Seguridad que asusta en el Benito Juárez

El Estadio Benito Juárez estuvo sitiado por los militares y policías estatales que se presentaron para salvaguardar la seguridad de los asistentes. Con largas metralletas y pistola en manos...
El Estadio Benito Juárez estuvo sitiado por los militares y policías estatales que se presentaron para salvaguardar la seguridad de los asistentes. Con largas metralletas y pistola en manos vigilaron que los asistentes hicieran su arribo en calma.
 El Estadio Benito Juárez estuvo sitiado por los militares y policías estatales que se presentaron para salvaguardar la seguridad de los asistentes. Con largas metralletas y pistola en manos vigilaron que los asistentes hicieran su arribo en calma.
Estadio Olímpico Benito Juárez -
  • Militares rodean la zona del estadio para verificar la seguridad

El Estadio Benito Juárez estuvo sitiado por los militares y policías estatales que se presentaron para salvaguardar la seguridad de los asistentes. Con largas metralletas y pistola en manos vigilaron que los asistentes hicieran su arribo en calma, sin pasarse de más en el ánimo o mostrar conductas sospechosas. En las entradas hombres y mujeres eran revisados estrictamente para verificar que no portaran armas u objetos que pudieran ser riesgosos para el resto de la afición. Además con espejos y aparatos que detectan bombas se hizo una revisión previa al inmueble. Las escoltas de militares en su mayoría sólo observaban que la situación fuera controlada, pero si había que interceder estaban listos para hacerlo. Policía montada también realizó rondines a las afueras del inmueble para garantizar un acceso seguro al estadio. La seguridad en los estadios siempre está a cargo de la policía estatal y privada; pero debido a que la situación en la frontera es complicada, los militares ya son parte del dispositivo que vigila en los partidos de la Tribu. Aunque sólo permanecen a las afueras del inmueble, pues dentro del estadio los granaderos y seguridad privada son los encargados de mantener el orden. Dentro del estadio la fiesta es en grande, la afición apoya como nunca a su equipo, pocos son los hombres que portan la playera del Pachuca. El tambor no deja de sonar como signo de que están listos para la guerra; las cervezas son difíciles de conseguir, la demanda es constante, los tacos ni se diga.

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