El TSM pasó de la alegría al llanto

La afición de Santos despertó en la Final de ida de la Concachampions con el grito de "sí se puede, sí se puede", para alentar a su equipo en contra de los Rayados, pero al final quedó...
 Pese a la derrota en el marcador global, la afición lagunera continuó apoyando.  (Foto: Notimex)
Estadio Corona -
  • La hinchada santista no paró de apoyar los 90 minutos
  • Se mostraron como verdaderos Guerreros en la tribuna

La afición de Santos despertó en la Final de ida de la Concachampions con el grito de "sí se puede, sí se puede", para alentar a su equipo en contra de los Rayados, pero al final quedó desilusionada con rostros de tristeza por un nuevo tropiezo ante el Monterrey.

El TSM lució pletórico y a su máxima capacidad, con una hinchada que se fue metiendo al partido conforme fueron avanzando los minutos en el encuentro, contagiados principalmente por el accionar de los laguneros en el terreno de juego, quienes se volcaron con todo al frente de la puerta defendida por Jonathan Orozco.

"Santos, Santos", comenzó a retumbar el Nuevo Estadio Corona, que aplaudía cada acción de su equipo y abucheaba cuando el Monterrey trataba de hilvanar alguna jugada, además de que en el ambiente se respiraba un deseo de revencha ya que los Guerreros han caído recientemente en dos finales de Liga ante los conjuntos de La Sultana del Norte, pero es específicamente en contra de los albiazules, contra quienes se ha creado una rivalidad más encarnizada.

También el grito de "put...", se escuchaban con fuerza en cada ocasión que Orozco realizaba un despeje desde su portería.

El levantón anímico llegó para la afición santista en el cierre de la primera mitad, con la anotación de Daniel Ludueña, que puso de pie a los 30 mil presentes, quienes comenzaron a entonar "vamos Guerreros, te quiero ver campeón".

Arrancando el complemento vino el segundo tanto de Oribe Peralta, que puso a la totalidad del TSM a entonar el cántico de los Guerreros, mientras simulaban tener un hacha en su mano y la movían al compás de los tambores que incitaban a su club a mantenerse en pie de guerra, para conseguir el título internacional.

Sin embargo las voces de aliento y esperanza se fueron apagando al momento de caer el gol de Neri Cardozo, que hacía la losa muy pesada para los de casa, quienes al final no pudieron ocultar los rostros de tristeza e incluso algunas lágrimas, al ver una nueva final perdida para su equipo.

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