En CU, todo se escucha mejor en el silencio

Lo dijo alguna vez el "10" argentino, Diego Armando Maradona, tras diputar un encuentro con Nápoles ante Real Madrid en 1987: Jugar sin público es jugar adentro de un cementerio.
 Lo dijo alguna vez el "10" argentino, Diego Armando Maradona, tras diputar un encuentro con Nápoles ante Real Madrid en 1987: Jugar sin público es jugar adentro de un cementerio.  (Foto: Osvaldo Aguilar, Notimex)
Estadio Olímpico de CU -
  • Un raro espectáculo, jugar futbol sin público

Lo dijo alguna vez el "10" argentino, Diego Armando Maradona, tras diputar un encuentro con Nápoles ante Real Madrid en 1987: Jugar sin público es jugar adentro de un cementerio.

Y en Ciudad Universitaria el silencio en las gradas del Palomar y el Pebetero, este domingo durante el encuentro entre Pumas y Chivas, fue sepulcral debido a la medida sanitaria, dolorosa pero necesaria, de jugar a puerta cerrada para evitar la propagación de la influenza.

A pesar de estar sin público, el equipo universitario llevó a cabo los protocolos habituales, como emitir por el sonido local el rugido del puma o incluso cantar el himno deportivo de la UNAM antes del inicio del partido.

Los únicos privilegiados de poder presenciar este encuentro esperado, entre felinos y Chivas, fueron los representantes de los medios de comunicación y parte de las Directivas de ambos equipos, que por momentos aplaudieron las jugadas y gritaron los goles.

Sin embargo, el aficionado que cada quince días se da cita en Ciudad Universitaria se extrañó, así como los Goyas y los demás cánticos de apoyo hacia los locales, pero también las porras hacia el equipo más popular de México que seguramente habrían entonado los seguidores rojiblancos.

Durante el encuentro, se pudieron escuchar con claridad los gritos entre los jugadores, por ejemplo, los del veterano Sergio Bernal, quien suele ser reservado ante los micrófonos, este día en el campo pudo apreciarse su don de liderazgo, su capitanía en los felinos, poniendo orden con gritos desde la portería.

Más de una vez regañó a su zaga, pero también a Leandro o a Palencia, también les pidió en varias ocasiones que fueran al frente o que estuvieran alerta para no perder balones en zonas comprometidas.

El Pebetero y el Palomar, tribunas que cuando hay un partido lucen siempre pobladas y ruidosas, este día estuvieron en silencio, inamovibles, aunque el eco del espíritu universitario siempre estuvo en el ambiente.

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