La lluvia 'aguó' la fiesta en el Estadio Azteca

Pintaba para ser partido de Liguilla adelantada pero en las gradas del Estadio Azteca la entrada más bien fue digna de una tarde de aguacero interminable.
Pintaba para ser partido de Liguilla adelantada pero en las gradas del Estadio Azteca la entrada más bien fue digna de una tarde de aguacero interminable.
 Pintaba para ser partido de Liguilla adelantada pero en las gradas del Estadio Azteca la entrada más bien fue digna de una tarde de aguacero interminable.  (Foto: Notimex, )
Estadio Azteca, Ciudad de México -
  • Alrededor de 35 mil espectadores se dieron cita en el Azteca
  • Oribe Peralta desató emociones guardadas en su festejo

Pintaba para ser partido de Liguilla adelantada pero en las gradas del Estadio Azteca la entrada más bien fue digna de una tarde de aguacero interminable. La lluvia, que se presentó en el sur de la ciudad desde un par de horas antes del juego y que volvió a Santa Úrsula con el silbatazo inicial y se mantuvo hasta el final, "aguó" la fiesta. La Directiva le había apostado al “entradón” y por eso los boletos costaron 100 pesos sin importar la zona. Sin embargo, apenas hubo alrededor de 35 mil espectadores.   Entre ellos, desde antes del inicio destacó la intensidad del público regiomontano, a quienes sólo opacaban a fuerza de canciones en el sonido local, dado que la barra azulcrema no era tan numerosa ni tan sonora. En la cancha, las pretensiones de ambos cuadros se reflejaban en la intensidad y la rispidez, que en un par de momentos estuvo a punto de derivar en bronca. Todo inició cuando a la media hora de juego Severo Meza taponeó a Paul Aguilar, quien se negó a darle la mano al lateral de Rayados para luego "calentarse" con Neri Cardozo. El americanista fue amonestado pero luego descontó de un cabezazo a Víctor Ramos. La cadena de incidentes siguió porque cuando el defensa rayado todavía era atendido, Lucas Silva cabeceó en el rostro de Jesús Molina como para responder el golpe anterior a su compañero. Finalmente, Humberto Suazo, quien también había participado en los mencionados jaloneos, le puso un estate quieto a Aguilar con un manotazo que derivó en amarilla para el chileno. Así fueron los momentos de mayor calentura en el terreno de juego, donde por fortuna volvió el futbol para el segundo tiempo, cuando la afición azulcrema cantó la victoria con particular dedicatoria a Oribe Peralta, el delantero que regresó al gol después de siete juegos de sequía y en cuyo festejo evidenció las emociones guardadas. Tras definir hasta la redes, caminó un par de pases. Su ausencia de éxtasis por un momento hizo pensar que el asistente había levantado la bandera, hasta que con furia levantó los brazos y brincó para confirmarle a su público que la empapada había valido la pena.

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