Esperarán mexicanos condena en 'selva' brasileña

Llegar al Presidio Francisco Hélio Viana, donde los mexicanos detenidos en Brasil aguardan su condena, es una auténtica odisea.
Llegar al Presidio Francisco Hélio Viana, donde los mexicanos detenidos en Brasil aguardan su condena, es una auténtica odisea.
 Llegar al Presidio Francisco Hélio Viana, donde los mexicanos detenidos en Brasil aguardan su condena, es una auténtica odisea.  (Foto: Juan Manuel Terán)
Fortaleza, Brasil -
  • La prisión se encuentra a más de 30 kilómetros de la Arena Castelao
  • El poblado donde está la prisión es uno de los más pobres del estado de Ceará

Alejados de la diversión, la pasión y el glamour que representa una Copa del Mundo, Rafael Medina, Mateo Codinas, Ángel Rimak y Sergio Eguren aguardan conocer su destino en una penitenciaría que se encuentra en medio de la selva brasileña y en condiciones contrastantes a la aventura que esperaban vivir. Luego de ser detenidos el pasado domingo por la noche, acusados de tocar a una mujer brasileña y posteriormente golpear a su esposo, los cuatro mexicanos pasaron un par de días en las instalaciones de la Defensa y Protección al Turista (Deportur) de Fortaleza que se encuentra a unos pasos del Fan Fest de la sede mundialista. Tras ser reconocidos por la supuesta víctima, fueron trasladados al Presidio Francisco Hélio Viana de la región de Pacatuba, un poblado que se encuentra a unos 30 kilómetros de Fortaleza, capital del estado de Ceará en la costa brasileña. A las afueras del pequeño poblado y con la pobreza como una de sus principales características, el Presidio, que no es otra cosa más que una pequeña cárcel que alberga alrededor de 100 presos; los cuatro mexicanos ingresaron la tarde del jueves con la posibilidad de recibir hasta 20 años de prisión por sus actos. Llegar a la cárcel es una auténtica odisea. La autopista 116 que conecta a La región norte de Brasil con Sao Paulo y Río de Janeiro es la vía principal aunque no la única. Tras recorrer 25 kilómetros sobre ella, llega el momento de internarse en los pequeños pueblos del estado de Ceará. Itaitinga y Maracanaú son dos de las escalas, está última más un conjunto de fábricas que un poblado. Basta ir por los caminos mitad pavimentados y mitad terracería para comenzar a pensar en el castigo, que más allá del encierro, representa estar ahí. Son más de 30 grados los que caen a plomo en las instalaciones del Presidio y una humedad que rebasa el 60 por ciento en la mayor parte del año, esto a decir de los vecinos del lugar. El Presidio está completamente rodeado por la selva. Si bien sus muros de más de cuatro metros ya son un obstáculo, la ubicación del lugar es otro castigo para los que ahí pagan su condena, quienes en su mayoría son acusados por "crímenes menores". Poco dispuestos a brindar información y estrictos en el trato con los que tratan de saber las condiciones de Medina, Codinas, aseguren y Rimak, los elementos encargados de mantener el orden al interior aseguraron que "están bien, llegaron bien", no ocultando el recelo de dar mayor información sobre el caso y cerrando cualquier puerta a encontrarse con ellos. La salida del lugar no es menos complicada. El sinuoso camino y el suelo que parece querer atraparte para siempre son otros elementos que convierten el nuevo "domicilio" de los mexicanos en una verdadera penitencia, una más de la que ya los contiene. Será en los próximos días cuando el proceso siga, pues los días feriados por los partidos de Brasil en el Mundial y los fines de semana que se aparecen, han retrasado su procesos, aunque la intervención de las autoridades mexicanas abre un dejo de esperanza a su caso.

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