Nace el ídolo: Arellano en Primera

La calidad de Jesús Arellano crecía, y el ídolo tuvo que tomar decisiones claves en su carrera. Era el año 1989, y con 16 años de vida, el joven de la colonia Indeco dio marcha atrás a su retiro,...
 La calidad de Jesús Arellano crecía, y el ídolo tuvo que tomar decisiones claves en su carrera. Era el año 1989, y con 16 años de vida, el joven de la colonia Indeco dio marcha atrás a su retiro, para más tarde debutar en Primera División.  (Foto: Notimex)
Monterrey, Nuevo León -
  • La segunda entrega del reportaje especial por la historia del ídolo regio
  • Pudo debutar con Pumas, pero se negó a comprarlo siendo muy joven
  • Despunta con Monterrey, y se vende a Chivas por problemas financieros

La calidad de Jesús Arellano crecía, y el ídolo tuvo que tomar decisiones claves en su carrera.

Era el año 1989, y con 16 años de vida, el joven de la colonia Indeco anunciaba a sus padres su retiro prematuro, debido a que no simpatizaba de todo con el ritmo de estudiar la preparatoria y acudir a entrenar con los Vaqueros de Apodaca, con los que acababa de incursionar.

Luego de la intervención de José Barragán, empresario dueño de la franquicia de Tercera División, todo enfiló definitivamente. El ‘Charro’ fue hasta la casa del jugador, y delante de sus padres le llevó a Chuy la reflexión de su vida: “tu futuro, y el de tu familia, lo tienes en los pies”.

La rebeldía ante los sacrificios se fue diluyendo, y la determinación se tornó constancia y crecimiento. Arellano entrenó decididamente buscando el profesionalismo, aunque la meta se veía lejana todavía. Su calidad era indiscutible, pero en el terreno de los negocios, llegar no era una empresa gratuita.

La historia dicta que Rayados fue el que le abrió las puertas, pero todo pudo ser muy diferente. Pumas fue el primer equipo que se fijó en la calidad del volante, y preguntó por sus servicios, pero no quiso pagar un precio adecuado por la promesa regia.

“Hubo una convocatoria de la Selección de Tercera División que fue en el Estado de Morelos y Chuy fue a jugar ese torneo”, menciona Barragán de esa experiencia.

“Había un señor que se apellidaba Borja, era de Pumas, vio a ‘Chuy’, habló con él, le ofreció irse a su equipo y ‘Chuy’ le dijo que pertenecía a Vaqueros, le dio mi teléfono y el señor Borja me llamó.

“Recuerdo que este señor Borja me dice ‘el jugador tiene algunas cositas’, y le respondí: ‘señor Borja, no perdamos el tiempo, es el mejor jugador de México, ¿Me pregunta que si lo vendo?, sí lo vendo, en 250 mil dólares.

“Él me dijo ‘estás bromeando’, porque en ese entonces se pagaban 10 mil dólares por los jugadores de Tercera; le dije, ‘te la pongo más fácil, dame 40 mil dólares y en opción de un año; si te lo quedas me pagas la diferencia, y si no, pues me lo regresas’. Eso le gustó, pero ya no me volvió a buscar”.

Se apagaba la primera alternativa para emigrar a una franquicia del máximo circuito, aunque pronto apareció la segunda. Ante la negociación fallida, Barragán prestó a Arellano al Pachuca, que entonces militaba en Segunda División. Permaneció en Tuzos alrededor de seis meses, pero otra vez no cuajó la negociación, y volvió a regresar a Vaqueros.

La tercera llegó para ser la definitiva, y nada menos que del ojo de Miguel Mejía Barón, el entonces técnico del Monterrey, que vivía su momento cumbre luego de ser campeón con Pumas.

El entrenador se deslumbró viendo jugar al volante y pidió su compra inmediata a la institución, pero la relación entre Barragán y Jorge  Lankenau no era la ideal, y ahí acabó todo. La puerta se había abierto, pero volvía a cerrarse por motivos de dinero.

Fue hasta el año de 1992 cuando Barragán desistió de negociar a Chuy y lo cedió de forma gratuita para que se integrara a las filas de Rayados. Arellano soltaba la mano de un guía, pero pronto encontraría otras que lo llevaron hasta el sueño del profesionalismo.   Fue ahí que conoció a Magdaleno Cano, ícono rayado de los 60’s, quien estaba al cargo de las Fuerzas Básicas del Monterrey. A la larga Chuy sería tan emblemático como Cano, siendo los únicos dos jugadores en la institución que pasan los 400 partidos con la playera.

