Los hermanos Manzo, enemigos en la cancha

La hermandad de Agustín y Armando Manzo no impidió que en la cancha se patearan. En la década de los 80, el clásico joven entre Cruz Azul y América tuvo una de las historias más aguerridas con los...
 La hermandad de Agustín y Armando Manzo no impidió que en la cancha se patearan. En la década de los 80, el clásico joven entre Cruz Azul y América tuvo una de las historias más aguerridas con los Manzo cuya fraternidad jamás provocó consideraciones.
Ciudad de México -
  • Agustín y Armando Manzo vivieron páginas de gloria con Cruz Azul y América

La hermandad de Agustín y Armando Manzo no impidió que en la cancha se patearan. En la década de los 80, el clásico joven entre Cruz Azul y América tuvo una de las historias más aguerridas con los Manzo cuya fraternidad jamás provocó ningún tipo de consideración entre ellos; para ellos el acta de nacimiento que establecía su origen se olvidaba fácil en el rectángulo verde.

“Es que en el juego no se miden los cariños, en el juego se actúa muy responsablemente y desgraciadamente uno se pasa de la raya aunque fuera el hermano”, cuenta Armando.

Durante los nueve torneos que el defensa jugó para las Águilas, más de una vez enfrentó a Agustín a quien nunca le permitió mostrar sus dotes como goleador aun a costa de lesionarlo.

“Había que meterle el pie aunque fuera Agustín Manzo. Tengo fama de rudo pero era más quitador de balones que golpeador. Afortunadamente estaba en mis mejores momentos y pude dar buen espectáculo, pasaba el balón pero no el jugador”, recuerda.

“(Después) Nos íbamos a comer, a comentar el partido, cada quien con su triunfo en dado caso que cualquiera de los dos hubiera ganado, creo que la balanza se inclinaba hacia el América”.

En su etapa con los azulcremas Armando vivió cinco triunfos contra los celestes, uno de ellos una goleada 5-0 en la temporada 1981-82.

“Agustín era muy difícil de marcar, un jugador muy peligroso, siempre nos hizo daño su presencia en el equipo de Cruz Azul”, dice el ex jugador quien fue tricampeón con las Águilas.

En tanto, Agustín, el goleador de La Máquina, recuerda los enfrentamientos que de amigables no tenían nada en aquellas épocas donde el objetivo de las defensas rivales siempre era mermar a los atacantes.

“Eran muy violentos Armando siempre fue igual que (Guillermo) Huerta, eran duros, a veces se pasaban de roscas pues buscaban la ventaja y mermar al contrario, esas eran las reglas del juego anteriormente.

“Armando desgraciadamente tenía esa duda conmigo porque no sabía si pegarme o no, o no sabía si en algún momento agarrarme como hermano, le costaba un poquito marcarme”, comenta.

Y es que el atacante no olvida que se llevó varios “recuerditos” de su consanguíneo.

“En alguna ocasión salgo a anticipar una pelota y al recibirla me mete un taco en la parte de atrás de la pantorrilla y me contractura tuve que salir, no pude caminar, sabía perfectamente que me dolía”.

De los 15 juegos de Liga donde Manzo enfrentó al América de su hermano sólo anotó dos goles en temporada regular en el certamen 1986-87, el último en el que participó su hermano con las Águilas.

Aunque a ambos les hubiera gustado enfrentarse en una Final, la salida de Armando en 1988 lo impidió. En 1988-89, Cruz Azul y América se enfrentaron en una Final (5-4 global a favor del América), Agustín quien fue operado de la rodilla derecha perdió casi toda la temporada y en el juego decisivo que se empató 2-2 sólo jugó los últimos diez minutos.

En aquél partido en el Estadio Azteca ya no estaba su hermano pero aún así se encontró con otro zaguero de cualidades similares.

“A los nueve meses debuté contra Atlante en la Liguilla en Semifinales, ahí fue mi último gol con Cruz Azul, me acuerdo que me dio el pase Patricio Hernández y le metí el gol a (Miguel) Zelada que paraba en aquél momento para el Atlante. Después vino la final (pero) desgraciadamente no me tocó jugarla, me tocaron los últimos 10 minutos y no me alcanzó para meter un gol.

“En esa final entro y con (Guillermo) Huerta caímos al suelo, ahí me dio una patada en la ingle izquierda que me dejó tirado sin poder continuar, de esos diez (minutos) jugué cuatro, los otros seis no pude ni caminar ni jugar”, recuerda el noveno mejor delantero de La Máquina con 53 tantos.

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