El día que el futbol llegó a Monterrey

Se cumplen 66 años desde que la Primera División llegó a la Sultana del Norte, y un héroe rayado del inicio, Arnulfo Avilán, relata los primeros pasos de la Pandilla en el máximo circuito,...
 Se cumplen 66 años desde que la Primera División llegó a la Sultana del Norte, y un héroe rayado del inicio, Arnulfo Avilán, relata los primeros pasos de la Pandilla en el máximo circuito, incluido su debut ante el San Sebastián de León.  (Foto: Óscar Adrián Velázquez)
Monterrey, Nuevo León -
  • Se cumplen 66 años del primer partido de Rayados
  • Arnulfo Avilán, sobreviviente del encuentro, recuerda los primeros pasos

Era domingo. Monterrey despertaba con su ritmo tradicional. Los comercios en la Calzada Madero empezaban el andar de una clásica mañana de verano. La música de Los Panchos dominaba la escena en la radio. La Segunda Guerra Mundial, recién finalizada, era una plática casi obligada en las charlas de sobremesa.

Todo parecía como un domingo cualquiera en la capital del Nuevo León. Pero en el corazón de la zona industrial de la ciudad, un acontecimiento estaba por cambiar la identidad de los regiomontanos, tal vez para siempre.

A las 12:00 del día de aquel 19 de agosto de 1945, el Parque Cuauhtémoc y Famosa albergaba el desafío deportivo más grande que ha vivido la entidad, y que ponía competencia al gigante de los pasatiempos en ese momento, el beisbol, que era el deporte más arraigado entre los regios.

El recién creado Club de Futbol Monterrey vivía su día de debut, en el primer partido de futbol de Primera División en la historia de suelo neolonés. El cuadro albiazul se enfrentaba al San Sebastián de Guanajuato, la tarde que el máximo circuito alcanzó a la capital industrial de México.

Ese día de hace 66 años rodó el balón por primera vez en la entidad, en un primer episodio que a la postre resultó efímero, pero que dejó la semilla que hoy sigue germinando en millones de personas hasta nuestros días.

Arnulfo Avilán, quizá el único sobreviviente de aquel encuentro, rememoró para Medio Tiempo detalles del primer compromiso de la escuadra rayada, que en ese momento surgía con una diagonal en el pecho, y sin idea de lo que estaba por desatar.

“Fue un juego en el estadio de beisbol, me acuerdo mucho porque para uno es inolvidable”, comenta el ex futbolista de origen tapatío, con una memoria sorprendente para sus 88 años de edad.

“Yo recién había llegado aquí y no había futbol. En la radio no pasaban partidos, puro beisbol, pero a nosotros lo que nos gustaba era el futbol”.

-¿Qué pasó aquel domingo?- “Llegamos al parque de Beisbol, pero no iba nada de gente. Es el cambio que hemos tenido. Cuando jugamos el primer partido, ni campo de futbol había. Jugamos en el parque con todo y la loma del pitcher. No la quitaron. Y había muy poca gente. Yo creo que no llegaba ni a 500”.

-¿Hubo alguna ceremonia por la llegada del futbol?- No, ninguna. Yo me fui en el camión desde mi casa para el Centro. Era el Ruta Hidalgo, y llegando nos dieron una camisa, parecida a ésta (la conmemorativa), pero era de otra tela más gruesa. Nada más nos dieron ésa y a jugar”.

"Llegamos al parque de Beisbol, pero no iba nada de gente. Es el cambio que hemos tenido. Cuando jugamos el primer partido, ni campo de futbol había. Jugamos en el parque con todo y la loma del pitcher"

Con todo, Avilán recuerda que pese a la poca expectativa en el entorno, para los elementos, la hazaña era toda una experiencia.

“Estábamos emocionados, porque todos queríamos el futbol. Nos emocionaba jugar, que hubiera un equipo aquí, y nos emocionaba que íbamos a viajar a varias partes como el equipo de Monterrey”.

Era un equipo profesional en el sentido estricto, pero de ninguna forma apegado al origen de la palabra. Para jugar al futbol, la mayoría de los jugadores tenía que ganarse la vida en otra actividad. Avilán, que era extremo izquierdo, fuera del campo era un obrero más en la metrópoli.

“No se podía vivir con lo que nos daban (de dinero). Yo me dedicaba a arreglar barriles, y me ganaba más en los barriles que en el futbol. Por el equipo nos pagaban 250 pesos al mes. Yo de obrero fabricando barriles me ganaba 20 pesos diarios, para que se dé una idea”.

Pero lo que movía a la camada de compañeros de Arnulfo era un auténtico gusto por el balompié, y el incomparable sabor de ganar un partido.

“Ese juego Monterrey lo ganó, empezamos el torneo ganando. Le metimos 1-0 al San Sebastián, y el gol fue de (José) ‘Che’ Gómez”.

