Los números hunden a Diego Armando Maradona

Un par de datos podrían ayudar a quienes tengan dudas acerca del balance de la gestión de Diego Maradona como técnico: 6-1 frente a Bolivia y 4-0 ante Alemania.
 Un par de datos podrían ayudar a quienes tengan dudas acerca del balance de la gestión de Diego Maradona como técnico: 6-1 frente a Bolivia y 4-0 ante Alemania.
Johannesburgo, Sudáfrica -
  • Una de las características que marcó la gestión de Maradona fueron sus caprichos y la improvisación

Un par de datos podrían ayudar a quienes tengan dudas acerca del balance de la gestión de Diego Maradona como técnico: 6-1 frente a Bolivia y 4-0 ante Alemania. Con Maradona en el timón, Argentina sufrió dos de las derrotas más catastróficas de su historia. Y en ambos partidos se hicieron patentes sus limitaciones como estratega. También padeció su primer revés como local en 15 años en una eliminatoria de la Copa Mundial, y nada menos que ante Brasil, que le ganó 3-1 en Rosario. Y Argentina fue eliminada de la Copa Mundial por el primer rival en serio que enfrentó. Los buenos resultados en los cuatro primeros partidos del Mundial de Sudáfrica hicieron que muchos detractores de Maradona reconsiderasen su posición y alimentaron el apoyo incondicional de sus numerosos partidarios. Habría que notar, sin embargo, que esos cuatro encuentros fueron ante rivales de segundo orden y que en el partido de Octavos de Final ante México, por más que se haya ganado 3-1, afloraron las primeras fisuras, ya que los mexicanos jugaron mejor la mayor parte del encuentro. Frente a Alemania se produjo la debacle total y las limitaciones de Maradona quedaron al desnudo. Si algún mérito tiene Maradona fue el de haber forjado un grupo unido, dispuesto a dejar la vida en la cancha. Nadie discute ese logro, del que Maradona se enorgullece. El argentino, no obstante, se vanagloria de otras cosas que no tienen sustento en la realidad. Dice que bajo su gestión "se encontró un camino, el camino de respetar el fútbol argentino, de tocar la pelota, de ir al frente, de volver a las raíces". Su equipo, afirmó, hizo "el fútbol que le gusta a la gente, el de ir a buscar permanentemente, de ir a llevárselo por delante (al rival), de tocar, jugar, rotar". Está claro que Argentina no se llevó por delante a nadie. El innegable talento de sus jugadores le alcanzó para sacar adelante partidos ante rivales inferiores. Pero en cuanto se cruzó con el primer contrincante de fuste, esos mismos artistas del balón lucieron desvalidos. Argentina no tuvo una línea de juego definida y cayó mansamente en la trampa tendida por el técnico alemán Joachim Loew, quien se limitó a aislar a Lionel Messi y a partir al rival por el medio, apoderándose del mediocampo. Sus atacantes se hicieron un festín por las bandas, donde Maradona puso marcadores improvisados. "No nos sorprendieron. Analizamos su juego y sabíamos lo que podíamos esperar", declaró Loew. "Sabíamos que Messi se retrasaría y lo sacamos del partido. Siempre tuvo una marca encima. Prácticamente lo anulamos sin cometerle faltas". Maradona no tuvo respuestas para el planteo táctico alemán. Como en todos los partidos previos, los jugadores argentinos quedaron librados a su suerte y no tuvieron un libreto que seguir. Esta vez, el esfuerzo individual no alcanzó. Tampoco las arengas de Maradona desde la banca. Hacían falta un equipo y una estrategia clara, y no las hubo. El técnico se excusa diciendo que un gol madrugador condicionó todo y le facilitó las cosas al rival. Sus justificaciones, sin embargo, no suenan válidas. Messi pasó por el Mundial sin pena ni gloria. El goleador más prolífico de Europa (marcó 47 tantos en la temporada) se fue sin haber anotado un solo tanto. Ilusionó con algunas diabluras de las suyas, pero, en el análisis final, jugó muy solo y no pudo hacer mucho, especialmente contra los alemanes. Maradona -quien ejerce como técnico pese a no haber completado nunca el curso requerido- tuvo a su disposición al mejor jugador del mundo y lo desperdició. Una de las características que marcó la gestión de Maradona fueron sus caprichos y la improvisación. Cambió el estilo de juego de la noche a la mañana poco antes del inicio del Mundial porque decidió que Carlos Tevez tenía que ser titular. Ignoró todo lo hecho en el pasado y jugó en La Paz sin adaptación a la altura. El resultado fue una goleada 6-1 a manos de un equipo boliviano que terminó penúltimo en la eliminatoria sudamericana. Fue la peor goleada padecida por Argentina desde el 6-1 que le propinó Checoslovaquia en el Mundial de 1962. No le dio estabilidad al equipo y convocó a más de un centenar de jugadores, incluido uno que estaba lesionado. Trajo al Mundial a jugadores de limitada técnica como Martín Palermo, dejando afuera a delanteros que brillan en Europa, incluidos Lisandro López y Ezequiel Lavezzi. Descartó a figuras como Esteban Cambiasso y Javier Zanetti, que ganaron todo con el Inter esta temporada -liga italiana, Copa de Italia y Champions League- y que tal vez le hubieran dado equilibrio a ese mediocampo tan endeble que tuvo Argentina. Al final de las eliminatorias, luego de asegurar la clasificación, protagonizó uno de los episodios más tristes jamás vistos en el futbol, cuando dijo vulgaridades irreproducibles en una conferencia de prensa. Que acompañó con una manifestación de soberbia: "Hoy me consagré como técnico".

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