Tienen miedo, los Tigres tienen miedo: Afición Rayada

Los cantos a media voz, las manos sobre los rostros, gritos que sólo subían en una jugada apretada, tensión festiva combinada con agonía.
 Pero la afición Rayada no dejó de alentar.  (Foto: Notimex)
Estadio Tecnológico, Monterrey, Nuevo León,... -
  • Goza el Tec con el triunfo, aunque con nerviosismo por la ligera ventaja
  • Hacen mella los albiazules en el dolor del rival, que recibirá el duelo el sábado en el Volcán

Los cantos a media voz, las manos sobre los rostros, gritos que sólo subían en una jugada apretada, tensión festiva combinada con agonía.

Ése fue el clima del Clásico Regio 98, donde Rayados se impuso y dio alegría a su afición, aunque con margen escaso el marcador, para un festejo discreto de los triunfadores, y apenas sobre el cierre del encuentro.

El inmueble albiazul, vestido en su mayoría con los de casa, silenció a una escasa representación de porristas felinos, que se desgarraron en apoyo a sus colores, pero fueron rebasados en decibles por la multitud.

El riesgo de caer de nuevo ante Rayados en una Liguilla fue el perfecto pretexto para que la afición local hiciera mella en los pocos visitantes.

“Tienen miedo, los Tigres tienen miedo”, atronó el Tec cuando el marcador se consumaba.

Era una tarde laboral en La Sultana del Norte. La prisa y el calor acompañaban el paso veloz de los aficionados, que no bien llegaron al inmueble y presenciaron la continuación del dominio de La Pandilla, recién ganador del Clásico en temporada regular.

El 1-0 de Suazo fue el perfecto pretexto para dar alegría a la masa, explotando de euforia por ser un gol de Liguilla y ante el acérrimo rival.

“Oé, oé, oé, oé, Suazo, Suazo”, entonó el inmueble rayado, mientras Tigres pasaba saliva en sus momentos más difíciles del encuentro.

La barra albiazul marcó las notas de la tarde, igual que pasaba en el campo, con unos Rayados dominantes que parecían cerca del segundo.

Pero el cambio de papeles en el complemento hizo que ambas porras dieran paso a la expectativa, siempre en apoyo a sus escudos, pero al tiempo de ser expectantes por todo lo que está en juego.

El alarido mayor se escuchó al 72’, cuando Salcido peinó una pelota y se cantaba el 1-1, pero Orozco salió de la nada, volando para mantener la costumbre de salvar a su escuadra.

Tigres era amo y señor de la pelota, y Rayados dosificaba sus energías en busca de un contragolpe que matara, y con el paso de los minutos el nerviosismo creció hasta el éxtasis ser casi consumido por el silencio. Pero viendo los minutos finales, la tarea y el inminente triunfo cargaron el pecho de los albiazules.

“Tienen miedo, los Tigres tienen miedo”, fue el coro nacido de La Adicción, que hermanó al resto de las tribunas. Los auriazules se comían sus emociones, respondiendo con cantos inaudibles, superados por la mayoría.

El silbatazo de Alfredo Peñaloza decretó el cierre del cotejo, y el público rayado ahora sí dio rienda suelta al festejo, ensalzando con el clásico canto de La Pandilla cuando le hace la maniobra al archirrival.

“Palo, palo, palo, palo bonito palo ehh, ehh eh, eh nos los volvimos a cog…”.

Un conato de bronca con la policía remató la mala noche de los felinos, que se fueron derrotados, burlados, y escoltados, aunque con la esperanza de reír al último el próximo sábado en el cierre de la eliminatoria, cuando las condiciones estarán a la inversa, al menos en apoyo.

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