La alegría de aquella aventura pronto cambiaría para la naciente Pandilla. A cuatro fechas de su debut, el equipo vivió la más grande tragedia de su historia, cuando el autobús en que viajaba se incendió en San Juan de los Lagos, Jalisco, previo a un partido contra el Oro. Ahí, el sendero se volvió cuesta arriba y ya no lograría enderezarse.

“Llegamos a San Juan de los Lagos, y tuvimos que cargar gasolina”, recuerda Avilán. “No es como ahora que lo pones con la manguera. Antes había que sacarlo de un tambo, y vaciarlo con jarras de cobre al tanque. Recuerdo que el camión dio vuelta en una callecita, y mientras cargaba gasolina nos bajamos como ocho a estirar las piernas, y ahí cerca estaba un billar y ahí nos metimos a ver. Otros venían dormidos, y se quedaron arriba del camión.

“Todo fue porque uno de los que estaba en el camión prendió un cigarro para fumar. Era Buenabad. Entonces, donde él prendió el cerillo hubo un flamazo, brilló todo bien feo, y comenzó a quemarse todo. Nosotros nos fuimos a ayudar, pero cuando llegamos ya muchos se estaban saliendo por las ventanas quemándose”.

-¿Le tocó ayudar a los heridos?- “Sí, pero era todo muy rápido. El ‘Che’ Gómez fue de los primeros que anduvo ahí, porque él estaba agarrando el embudo. Pero hubo muchos que se quemaron mucho. Los que iban acostados arriba en los belices, todos se quemaron bien feo. Los jugadores salieron prendidos, uno quedó en puros calzoncillos, se le prendió la ropa y las piernas. El ‘Che’ Gómez le quedó la mano quemada. La gente llegó y empujó el camión al arroyo, porque había una pendiente, apenas así lo apagaron”.

"Todo fue porque uno de los que estaba en el camión prendió un cigarro para fumar. Era Buenavad. Entonces, donde él prendió el cerillo hubo un flamazo, brilló todo bien feo, y comenzó a quemarse todo"

Los heridos fueron llevados a un hospital en Guadalajara. El futbol quedó en segundo término para ese plantel del Monterrey.

“Yo iba con Enrique Lizano, pero quedó muy quemado. Cuando en el hospital nos pedía de comer, me pedía uvas, pero se las tenía dar así peladas, porque no podía masticar nada”.

Como parte de la tragedia murieron Enrique Lizano y Leonardo ‘Cuadros Vidal’, quienes marcaron el primer signo de luto en la historia rayada. Entre las bajas, los lesionados y jugadores que abandonaron el plantel, el equipo quedó al borde de abandonar la Liga. Fue entonces que la Federación Mexicana de Futbol pidió al resto de los clubes prestar jugadores a los regios para completar la temporada.

“Llegaron varios, pero ya no fue lo mismo. Era hacer un equipo de la noche a la mañana. Nada más quedamos Tomás Medellín, De la Mora, y todos los demás eran nuevos, y para acoplarse a un equipo necesita tiempo”, añade Avilán.

Herido deportivamente y agonizando en sus finanzas, Monterrey comenzó un calvario en la Liga buscando únicamente cumplir sus compromisos, antes que abandonar, como la lógica indicaba. El premio de ese arrojo fue ligar derrotas casi todas las jornadas, una de ellas la máxima humillación en la historia del futbol mexicano, la cual persiste hasta nuestros días.

“Sí me acuerdo que nos ganó el Veracruz 14-0”, comenta Avilán. “Pero mucha gente no sabe cómo fue ese juego”.

Y es que para el partido disputado en el puerto jarocho, Monterrey sufrió la descompostura de su autobús en la Huasteca potosina (el autobús original se perdió en el incendio), por lo que el grupo hizo un día y medio de camino, y el plantel llegó muy disminuido sobre la hora de juego. Al no calentar, pronto dos jugadores abandonaron el duelo, y la disputa fue nueve contra 11.

“Esa vez Veracruz andaba muy bien, fue el campeón de ese año, pero también nosotros hicimos treinta y tantas horas de camino, desvelados, sin comer, cansados de caminar por refacciones. No, si no éramos tan malos, en serio”.

La sonrisa aparece en Avilán al recordar que la marca histórica del 14-0 todavía pudo ser mayor: “Nos ganaron 14-0, pero fallaron un penal”.

Así fue como Monterrey dejó sus primeras huellas en el máximo circuito, el cual abandonaría meses más tarde, al final de esa temporada. Hoy, a 66 años de esa aventura, el equipo no tiene ninguna proporción en la gente que lo sigue, ni en la estructura detrás de sus esfuerzos. Deportivamente está en la cumbre de su historia, campeón de la Confederación, y próximo a disputar un Mundial de Clubes. Pero Avilán es una auténtica ventana al pasado, justo al momento que comenzó todo como se conoce en la actualidad.

“Yo le diría a la gente que se enteren, que sepan cómo fue”, explica. “Qué bonito que la gente que va ahora al estadio se acordara de lo que hicimos para tener futbol”.

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