Se va el ídolo; inicia la leyenda

Esta noche ante el Independiente de Argentina, una metamorfosis se vivirá en la cancha del Tec. Jesús Arellano ingresará al campo como el más grande ídolo de la afición albiazul, pero saldrá...
 Esta noche ante el Independiente de Argentina, una metamorfosis se vivirá en la cancha del Tec. Jesús Arellano ingresará al campo como el más grande ídolo de la afición albiazul, pero saldrá convertido en una leyenda viviente del futbol regiomontano.  (Foto: Notimex)
Monterrey, Nuevo León, México -
  • Jesús Arellano se despide del futbol con sello de campeón
  • Se vuelve vital en la era dorada del Monterrey, y cumple el sueño de coronarse en el Tec

Esta noche ante el Independiente de Argentina, una metamorfosis se vivirá en la cancha del Tec. Jesús Arellano ingresará al campo como el más grande ídolo de la afición albiazul, pero saldrá convertido en una leyenda viviente del futbol regiomontano.   Después de convertirse en un referente regio, y tras años de añorarlo, Jesús Arellano dará el cerrojazo a 17 años de carrera profesional, pero lo hará saboreando las mieles de la gloria, al conseguir tres títulos de Liga con el Monterrey, siendo un pilar de la historia que hoy se conoce del equipo.   La era dorada de La Pandilla encontró un socio constante en el canterano regio, quien tras un paréntesis de dos años de militar con Chivas volvió para ser el líder albiazul hasta el momento de su adiós.   En su retorno a la institución para el Verano 2000, Arellano fue parte de una generación que sumó estrellas en el escudo, al grado de retirarse dejando a Monterrey en la cima de la Confederación, siendo el campeón de la Liga de Campeones de CONCACAF, y el club mejor mexicano en el ranking de FIFA, según la Federación Internacional de Historia y Estadística.   Pero no sólo eso, sino que logró cumplir el sueño de coronarse jugando una Final de vuelta en la cancha del Estadio Tecnológico, única meta que anhelaba hace unos años en su vida profesional.   Fue en el Clausura 2003, de la mano del argentino Daniel Passarella, y tras conformarse un plantel de mucha calidad con jugadores como Luis Pérez, Guillermo Franco, Walter Erviti, Alex Fernandes, Paulo César Chávez, Pablo Rotchen, Héctor Castro y Ricardo Martínez, entre otros, cuando Rayados conquistó el segundo campeonato de Liga en su historia y el primero en la carrera del ‘Cabrito’.   Como capitán del grupo, Arellano levantó la Copa del título en Morelia tras empatar en el juego de vuelta 0-0 con Monarcas, luego de imponerse 3-1 en la ida en el Tec. La ciudad enloqueció en torno al cuadro rayado, que redondeó un torneo de ensueño eliminando en la Semifinal a Tigres, su acérrimo rival.   El título de ese año marcó la primera gran conquista en la administración de FEMSA, pero el hambre por el éxito se mantuvo intacta, logrando frutos los tiempos siguientes.   Monterrey disputó la final del Apertura 2004 con un futbol que contagiaba al país, aunque fue derrotado en casa por los Pumas, que evitaron que la hazaña albiazul se repitiera al pie del Cerro de la Silla. Esa campaña Chuy sufrió su primera intervención en la rodilla derecha sobre la mitad de la campaña regular, pero regresó un mes después para encabezar los esfuerzos en la Liguilla, que no alcanzaron para otra estrella en el escudo.   El Clausura 2005 volvió a ser de reflectores para los regios y Arellano seguía siendo el referente ofensivo, en el tridente complementado con Alex Fernandes y Guillermo Franco. Pero la secuela de su primera operación cobró factura, y esa campaña Jesús tuvo que ser operado de nuevo, ahora parando por más tiempo. Su reaparición se dio hasta los Cuartos de Final, sólo para ver una eliminación ante el Cruz Azul.   Pero el segundo semestre del 2005 marcó un recargado capitán, que vivió su mejor torneo en lo individual, cosechando seis goles, su mejor cifra, siendo habitualmente pasador. Rayados llegó a la Final ante Toluca, pero la perdió en casa con un global de 6-3, con un polémico arbitraje de Marco Rodríguez, que expulsó a tres jugadores del Monterrey. Como dato anecdótico, esa noche Arellano fue con molestia a recoger el trofeo de Subcampeón, pero lo dejó abandonado debajo del estrado de premiación, en señal de protesta por la actuación del silbante.   