En Carnivore comes animales que nunca imaginaste

Si ves un cocodrilo, seguramente estarás pensando en hacer todo lo posible para no convertirte en su cena, pero lo más probable es que nunca te ha pasado por la cabeza cocinarlo y devorarlo como...
Si ves un cocodrilo, seguramente estarás pensando en hacer todo lo posible para no convertirte en su cena, pero lo más probable es que nunca te ha pasado por la cabeza cocinarlo y devorarlo como si se tratara de una barbacoa.
 Si ves un cocodrilo, seguramente estarás pensando en hacer todo lo posible para no convertirte en su cena, pero lo más probable es que nunca te ha pasado por la cabeza cocinarlo y devorarlo como si se tratara de una barbacoa.  (Foto: Agustín Cuevas)
Johannesburgo, Sudáfrica -
  • Un lugar obligado en la capital sudafricana

Si ves un cocodrilo, seguramente estarás pensando en hacer todo lo posible para no convertirte en su cena, pero lo más probable es que nunca te ha pasado por la cabeza cocinarlo y devorarlo como si se tratara de una barbacoa. Carnivore, más que un restaurante es un lugar turístico de alta relevancia en Johannesburgo, donde te encontrarás con un estilo de atención muy similar a los restaurantes de espadas brasileñas, pero en estas espadas sudafricanas en lugar de tener empotrado un pedazo de carne de res, de puerco o de pollo, verás carne de cocodrilo, de zebra, de un antílope llamado Kudu o de impala. En otros días, también puedes probar carne de jirafa o león, aunque en esta época no se encontraba entre la selección. Para llegar a este lugar dejas atrás los 'highways' impresionantes de Johannesburgo para internarte en una zona más campirana, con terrenos gigantescos y calles estrechas. El lugar está muy cerca de Lion Park, que te da la oportunidad de un minisafari sin salir de la capital sudafricana, muy 'light' pero teniendo contacto con los animales. La entrada te va envolviendo, te vas aislando entre la vegetación que adorna el estacionamiento y encuentras una cabaña gigantesca, totalmente de madera, lógicamente adornada para este época con las banderas de los países que juegan el Mundial y con estatuas icónicas en el pasillo de entrada incluyendo una de Nelson Mandela. Para llegar al restaurant hay que bajar unas escaleras hacia la parte más amplia del lugar, encontrando un salón bien ambientado, con una parrilla central y una atmosfera un tanto ahumada, bien calientita, con olores y sensaciones de carne desconocida. El servicio es impecable, y curiosamente lo primero que se fijan los meseros es si eres extranjero y si traes una playera de algún equipo mundialista. Si es así, después de ofrecerte algo de tomar y traer el centro de mesa con ensaladas y salsas, proponen que le cambies tu casaca por una de los Bafana-Bafana. Lo primero de la tanda después de un pequeño plato de sopa es una salchicha de kudu que tiene un sabor condimentado, fuerte, para luego seguir con trozos de carne de cocodrilo, que tal vez es lo más extraño, pues son trozos pequeños muy confusos, con huesos chicos, cartílagos y grasa apelmasados con la carne que tiene un saborcito extraño, algo así como carnitas pero con un toque indescriptible que de inmediato tu lengua desconoce e intenta comparar. Tal vez para que no todo te llegue de golpe, cada carne exótica va seguida de algo más normal, bueno, normal para nosotros. Salchichas de cerdo, pollo y cordero, aplicados estratégicamente hacen que nuestro paladar no enloquezca. Viene la zebra, tal vez una de las más esperadas desde que ves el menú. Pegaditos el impala y el kudu ahora en su versión “filete”. Todas ellas carnes firmes, algunas más fibrosas que otras, pero en forma y estilo muy similar a lo que es una pierna de cerdo o de res. Los sabores son semidesconocidos. Sabemos que lo que comemos es carne y que tal vez la primera sensación es particular, pero al ir masticando nuestra boca distingue toques que no hemos probado antes, desconcertantes pero que no nos llevan a hacer muecas. Es toda una experiencia, sobre todo por la emoción que a nosotros, occidentales, nos causa el probar esa carne que desde pequeños sólo hemos visto pasear en el zoológico. ¿Podría convertirme en un asiduo al lugar? Eso sí no lo sé, por el momento no es algo que me gustaría comer todos los días como un buen filete de res, una pasta o un arroz con pollo.

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