La historia del 'Súper Camote'

Todo empezó con una máscara de El Santo. Sin revelar su nombre 'Súper Camote' cuenta que un día alguien le obsequió una máscara del Enmascarado y la llevó al Estadio Cuauhtémoc para ver a su...
Súper Camote, siempre presente.
 Súper Camote, siempre presente.  (Foto: Edgar Malagón)
Estadio Cuauhtémoc, Puebla, México -
  • 'Súper Camote' contó cómo se volvió el seguidor más reconocido del equipo

Todo empezó con una máscara de El Santo. Sin revelar su nombre Súper Camote cuenta que un día alguien le obsequió una máscara del Enmascarado y la llevó al Estadio Cuauhtémoc para ver a su querido Puebla.

Con el tiempo le empezó agregar elementos como la franja azul, las botas y ahora hasta una motocicleta decorada con motivos de la Franja usa para darle más realce a su personaje.

“Comenzó con una máscara que un día me regalaron, un día se me ocurrió traerla y después ha ido evolucionando el traje. La última mejora son la capa y la moto”, narró en entrevista.

El personaje, quien ya lleva cerca de 25 años viniendo al inmueble poblano, cuenta que ha gastado cerca de 27 mil pesos en adquirir todos los elementos que lo distinguen.

“Si te contará… todo mi traje es parte de lo que adoro al Puebla, difícilmente alguien se gasta su dinero en un equipo y yo lo he hecho, entre la moto, las botas, las cosas y todo son como 27 (mil).

“Pero vale la pena, me encanta venir, me encantan los niños, es poca madre”, afirmó.

No es luchador profesional, podría hacerlo porque entrena para ello, pero tendría que renunciar a portar su adorada máscara. “Porque no podría usar esta máscara porque es la de El Santo, como él tiene los derechos me puede demandar”.

Súper Camote todavía tiene presente cuando se cayó desde las rejas, que antes dividían el campo de la tribuna, y todo por estar apoyando a los de La Franja. En aquella ocasión quedó lastimado no paró de alentar a su equipo.

“Me caí en un partido contra los Lobos de la BUAP, le ganamos a nuestro coco. Me subí a la malla, me agarré del alambrado y se reventó y de ahí para abajo agarrado el alambre de púas. Me corté estos tres dedos (señala su mano izquierda desde el índice) y ahí me quedé en el partido hasta que terminara y ya me vio el doctor (Gerardo) Toledo.

“Cuando me vieron cubierto de sangre me preguntaban ¿qué te pasó?, un chorro de sangre pero yo seguía apoyando y así hasta que terminó el partido”, finalizó.

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