Celebra el Azul boleto anticipado

De ¡olés! por el baile al rival, de "La Ola" como enésima variante de un mismo festejo, de torsos desnudos en La Sangre Azul a pesar de la lluvia, pero sobre todo, de fervor desmedido.
 Superman también estará en el recinto capitalino.
Estadio Azul, Ciudad de México -
  • La afición Cementera nunca sufrió en esta Semifinal de Vuelta

De ¡olés! por el baile al rival, de “La Ola” como enésima variante de un mismo festejo, de torsos desnudos en La Sangre Azul a pesar de la lluvia, pero sobre todo, de fervor desmedido. De todo ello se compuso la noche en que Cruz Azul nuevamente clasificó a una Final. Un repleto Estadio Azul, con casi 32 mil espectadores a pesar del por momentos fuerte aguacero fue el escenario donde la afición celeste debió encontrar nuevas fuentes de celebración. El pase a la Final ya no era sorpresa. Desde la goleada el jueves en Torreón pareció sellado. Por ello, la fiesta celeste no tuvo un momento climático sino un cúmulo de situaciones que alimentaron más la ilusión por el título de Liga, quince años después del más reciente. Un mosaico antes del inicio del partido en la cabecera donde se ubica la barra local, con el escudo cruzazulino envuelto en un corazón, adornó la salida de los dos equipos, mientras Jesús Corona, Gerardo Torrado y Christian Giménez eran ovacionados con especial clamor. Virtual finalista desde antes de que iniciara esta Semifinal de Vuelta, La Máquina le adelantó a su gente el boleto. El 2-0 al minuto 25 por el doblete del “Chuletita” eliminaba cualquier atisbo de tensión. El rival seguía siendo Santos pero Cruz Azul ya podía ir imaginando camisetas amarillas enfrente. El reloj corrió lento a pesar del descuento lagunero, para el 2-1 final, sobre todo porque los celestes esta vez no sólo fundamentaron el triunfo en un mayor número de goles sino en su enorme ventaja de gente en la cancha. Las expulsiones de Darwin Quintero y Felipe Baloy, que dejaron a Santos con 9 hombres, además de una desventaja abismal en el global, provocaron que la afición disminuyera los decibeles en el aliento. Nunca tan dueño de la situación, ni tan avasallador y por lo mismo incuestionable, Cruz Azul se enfrentó a la novedad de tener futbol, goles y gente de sobra, sin prisas ni relojes en contra. Quizás por ello la prudencia entre los jugadores tras el último silbatazo del encuentro, cuando el mensaje pudo ser: esta vez no estamos para subcampeonatos. Ello aun cuando en las gradas fue unánime y de sobra caluroso el coro que culminaba con la estrofa: "Soy celeste, es un sentimiento que no puedo parar..."

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