La barras de Xoloitzcuintles, unidas contra Dorados

Un partido de futbol no es lo mismo sin gente, mucho menos sin aquellos que les alientan, cuando las cosas van bien, cuando las cosas van mal, cuando el equipo va ganando y cuando no.
Un partido de futbol no es lo mismo sin gente, mucho menos sin aquellos que les alientan, cuando las cosas van bien, cuando las cosas van mal, cuando el equipo va ganando y cuando no.
 Un partido de futbol no es lo mismo sin gente, mucho menos sin aquellos que les alientan, cuando las cosas van bien, cuando las cosas van mal, cuando el equipo va ganando y cuando no.  (Foto: Ángel Ramírez)
Tijuana, Baja California -
  • La Masakre, la Perrada 12 y los Cachorros ya están en el Caliente

Un partido de futbol no es lo mismo sin gente, mucho menos sin aquellos que les alientan, cuando las cosas van bien, cuando las cosas van mal, cuando el equipo va ganando y cuando no. La famosas "barras bravas" en el futbol mexicano han sido un tanto satanizadas, tomadas por delincuentes, cuando lo único que los une es la pasión por el futbol, por sus colores, por su playera, sus jugadores, sus ídolos. "La perrada se movía y se movía", como versa un cántico de este grupo de aficionados, se va trasladando hacia la Zona 2 del Estadio Caliente, mientras intentan reclutar gente a su paso, que no solamente vengan a ver un simple partido de futbol. Este no es un simple partido de futbol. Es el Clásico del Noroeste, Xoloitzcuintles del Club Tijuana ante Dorados de Sinaloa. En su última visita los culichis se fueron derrotados un tanto por cero con gol de Juan Carlos "Kalin" Nuñez en el ocaso del encuentro. La barra familiar de los Cachorros ya alista su función en el estadio, no dejar en paz a la banca visitante, con gritos, cantos, básicamente, haciendo su rol en este juego. "Voy a alentar al Club Tijuana con todo mi corazón", entona la barra mas antigua y original de la Liga de Ascenso, y está en Tijuana, con 11 años desde su creación en el viejo Estadio del Cerro Colorado han visto pasar glorias y tristezas, descensos y ya dos finales a cuestas. No se callan, llevan los colores en el pecho y vienen dispuestos a demostrar que los clásicos también se juegan en la tribuna, unidos y sin violencia.

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