no se atrevió a señalarla como pena máxima. Al final el partido quedó 3-0 y América logró el Bicampeonato. Los Pumas se fueron sintiéndose robados; la rivalidad había nacido. La revancha para los universitarios no tardó en llegar, pero sí lo hizo la sed de venganza, pues el equipo no pudo lograr vencer al América en la Final de la 87-88. La suerte parecía sonreírles, Pumas ganó el partido de ida 1-0, pero en la vuelta, los universitarios cada pudieron hacer y las Águilas los aplastaron con un 4-1 para cerrar el marcador global con un 4-2 que terminó proclamándolos Campeones. Fue hasta los 90 cuando Pumas se encontró con la gloria y pudo dejar en el césped a su más odiado rival. En la Final de la 90-91 en el partido de ida realizado en el Estadio Azteca, América ganó 3-2, pero en la vuelta un tiro libre que cobró Ricardo Ferretti fue suficiente para la victoria de los universitarios 1-0, el marcador global terminó 3-3 pero gracias a sus goles de visitante, los felinos se coronarían Campeones. Las finales no volvieron a ser aderezadas por los Pumas y el América juntos, pero la rivalidad siguió creciendo partido a partido, cada encuentro era una “Final íntima” una oportunidad de vencer a su más odiado rival. Por eso en el Repechaje de la Temporada 95-96 los universitarios volvieron a recrudecer su odio cuando fueron eliminados por las Águilas con un marcador global de 2-0, finiquitado desde el primer juego en el Estadio Azteca; su único consuelo fue que los de Coapa aunque llegaron a la Final terminaron perdiéndola frente a Necaxa. El último enfrentamiento doloroso fue el del Verano 2002 cuando ambas escuadras llegaron a la Semifinal. Los Pumas estaba dirigidos entonces por una de sus grandes leyendas, Hugo Sánchez, y su futbol no era espectacular, pero sí muy certero, tanto que llegaron a las Semifinales con siete juegos sin caer. En el primer partido, efectuado en el Estadio Azteca, el marcador fue un fatídico 0-0, pero todo estaba puesto para que el cierre, en CU, los felinos se quedaran con el pase a la gran Final; sin embargo, el duelo fue trepidante y dejó como ganador a las Águilas con un marcador de 2-3. Manuel Lapuente le quitó el sueño a los universitarios y con ello siguió manteniendo una añeja rivalidad. El dolor se ha recrudecido con los tres años que Pumas tiene sin vencer al América, en cualquier cancha, y los cinco y medio de no lograrlo en su casa, CU.

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