Al final de ese torneo se iría de la institución Guillermo Franco, el goleador de Rayados, y más tarde lo haría Alex Fernandes, desarticulando una de las mejores tripletas que ha tenido la institución. Pero Chuy seguiría manteniéndose como el referente no sólo del ataque, sino del plantel albiazul, con un liderazgo que iba más allá de su gafete de capitán.   En el Apertura 2007 llegó a Monterrey el goleador chileno Humberto Suazo, precedido de un gran cartel a nivel internacional, pero su inicio en La Pandilla fue más que inconsistente, con pocos resultados y teniendo problemas con el club. El 24 de octubre de ese año, el “Chupete” se lió a golpes en una práctica con Luis Pérez, para después encararse con Walter Erviti, luego de una mala relación de varias semanas. Parecía el desenlace desafortunado de una apuesta ambiciosa –y costosa- por parte de la institución.   Pero fue entonces que la Directiva pidió que Arellano se volviera el compañero de cuarto de habitación de Suazo en las concentraciones, y que sumara para conciliar e integrar al ariete al plantel. La labor de Arellano cobró efecto, y para el siguiente torneo, “Chupete” empezó a demostrar por qué era considerado uno de los mejores atacantes del continente.   Pasarían varios años con Monterrey merodeando la Liguilla, pero sería hasta el Apertura 2009, ya con Víctor Manuel Vucetich en el timón, cuando una nueva oportunidad de coronarse llegaría para Jesús. La Final ante Cruz Azul fue el detonante de tres años en la cumbre para La Pandilla, situándose de forma inédita en sus rendimientos, y sumando nuevas conquistas.   El 2010 inició para Monterrey con los ecos de su tercera estrella, pero pronto se sumaría un logro más, éste de menor escala, al ganar los albiazules la última edición de torneo Interliga. El éxito de ese certamen llevó a Rayados a la segunda Copa Libertadores de su historia, primera para Arellano en casa.   La inercia regia parecía no frenarse nunca, y en el torneo Bicentenario el equipo de Vucetich se apuntó el mejor rendimiento de su historia, al terminar como líder general con 36 unidades y +15 en su diferencia de goles, con sólo una derrota en el calendario regular. El problema para Monterrey fue que llegando la Liguilla fue eliminado en Cuartos de Final ante Pachuca, mientras que en Libertadores no pasó de la fase de Grupos.   Arellano fue reconocido ese verano con la medalla al mérito cívico por el gobierno de Nuevo León, presea que se otorgó por primera vez a un futbolista en el estado. La idea del retiro brotaba para el ídolo, pero renovó contrato por un año más, con el deseo de intentar una vez más el reto de coronarse ante su afición.   El sueño se le cumpliría en el Apertura 2010 venciendo el Santos, en una Final que colocó a Monterrey con su cuarto título de Liga, para ser momentáneamente el equipo con más galardones en el norte del país. Arellano vio poca participación en la campaña, pero sus compañeros le dieron mérito en la conquista, y fue a recibir el trofeo de campeón junto a los otros dos capitanes, Luis Pérez y José Basanta.   Y aunque fue poco requerido en las alineaciones, en su último torneo activo aún Arellano pudo extender la era dorada de la institución, y fue así como el 27 de abril de este año Monterrey se alzó como monarca de la Liga de campeones de CONCACAF, al imponerse como visitante por 1-0 ante el Real Salt Lake de la MLS. La Pandilla cerró un torneo sin derrota y obtuvo su pase al Mundial de Clubes, donde se codeará con equipos como el Barcelona. Su último técnico, Víctor Manuel Vucetich, comparte el gusto por el acontecimiento.   “Fue un hombre muy importante para nosotros, su labor dentro y fuera de la cancha fue muy trascedente, por su experiencia siempre supo estar con el plantel y supo transmitir todos los conocimientos que él tiene y que supo verter hacia los demás compañeros”, afirma el estratega.   “Siempre fue un gran profesional, trabajó al parejo como cualquier novato y eso es algo muy digno de reconocer con toda su trayectoria”.   Jesús Arellano se va, pero se queda. Una paradoja que pocos pueden presumir.

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