Pobreza y opulencia, las dos caras del Mundial

La cara que Brasil muestra al mundo, es mucho más que 12 estadios y 32 selecciones en la búsqueda de la gloria en la justa mundialista que está próxima a arrancar.
Sao Paulo, Brasil -
  • Mientras el gobierno invierte millones de dólares, hay sectores sociales con severas carencias

La cara que Brasil muestra al mundo, es mucho más que 12 estadios y 32 selecciones en la búsqueda de la gloria en la justa mundialista que está próxima a arrancar. Mientras el gobierno brasileño ha invertido más de 3 mil 700 millones de dólares en reconstrucción, remodelación, infraestructura y todo lo concerniente para poder realizar una Copa del Mundo a la altura de las circunstancias, existen algunas zonas en Brasil que requieren mucho menos que esa cantidad para subsistir dignamente. En Sao Paulo, centro neurálgico del país, que acumula más de 20 millones de personas en toda su zona metropolitana, es el fiel reflejo de la ambivalencia que sufre el pueblo brasileño con la llegada de la Copa del Mundo. Sao Bernardo Do Campo es una de las zonas más pobres y vulnerables del área conurbana de Sao Paulo, la cual es habitada por una cifra cercana al millón de personas. En esta localidad, las drogas, la delincuencia y el alcoholismo circulan con mayor facilidad que la pelota que rodará en los estadios brasileños. En dicha comunidad, el centro “Francisco Solano Trinidade” ayuda a los niños y jóvenes en situación de calle desde hace 16 años, brindándoles la oportunidad de acudir a la escuela, además de acompañarlo con actividades como la música afrobrasileña. Esta institución sobrevive gracias a las aportaciones que empleados de la planta Volkswagen Anchieta hacen para este centro. De hecho, la coordinadora general, Viviane Carvalho, considera que organizar un Mundial no es prioridad para los brasileños, en función de las carencias que existen. “Es un hecho que el dinero público debería ser invertido en las políticas públicas que ya existen, pero que necesitan combustible para poder sacar adelante proyectos como la ley que protege a los adolescentes, que ya existe hace casi 24 años, pero que por falta de inversión no pudo ser efectuado con perfección, si hubiera más inversión no tendríamos tantos niños en situación de riesgo y vulnerabilidad”, señala la mujer que encabeza el proyecto. Carvalho reconoció que este centro de actividades no cuenta con respaldo económico del gobierno brasileño. “Es un programa que existe a nivel mundial y se han preocupado por este centro, nuestro convenio siempre fue de “una hora para el futuro” que es un programa mundial de la Volkswagen, entonces todo el dinero que recibimos viene de los trabajadores de Volkswagen y también de Alemania”, admitió.   Brasil está casi listo para la fiesta del futbol, aunque no todos sus habitantes lo celebran.

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