Los niños de amarillo y el partido de sus vidas

Son apenas unos pequeños niños, de hecho, podrían caber perfectamente en la maleta que la marca deportiva adidas les da para que lleven su uniforme. Ellos tienen una misión, visten de amarillo y...
 Son apenas unos pequeños niños, de hecho, podrían caber perfectamente en la maleta que la marca deportiva adidas les da para que lleven su uniforme. Ellos tienen una misión, visten de amarillo y resaltan el espíritu de la Copa del Mundo.  (Foto: Agustín Cuevas)
Durban, Sudáfrica -
  • No pasan el metro veinte, pero saltan al campo en todos los juegos del Mundial

Son apenas unos pequeños niños, de hecho, podrían caber perfectamente en la maleta que la marca deportiva adidas les da para que lleven su uniforme. Ellos tienen una misión, visten de amarillo y resaltan el espíritu del torneo de futbol más importante del mundo. Estos deportistas en miniatura forman un equipo especial al que se le encomienda acompañar a los jugadores que serán titulares cuando saltan al campo y durante la ceremonia de los Himnos Nacionales. Y aunque tal vez no tengan aún los elementos para darse cuenta de lo que está pasando, muchos de ellos estarán en el partido de sus vidas antes de llegar a la pubertad. En el Estadio de Durban, estuvimos atentos a la llegada de estos elementos esenciales para que el Alemania-España, duelo de Semifinales, tuviera todos los ingredientes de un juego de Copa del Mundo. El arribo al estadio de los pequeñines es un momento emotivo. Llegan todos en un camión similar al que transporta a todas las selecciones, sólo que ellos van acompañados de sus padres. Bajan del autobús sonrientes, con su mochila gigante en el hombro y portando su uniforme, aunque aún sin los "zapatos de juego". Ellos, como todos unos profesionales, se forman en tres líneas, mientras en el camión están los que más emoción y orgullo tienen en esos momentos, sus padres. Ahí, atrapados en una caja de acero y vidrio en donde es imposible que quepa tanta taquicardia, tanto grito y tanto beso, papás y mamás se agolpan a las ventanas para tomar la foto del recuerdo y despedir agitando la mano a sus hijos que, valga decir, en lo menos que piensan es en voltear hacia donde enmudecidos por el encierro, sus padres se deshacen de cariño. Y ahí van los 22 elegidos, con unos zapatos absurdamente grandes que soportan esos cuerpos pequeñitos con proporciones un tanto extrañas. Los shorts les cuelgan, las playeras entran al pantaloncillo casi desde su mitad, pero la alegría que irradian llena no sólo sus ropas, sino todo el estacionamiento que los recibe. Y a las 20:25, el partido de sus vidas cuando de la mano de los 22 titulares, estos pequeños que en algunos casos no superaban la cintura de los futbolistas a los que acompañaban, nos recordaron el verdadero espíritu de la Copa del Mundo, la alegría por jugar, la oportunidad de unir, la ilusión de trascender y la suerte de tener una razón más para ser felices.

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