Ambas aficiones fueron 'Monumentales' en el Azteca

Si el partido no quedó a deber en emociones, el público mucho menos, porque con la afición auriazul como acicate, el del local reaccionó tarde pero con la misma intensidad en los cánticos finales.
Estadio Azteca, Ciudad de México -
  • El inmueble infringió el Reglamento para intentar acallar los 'Goyas'

Monumentales esta vez fueron ambas porras.

Si el partido no quedó a deber en emociones, el público mucho menos, porque con la afición auriazul como acicate, el del local reaccionó tarde pero con la misma intensidad en los cánticos finales.

El Estadio Azteca no se llenó de goles pero sí de altísimos decibeles en los 90 minutos, durante la mayor parte de los cuales la afición visitante cantaba con motivos de sobra: "Y ya lo ves, y ya lo ves... Somos locales otra vez".A pesar de apoyar en casa ajena, el imponente público felino hacía sentir el Estadio Azteca como si fuera parte de Ciudad Universitaria.

Ubicada en todo lo alto de la Cabecera Sur, de esquina a esquina y un poco más, los auriazules conformaron una masa uniforme, suficiente para opacar a la barra azulcrema y evidenciar el "ardor" del sonido local.

Este último infringió el Reglamento en varias ocasiones, al prender la clásica canción del América con balón en movimiento, lo que no está permitido, la mayoría de las veces para intentar acallar un imponente "Goya" que retumbaba en todo el inmueble.

Como si también estuviera dirigida por el impávido Antonio Mohamed, La Monumental, barra local, apenas intentaba responder con cánticos que no alcanzaban los mismos decibeles, sobre todo porque los fanáticos del América restan fuerzas al estar divididos en dos grupos muchas veces antagónicos, en primero y segundo piso.

Cuando los de las Águilas querían sentirse en casa, la respuesta era inmediata: todo el fondo auriazul comenzaba a cantar y brincar como si los aproximadamente 15 mil fanáticos apretujados lo hubieran ensayado.

Siempre custodiados por una línea impenetrable de granaderos en la primera fila de esta zona, los aficionados de Pumas se regodearon en cánticos al ver que el marcador les era favorable.

Del "Las gallinas son así, serán amargas toda la vida. Cuando no salen campeón esa tribuna está vacía...", cambiaban a: "El Puma no tiene mujer, el Puma no tiene marido, pero tiene un hijo puto que se viste de amarillo..."

Sin embargo, justo en la recta final, esos de amarillo dieron el grito de batalla y el gol de la clasificación a Semifinales llegaba cuando mas fuerte se escuchaba el "Vamos, vamos América", tan tardío como imponente.

Tan útil para que varios aficionados felices aprovecharan el momento para dirigirse con sorna hacia el público local, con la mano en el oído diciendo un injusto "no los oigo".

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