México y un exitoso simulacro de Copa América

México dio el primer golpe, el de rotundos efectos psicológicos. No se equivocaron los miles de compatriotas nuestros que poblaron las tribunas, su Selección les entregó veinte minutos mágicos de...
México dio el primer golpe, el de rotundos efectos psicológicos. No se equivocaron los miles de compatriotas nuestros que poblaron las tribunas, su Selección les entregó veinte minutos mágicos de futbol y un triunfo que dejó muy en claro quién es quién en
 México dio el primer golpe, el de rotundos efectos psicológicos. No se equivocaron los miles de compatriotas nuestros que poblaron las tribunas, su Selección les entregó veinte minutos mágicos de futbol y un triunfo que dejó muy en claro quién es quién en

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio McAfee, Oakland. Miércoles 28 de Abril de 2007

  • Duelo de volteretas

México dio el primer golpe, el de rotundos efectos psicológicos. No se equivocaron los miles de compatriotas nuestros que poblaron las tribunas, su Selección les entregó veinte minutos mágicos de futbol y un triunfo que dejó muy en claro quién es quién en el panorama continental.

Hoy, Ecuador terminó de comprender que el duelo entre ambos programado para la Primera Fase de la Copa América tiene como favorito al equipo mexicano, ese que invade Estados Unidos como si estuviera en terreno propio.

Se trató de un auténtico simulacro de Copa América. Comenzando por la presencia del homenajeado Ramón Ramírez, quien de inmediato nos hizo viajar a a aquella Semifinal de 1993 en la que echamos a los ecuatorianos; y continuando con la aportación de experiencia de hombres como Jared Borgetti y el indomable Francisco Palencia.

La fiesta tricolor comenzó sin que hubieran llegado todos los invitados. Muchos de los presentes apenas se acomodaban en sus butacas cuando el "Gatillero" Palencia –lobo de mil batallas- recibió de espaldas la de gajos, se dio la vuelta y disparó cruzado para poner el uno a cero en los cartones. Un minuto, un gol… excelente fórmula para afrontar el partido con tranquilidad. Y Palencia tan campante, como si tuviera veinte años y la edad no le pasara factura.

Pero en los juegos amistosos no siempre beneficia empezar ganando desde el primer minuto. México empezó a relajarse, cedió la iniciativa y permitió que los ecuatorianos se envalentonaran. La pelota pasaba de unas piernas a otras sin que el comando tricolor tuviera presencia ofensiva. Uno a cero de vestidor que afectó parcialmente a la oncena que ganaba.

La fuerza de los sudamericanos empezaba a entregar buenas cuentas. Carlos Tenorio merodeaba el área de Guillermo Ochoa con olfato cazador pero con la esterilidad del más impotente de los hombres.

Llegó una y otra vez, lo mismo a través de remates de cabeza que viajaban a centímetros de la puerta mexicana que por medio de disparos desviados o congelados por Guillermo Ochoa.

Dicen que tanto va el cántaro al agua hasta que se rompe, y así fue… Faltando un minuto para el entretiempo, con Hugo frotándose las manos para proporcionarles a los suyos un jalón de orejas por la pasividad y un aplauso por el gol tempranero, Tenorio decidió que era suficiente, o anotaba o mejor se retiraba del rectángulo verde. Hizo lo primero: capitalizó correctamente un pase demoledor de Edisón Méndez y cruzó la de gajos ante el cancerbero azteca. La mano de Ochoa rozó el esférico. La redonda hizo caso omiso al rasguño y fue a guardarse justo al ángulo inferior izquierdo del arco. Uno a uno que no daba para más en el primer tiempo.

Todos a los vestidores mientras México brindaba uno de los peores primeros tiempos en la era de Hugo Sánchez.

Quince minutos después, el terreno de batalla empezó a poblarse. Ya no se veían más las figuras de un escondido Fernando Arce, el incansable guerrero Palencia ni la estoica imagen de Borgetti acechando cada pelota área. A cambio, Hugo hacía entrar en acción al triunvirato chiva: Bravo, Medina y "Bofo" Bautista. La Santísima Trinidad rojiblanca prometía emociones al por mayor.

Las atrevidas modificaciones tardaron en rendir utilidades. Ecuador siguió en lo suyo, obstinado en demostrar que puede ser mejor que cualquiera de la CONCACAF. Minuto cincuenta y seis… Baile tribal en el área. Entre jaloneos y gritos, Giovanni Espinoza aprovecha un rebote y empuja la de gajos ante un Ochoa rendido y tirado en el suelo. Dos a uno que alebresta la melena del actual técnico mexicano.

La posibilidad de sucumbir sacude el orgullo de los nuestros. Guardado se pone a jugar, a romper cinturas. Bautista está indeciso entre dar una de sus genialidades o quedarse como zombie deambulando sobre la cancha. A los sesenta y cuatro el Oakland azteca estalla de júbilo. El empate se acaba de producir; sin embargo, el Asistente saca del error al silbante y toda la ilusión se esfuma en cuanto se deja escuchar la ocarina. Seguimos perdiendo.

Fue ahí cuando el trío de matadores jaliscienses apretó el acelerador. Entre la velocidad de Medina, el ostentoso futbol de Bautista y la contundencia de Omar, la defensa del rival se vio en serios apuros hasta que terminó cayendo producto de uno que de plano quiso sacarse la espina de sus desatenciones en sector bajo: Rafael Márquez, quien con toda la elegancia que se le conoce ejecutó un tiro libre, aprovechó el salto en la barrera y guardó la pelota justo en el ángulo inferior izquierdo. El empate está en los bolsillos.

Y los del Rebaño se roban la noche. Bautista –el indisciplinado, el genio de las canchas- recibe por el costado derecho del  área ecuatoriana, forcejea, se da la vuelta y manda centro caliente a donde se encuentra Bravo. Omar empuja la de gajos y pone las cosas en claro: Ecuador no puede ni debe ganarle a México.

Ya con el tres a dos, los de Luis Fernando Suárez se descompusieron. México mandó en ritmo y posesión de la pelota y acabó tejiendo la más bella de las acciones. Toques incontables de un lado para otro. De primera intención, de lujo, con talento individual. El verde cobra fuerza, el esférico viaja con efectividad y estética hasta que Bravo y Bautista ponen el cuatro a dos que marcó el golpe psicológico que atemorizara a los ecuatorianos durante meses, y es que en ellos ya está el miedo de perder en la Copa América.

[mt][foto: D.Leah/MEXSPORT]

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