“Chuy llegó a la institución de Monterrey a los 19 años y, como todo joven a esa edad, tenía mucha inquietud y deseos de hacerse un lugar en el futbol”, comenta Cano Ferro.

“Desde siempre mostró mucho talento, lo único que hicimos nosotros fue empezar a trabajar en la cuestión táctica y buscarle la posición. Él, por ejemplo, en ese tiempo lo único que le faltó jugar en esa temporada (1992) fue de portero y de defensa central, los demás puestos  todos los jugó, de contención, de medio volante, de delantero; conmigo jugó más como contención, pero tenía cualidades para desempeñarse en cualquier otra posición”.

Mientras el ‘Cabrito’ integraba las Fuerzas Básicas, Mejía Barón le dio oportunidad de entrenar con el primer equipo, aunque tras la salida del ‘Doctor’ para dirigir a la Selección Mexicana, Hugo Hernández, quien era su auxiliar, tomó el timón albiazul y fue él quien tendría en sus manos el debut.

"Lo único que le faltó jugar en esa temporada (1992) fue de portero y de defensa central, los demás puestos todos los jugó"

La fecha definitiva llegó el 5 de febrero de 1994, en la jornada 28 del torneo 93-94, en un juego contra el Puebla donde Arellano brilló por su atrevimiento, relevando a Gerardo Jiménez al minuto 58.

“Para mí fue muy grato tener un contacto con él en su inicio, es un chico que siempre se destacó, uno lo veía y decía ¡ah caray, está muy delgadito, hay riesgo!, pero al final de cuentas su talento, su habilidad, su alegría en la cancha era sobresaliente”, relata Hugo Hernández de aquel momento.

“Era un chico que desde que llegó nos llamó mucho la atención, Miguel Mejía Barón y yo veníamos inquietos de ver a los jóvenes, porque veníamos de una institución que era Pumas y su base eran los jóvenes… por esa idea no fue tan difícil dar con Jesús”.

Iniciaba el camino, y con él la búsqueda de la identidad. Arellano fue titular los siguientes cuatro partidos, y cerró el torneo ganándose un puesto como defensa lateral. Al final de la campaña Hernández fue destituido, y nuevamente era un tiempo de prueba para Chuy, quien debería convencer al entrenador que llegara.

El designado fue Arturo Salah, un chileno que nunca había dirigido en el futbol mexicano, y que por ende no lo había visto jugar. Todo indicaba complicación, pero el futbol del regio volvió a imponerse, y Arellano fue titular todo ese año, marcando sus primeros tres goles en Primera, y sumando sus primeras tres asistencias. El ídolo nacía para la tribuna, con las primeras pinceladas que se reflejaban en estadística.

CHIVAS, EL PARÉNTESIS DE SU CARRERA

La historia favoreció a Chuy a lo largo de tres temporadas donde se afianzó con Rayados, hasta que vino un nuevo cambio para su carrera.

La situación económica del Monterrey se había vuelto crítica bajo la administración de Jorge Lankenau, y el equipo comenzó a desprenderse de sus jugadores base para aliviar las finanzas.

Fue así como siendo ya un referente del cuadro, la directiva regia aceptó cederlo al rebaño por 2.5 millones de dólares. El acuerdo se firmó el 2 de enero de 1998, y Chuy llegó como el refuerzo de lujo para el torneo de Verano.

La habilidad del Seleccionado había crecido con los años, y jugando bajo las órdenes de Ricardo Ferretti se convirtió en el extremo mexicano más importante de esa época. Más tarde Chuy se referiría al Tuca como el mejor técnico que tuvo en su carrera. El acierto del ‘Tuca’ fue liberarlo de la responsabilidad de marca, y Chuy tomó una dimensión nacional con la playera rojiblanca.

Pronto le llegó la oportunidad de disputar la primera final de su carrera, la cual perdió en el estadio Jalisco ante Necaxa. Era su primera caída rumbo a titularse.

En total jugó para Chivas cuatro torneos cortos, en los que marcó 14 goles además de poner siete asistencias, siendo un titular indiscutible. La afición hacía click con el descarado delantero, y la era de Chivas parecía no tener final. Era la ruta para ser emblema tapatío, y nada parecía evitar su consolidación en la Perla de Occidente.

Pero vendría una segunda etapa con Monterrey, de donde no saldría, sino hasta decir adiós al futbol.

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