Rayos murió a manos de su hermano

No hubo panorama más desolador para los necaxistas que el Estadio Azteca, su ex casa, donde vivieron sus mayores momentos de esplenador, de gloria, donde ganaron las batallas decisivas en los años...
 No hubo panorama más desolador para los necaxistas que el Estadio Azteca, su ex casa, donde vivieron sus mayores momentos de esplenador, de gloria, donde ganaron las batallas decisivas en los años 90, donde alguna vez fueron campeones.  (Foto: Osvaldo Aguilar, Notimex)
Estadio Azteca -
  • Necaxa es una institución histórica en la Ciudad de México

No hubo panorama más desolador para los necaxistas que el Estadio Azteca, su ex casa, donde vivieron sus mayores momentos de esplenador, de gloria, donde ganaron las batallas decisivas en los años 90, donde alguna vez fueron campeones. No hubo panorama más desolador para los necaxistas que ver un al Coloso de Santa Úrsula a menos de la mitad de su capacidad, debido a las medidas sanitarias contra la influenza, así como tampoco hubo noche más negra que ésta para los rojiblancos que fueron sepultados por su propio hermano y por la incapacidad de sus Directivos y jugadores a lo largo de seis torneos. Necaxa no es una franquicia más, aunque la historia reciente se empeñe en decir lo contrario, los Rayos, antes los electricistas, el equipo de los 11 hermanos, son una institución histórica en la Ciudad de México, uno de los equipos más viejos en el balompié nacional, que al lado del Atlante escenificaron el primer Clásico Capitalino. De poco sirvió el apoyo incondicional de los seguidores, ya que su equipo no pudo hacer mucho en la cancha, donde los fantasmas de la habilidad de Aguinaga, de los letales remates de Peláez, del fuerte carácter de García Aspe, aún se pasean como en aquellas tardes de gloria. La entrega de la afición necaxista fue ejemplar, pocos pero estoicos, pocos pero hasta la muerte, pocos pero con lágrimas en los ojos, de ver a su equipo sepultado, de tener ahora que ir a ver a su equipo a la Primera "A" y aunque se empeñaron en cantar toda la noche "Rayos no se va, Rayos no se va", el destino los contradijo, y murieron a manos de su hermano por la mínima diferencia.

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