Un Clásico de Cantera

Cuando la historia se trae en la piel, los colores de la bandera son como ríos de sangre que intensifican el amor y la pasión por las instituciones. En América y Chivas conocen perfectamente el...
Cuando la historia se trae en la piel, los colores de la bandera son como ríos de sangre que intensifican el amor y la pasión por las instituciones. En América y Chivas conocen perfectamente el sentimiento que su lábaro les provoca.
 Cuando la historia se trae en la piel, los colores de la bandera son como ríos de sangre que intensifican el amor y la pasión por las instituciones. En América y Chivas conocen perfectamente el sentimiento que su lábaro les provoca.  (Foto: Reuters)
Ciudad de México -
  • Son 11 los canteranos Chivas que juegan con frecuencia
  • Hay seis americanistas nacidos en el Nido

Cuando la historia se trae en la piel, los colores de la bandera son como ríos de sangre que intensifican el amor y la pasión por las instituciones. En América y Chivas conocen perfectamente el sentimiento que su lábaro les provoca, por eso cuando el Clásico llega sólo se piensa en una cosa: la victoria.

El duelo levanta pasiones e intensifica las emociones, pero sólo aquellos que han experimentado el amor con la playera pueden defenderla a muerte.

El domingo la batalla será campal. Las Chivas con ese afán de buscar en sus entrañas los hombres que pudieran hacer respetar su nombre, hoy pueden presumir un cuadro casi canterano en su totalidad.

De los 14 hombres que juegan con mayor regularidad 11 fueron hechos en Chivas, ahí aprendieron a amar su bandera y a odiar a su rival: el América. En el seno del Rebaño Sagrado fueron creados y dirigidos para morir en la cancha tratando de hacer respetar su historia.

Luis Ernesto Michel, Omar Esparza, Jonny Magallón, Patricio “Pato” Araujo, Héctor Reynoso, Edgar “Chore” Mejía, Xavier Baez, Javier “Chicharito” Hernández, Omar Bravo y Edgar “Tepa” Solís dieron sus primeros pasos en la Primera División protegidos por la jerarquía de su equipo, la cual hoy tienen que defender y hacer valer.

Uno a uno fue apareciendo en el Máximo Circuito para ir formando lo que Jorge Vergara visualizó como un sueño que hoy es una realidad, pues el propietario del Rebaño no sólo quería seguir la tradición de que jugaran puros mexicanos en Chivas, también deseaba que sus raíces fueran hechas en casa.

A la lista se agrega Adolfo “Bofo” Bautista, un hombre que se formó en Tecos, pero que desde sus primeros días en la Primera División externó su amor a Chivas. Además, los del Rebaño no sólo se crearon en el seno del equipo, sino que también son de sepa tapatía, siete de los que hoy juegan con mayor frecuencia se criaron entre mariachis, tortas ahogadas y tequila.

En el América la situación no es diferente, el equipo no ha perdido la esencia de ser un cuadro con una base de mexicanos protegida por extranjeros de calidad, pero en el trayecto y debido a las circunstancias que ha enfrentado hoy pueden presumir que enfrentarán el Clásico con un equipo que tiene grandes raíces azulcremas.

De los 14 hombres que más han jugado con el plantel de Jesús Ramírez, siete son hechos en América, aunque sólo seis hicieron su debut bajo los colores del equipo; todos crecieron cobijados por las Águilas y hoy esperan poder defender el nombre que aprendieron a portar con orgullo.

Guillermo Ochoa, de descendencia tapatía se crió en el América al igual que lo hizo Oscar Rojas, Israel “Jagger” Martínez, Antonio “Tony” López, Daniel Márquez, Enrique “Paleta” Esqueda y Ángel Reyna, este último se formó en el Nido, pero su oportunidad de debutar le llegó con el San Luis. Los siete son orgullosamente americanistas creados bajo los valores del Club de Coapa.

A las líneas de canteranos el nombre de Pável Pardo se agrega, el Capitán de las Águilas no se formó en el seno americanista, de hecho sus primeros seis años en el futbol nacional los vivió con Atlas y después Tecos, siendo siempre un rival de estirpe para las Chivas; sin embargo desde el Torneo Invierno 1999 tuvo una metamorfosis y se convirtió en Águila.

Los colores se le tatuaron en la piel tanto que se hizo uno mismo con América, su imagen es la de un ídolo para los de Coapa, y aunque dejo al equipo para cumplir su sueño de jugar en Europa, regresó a la que hizo su casa.

El amor a la playera se profesó desde antes de nacer en la Primera División en ambos bandos, hoy sólo es momento de defender el orgullo y la historia que desde sus raíces hicieron suyas.

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