'Campeones, campeones, oe, oe, oe', retumbó en Johannesburgo

Los aficionados españoles tuvieron una de las mejores jornadas de sus vidas. Sufrieron con un partido realmente tenso, gritaron, refunfuñaron, se acabaron a gritos los "joder" y acabaron...
Los aficionados españoles tuvieron una de las mejores jornadas de sus vidas. Sufrieron con un partido realmente tenso, gritaron, refunfuñaron, se acabaron a gritos los "joder" y acabaron explotando de júbilo en el interior del estadio.
 Los aficionados españoles tuvieron una de las mejores jornadas de sus vidas. Sufrieron con un partido realmente tenso, gritaron, refunfuñaron, se acabaron a gritos los "joder" y acabaron explotando de júbilo en el interior del estadio.  (Foto: Agustín Cuevas)
Soccer City Stadium, Johannesburgo -
  • Los ibéricos sufrieron, lloraron y celebraron durante todo el encuentro 

Los aficionados españoles tuvieron una de las mejores jornadas de sus vidas. Sufrieron con un partido realmente tenso, gritaron, refunfuñaron, se acabaron a gritos los "joder" y acabaron explotando de júbilo en el interior de esa ensaladera del mundo que fue el Soccer City. El juego de la Final fue especial, tal vez el más silencioso del Mundial donde reinaron las vuvuzelas. Como hacía mucho no pasaba en un partido, por largos lapsos el nerviosismo y la tensión se tradujeron en silencio. Las expresiones volvieron a escucharse. De nuevo sobresalieron los gritos, reclamos y abucheos ante las faltas. Los "aaaahhh" de decepción y los "uuuuuuuhhhhh" de asombro constituyeron una guía auditiva del encuentro. Por ahí, cantos de uno u otro sector prendieron el ambiente. A la menor provocación, aunque por pequeños lapsos, las vuvuzelas regresaron a la carga con potencia, con rítmicos bramidos y ese sabor sudafricano que será difícil de olvidar. El desenlace llegó rápido. Tras casi dos horas de nerviosismo, Iniesta anotó, el árbitro silbó el final, vinieron los festejos, los llantos, los saludos… Y de repente, ya Casillas tenía la Copa del Mundo en las manos. Fue como una inyección de adrenalina que puso de cabeza al Soccer City. Banderas, gritos, porras, delirio, todo apretado en un parpadeo después de tantos minutos de angustia. Intensidad total. Como ya se hizo una costumbre, los seguidores de La Furia tardaron en abandonar el estadio, se quedaron en grupos compactos disfrutando el momento, saboreando eso que se llama gloria y que muchos no habían no conocían. Los que se quedaron por más tiempo pudieron incluso darse una vuelta por la cancha, sacarse la foto en la portería, posar con el letrero de Campeón y subirse al podio en la tribuna baja, donde apenas unos segundos antes, La Furia Roja en pleno había levantado la Copa. Cuando no tuvieron más remedio que salir del estadio, lo hicieron cantando orgullosamente ese famoso “Campeoooones, Campeoooones, oéee, oéee, oéeeeeee”. Los aficionados celebraron borrachos de alegría, quizá con un poco de alcohol en las venas, con la roja bien puesta y la bandera como capa. A paso Campeón invadieron las calles de Johannesburgo, a bordo de autos rentados y camiones de turismo que se convirtieron en contenedores de felicidad que comenzaron a recorrer las calles pidiendo fiesta.

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