Frustraron 'noche mágica' con boletos falsos

Sin haber imaginado que sus boletos eran falsos, Antonio Rueda regresó a Cuernavaca tan pronto como llegó al Estadio Azteca.
Estadio Azteca, Ciudad de México -
  • La reventa se convirtió casi en el único camino para el público
  • A pesar de ello no faltó quien incluso llegó al Azteca con mariachi

Sin haber imaginado que sus boletos eran falsos, Antonio Rueda regresó a Cuernavaca tan pronto como llegó al Estadio Azteca.

Como él, fueron decenas los aficionados a quienes les negaron el acceso al partido por el título del Apertura 2014 entre América y Tigres, sin importar que llegaran de Morelos, Michoacán o el mismo DF en grupo con amigos, que en un segundo pasaban del ánimo festivo y la expectativa de título a la rabia y la frustración.

"Ticketmaster no vende boletos, en taquillas no hay boletos, entonces ¿a dónde se van los boletos?", cuestionó Rueda.

Controlando el enojo, sugirió que se investigue la probable relación entre la empresa de venta oficial de boletos con el mercado negro.

"Que nuestros diputados federales y nuestros senadores hagan algo para remediar esta situación que se vive siempre en estos espectáculos", exigió.

La explicación en la entrada fue simple y contundente: el código de barras no era real, el logotipo de Ticketmaster era liso y no rasposo.

En tres de ellos, este aficionado gastó mil 500 pesos en total, los cuales compró a un colega de oficina. Por el precio accesible, consideró que no podrían llegarle desde la reventa.

"Tengo que checar con él cómo los adquirió, donde los adquirió pero ya después de que yo, con la confianza, con gastos, me vuelvo a casa con la frustración, con el coraje", lamentó.

Sin embargo, precisamente el precio de las entradas en las inmediaciones del Azteca era un indicativo de su origen: los originales eran ofrecidos aproximadamente en mil 500 pesos. Los falsos en alrededor de 800. Ambos de la zona General.

Varios aficionados más ofrecieron sus testimonios: algunos recibieron el boleto como obsequio por el pago de una apuesta, otros ni siquiera relataron su historia por el coraje, mientras intentaban contactar telefónicamente a quien les distribuyó las entradas.

Esas escenas se mezclaban con las de algarabía en el acceso Oriente del inmueble, donde a manera de contraste un americanista vivía el previo como pocos: cerveza en mano, procedente de California donde tiene una taquería y escoltado por un mariachi de Garibaldi a cuyos integrantes él dotó de camisetas azulcrema, para que así tocaran de 1 a 6 de la tarde.

Sin embargo, tal como sucede en la cancha donde en estos encuentros siempre hay vencedor y vencido, entre el público no todos tendrían la noche idealizada."Veníamos con esa situación de acudir aquí como americanistas a vivir otra noche mágica", agregó Rueda.

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