'Vendechelas', de bien amados a más odiados

Son los más esperados antes del silbatazo final y los más extrañados luego de los 15 minutos del segundo tiempo. Pocos ven sus caras pero los reconocen por su voz al gritar "cerveza, cerveza".
 Son los más esperados antes del silbatazo final y los más extrañados luego de los 15 minutos del segundo tiempo. Pocos ven sus caras pero los reconocen por su voz al gritar "cerveza, cerveza".
Estadio Olímpico Universitario, Ciudad de México -
  • Los vendedores sacrifican sus fines de semana para obtener un ingreso extra

Son los más esperados antes del silbatazo final y los más odiados luego de los 15 minutos del segundo tiempo. Pocos ven sus caras pero los reconocen por su voz al gritar "cerveza, cerveza".

Llevan en sus cabezas u hombros charolas con hasta 12 vasos del líquido anhelado por la afición, sin importar si hay frío, sol o lluvia, tampoco si es de noche o de día.

Roberto Plata, quién debutó vendiendo cerveza hace cinco años en un partido América-Monterrey, sentenció que "nos odian cuando ya no tenemos cerveza o cuando pasamos enfrente de ellos, y somos los más queridos para quien quiere su chela".

Sin embargo, el vender cerveza no es lo único a lo que se dedican, pues hay desde amas de casa, pasando por almacenistas y hasta choferes, sacrificando sus fines de semana con tal de conseguir un ingreso extra para sus familias.

Sea el Estadio de CU, el Azteca, el Azul o hasta la Plaza de Toros, Juan Manuel Ochoa, Martin López y Juana Ramírez, al igual que los cientos de vendedores de chela, dulces o alimentos, llegan a los partidos o eventos desde dos o tres horas antes y se van luego de silbatazo final, en ocasiones sin conocer el resultado pero con algunos pesos más en sus bolsillo, además de unos cuantos recordatorios del 10 de mayo.

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