La Marea Roja inundó el centro de Jo’burg

El centro de Johannesburgo sufrió, o más bien deberíamos decir, gozó este lunes al ser inundado por la Marea Roja.
El centro de Johannesburgo sufrió, o más bien deberíamos decir, gozó este lunes al ser inundado por la Marea Roja.
 El centro de Johannesburgo sufrió, o más bien deberíamos decir, gozó este lunes al ser inundado por la Marea Roja.  (Foto: Agustín Cuevas)
Johannesburgo, Sudáfrica -
  • La Furia llegó con la misma fuerza su segundo partido

El centro de Johannesburgo sufrió, o más bien deberíamos decir, gozó este lunes al ser inundado por la Marea Roja. Miles de españoles con sus cánticos y desenfado característicos, encontraron su cauce en las calles que apuntan hacia el Ellis Park. Como un río alegre, de lejos fueron llegando los sonidos de las vuvuzelas, impulsadas por un aliento ibérico, cargadito de cerveza, tabaco y dulces. El caudal rojo es vigoroso, muy joven pues en su mayoría son adolescentes o veinteañeros los que hicieron al viaje, y una buena cantidad de parejas menores de cuarenta años, quienes llevan de la mano niños que disfrutan felices su primera aventura mundialista. Y será la alegría porque uno los voltea a ver siempre con un poco de envidia, pero también sin duda es por la belleza de las mujeres de la "Madre Patria" que cautiva a cada paso. Ahí van ellas, fuertes, partiendo plaza, gritando, cantando y bebiendo al parejo y con la misma pasión por su “Furia”. Así, al canto de “españooool, españoool…” fue ingresando la marea roja al simbólico Ellis Park, primero gota a gota y luego como un chorro de alegría. Esos cantos irán cambiando por “Alcohooool, alcohooool… hemos venido a emborracharnos…” y si la cosa no va bien, será coronado por un “el resultado nos da iguaaal”. Lo que nunca va a cambiar es la pasión, la alegría y la fiesta de pelucas, pintura y botas de vino que se han cargado encima estos colorados. Al escuchar la alineación, bueno, al observarla en las pantallas pues el sonido local se volvía una masa de sonido que se quedaba incrustada sin remedio en las vuvuzuelas, la ovación más grande fue para el “Niño” Torres que formaría una elástica doble punta con David Villa, seguido de Xavi y Sergio Ramos, quienes lograron el crescendo suficiente en la sinfonía vuvucélica que sólo paró para la siempre lacrimógena ceremonia de los himnos, y cuando de repente, el sonido constante se lograba organizar en un rítmicos beats acompasados y decididos. El Ellis Park es rojo y no queda duda de quién es mayoría ni de quién es favorito. Sin embargo, si uno afina el oído y logra meterse entre ese barullo de cornetas, escarbando poco a poco, encontrará que hay manchas azul y blancas que se mueven, que brincan y cantan y mezclan el “Honduras, Honduras, Honduras” con los alientos imparables... pasión similar, fiesta parecida aunque más pequeña, afectada por menos oportunidades futbolísticas, pero sobre todo, otras posibilidades económicas.

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