Salió Arellano con el 28, entró con el 28 Arellano hijo

Era el minuto 44 del partido ante Independiente, cuando desde la banda el asistente marcó el cambio que todo mundo esperaba en el Estadio Tecnológico.
Era el minuto 44 del partido ante Independiente, cuando desde la banda el asistente marcó el cambio que todo mundo esperaba en el Estadio Tecnológico.
 Era el minuto 44 del partido ante Independiente, cuando desde la banda el asistente marcó el cambio que todo mundo esperaba en el Estadio Tecnológico.
Estadio Tecnológico, Monterrey, Nuevo León,... -
  • Se va Cabrito de las canchas heredando playera a su hijo
  • Da la última vuelta olímpica ante un Tec entregado

El destino dictó la ruta, y Jesús Arellano pasó por ella cosechando los frutos de 17 años de carrera.

Era el minuto 44 del partido ante Independiente, cuando desde la banda el asistente marcó el cambio que todo mundo esperaba en el Estadio Tecnológico.

Arellano dejó el campo de juego para cerrar su último capítulo como futbolista, ante un marco lleno de nostalgia y alegría.

La tarea estaba hecha. Desde 1994 se había ganado a la hinchada albiazul, para catapultarse como el más grande ídolo que haya vestido la playera del Monterrey, y el mejor futbolista regiomontano de todos los tiempos.

Ante el público de sus amores, el tres veces mundialista jugó su último partido como profesional, con un puesto titular que hace tiempo había dejado de pertenecerle.

Su partido no fue el ideal. A dos meses de retirarse del plantel, el jugador derrochó entrega, pero sin la velocidad ni precisión que lo encumbró torneos atrás. Lo más cerca que estuvo de anotar  fue al minuto 20 cuando Carreño desbordó por la izquierda y lo buscó en el área, el portero Fabián Assman le quitó el gol.

Aunque la gente todo le festejaba. Al 32 cobró un tiro de esquina y tuvo que saludar al lado de Preferente ante la insistencia del público. Su clásico regate se vio al 44 cuando tomó el esférico por la derecha, y tras recortar rivales mandó un centro para Sergio Santana, que estuvo cerca de anotar. Fue su última gambeta.

El movimiento de cambio se anunció, y el estadio se puso de pie para la despedida de su ídolo. Arellano saludó al árbitro Mauricio Morales para luego llevarse la felicitación de sus compañeros, que lo arroparon cerca del círculo central.

Nadie podría relevarlo, al menos nadie que no fuera su propia sangre. La incógnita de qué pasará con su camiseta quedó despejada cuando en el banderín central apareció su hijo adolescente, Jesús Arellano Lira, quien heredó la playera número 28, que ya es legendaria en el equipo.

Como protocolo el partido continuó sólo unos segundos, pero al final del primer tiempo las luces del estadio se desvanecieron, y "Chuy" se fue al círculo central junto a su hijo, para ver un video conmemorativo que se proyectó en una pantalla gigante instalada para la ocasión.

“Oe, oe, oe, Jesús, Jesús”, fue el coro de La Adicción, que ondeó banderas con el número 28, y que preparó una manta que abarcó a lo largo toda la zona de La Herradura, con la leyenda “El amor por la camiseta no se termina, tú juegas con nosotros para toda la vida”.

La pirotecnia, música y luces robóticas fueron el instante para el adiós, que el ídolo se llevó dando la vuelta olímpica ante un estadio entregado.

“Poró poró, para Arellano, de corazón”, se entonó cuando pasó frente a La Barra. Tras el recorrido, enmarcado en el tema “Live is Life” que se hizo popular en el título de 1986, Chuy caminó a un estrado, donde fue reconocido por la directiva.

No hubo palabras, pero no se necesitaban. Arellano alzó los brazos al cielo, y después se encaminó a la salida, para desaparecer de la mirada de los presentes. En el aire el partido cambió de sentido. Chuy se encaminó a la salida y se encontró con su familia, con la que se fundió en un abrazo. Simbólicamente le entregó los zapatos a su papá, quien fue su primer entrenador en el equipo Leones Negros de la Colonia Indeco Naranjo.

Se fue el emblema, que quizá no logró emocionar a una masa fuera de la Sultana del Norte. Pero en su tierra, donde generó una historia extraordinaria, ha dejado un hueco importante, que por sus logros y su futbol, será difícil de llenar.

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