El Color... Unas Chivas muy mexicanas echan a Argentina de la Libertadores

Las cuentas fueron saldadas satisfactoriamente. No fue en el  mismo escenario, tampoco bajo  las mismas circunstancias; sin embargo, el futbol mexicano saboreó una pequeña venganza al eliminar al...
 Las cuentas fueron saldadas satisfactoriamente. No fue en el  mismo escenario, tampoco bajo  las mismas circunstancias; sin embargo, el futbol mexicano saboreó una pequeña venganza al eliminar al último representante argentino que permanecía en

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio José Amalfitani, Buenos Aires. 20 de julio de 2006

  • Diego se fue expulsado

Las cuentas fueron saldadas satisfactoriamente. No fue en el  mismo escenario, tampoco bajo  las mismas circunstancias; sin embargo, el futbol mexicano saboreó una pequeña venganza al eliminar al último representante argentino que permanecía en la Copa Libertadores de América. A ellos, a los que nos echaron de la Copa del Mundo, les quedó muy claro que así como nos vencieron en Alemania, eso nadie se los quita, pueden caer frente al talento y la capacidad de nuestro balompié. 

Chivas salió victorioso con su clásico estilo, es necesario aclararlo, porque un sector del periodismo pampero considera que Ricardo Antonio La Volpe, su inflado compatriota, fue el que nos enseñó a jugar a pelota parada y a pisar territorio ajeno con seguridad. El cuadro rojiblanco se impuso gracias a sus atributos, a la capacidad de su técnico y a la decisión de unos jugadores que representan como muy pocos el verdadero valor del juego nacional. Que les quede claro a quienes encuentran en el ex seleccionador nacional a nuestro "Mesías".

El partido inició con una clara advertencia: Bautista estaba dispuesto a matar, a ratificarse como el enemigo número uno del público argentino. Aún no pasaban ni cuatro minutos cuando el "Bofo" pisó los linderos del área local, bailoteó con el esférico y la tocó elegante, de taconcito, para la llegada del compañero. La pelota se fue, pero el talento de Adolfo permaneció como dolorosa muestra para los presuntuosos anfitriones.

Vélez fue mucho esfuerzo y muy poca claridad. Nada pudo hacer frente a la retaguardia jalisciense, que se mostró ordenada y decidida en todo momento. Sin titubeos, con aplomo y creyendo en sus posiblidades, el Rebaño mexicano se apropió del José Amalfitani y jugó a lo suyo, como si no hubiera estado frente a miles de argentinos sedientos de triunfo.

Guadalajara apretó el acelerador en cuanto se superaron los veinte minutos de acción. Tras un potente disparo de Ramón Morales que pasó apenas por encima del arco pampero, Bustamante congeló con la mano un intento de sombrerito. El árbitro no dudó. Se escuchó el silbatazo y las manos del hombre de negro señalaron el manchón penal. Morales se apoderó del esférico, lo acomodó y disparó fuerte, abajo y a la derecha para vencer a Sessa. Las tribunas pobladas de fanáticos velezanos callaron, se derrumbaron y, por unos cuantos instantes, parecieron resignarse a quedar varados en los cuartos de final.

La primera mitad siguió su marcha sin que los de casa mostraran algo más que ímpetu y unos cuantos recursos futbolísticos. El equipo dirigido por Miguel Ángel Russo quiso hacer con lo individual las obligaciones de lo colectivo. Su estrategia no resultó. Cubero hacía dos o tres quiebres y acababa tirándose como el peor de los clavadistas; Somoza tiraba sin fortuna… nada pasaba sobre el arco de Oswaldo.

El entretiempo no modificó en demasía el accionar de ninguno de los contendientes. Chivas sabía que estaba cumpliendo con su deber y se decidió a relajarse para salir a liquidar la confrontación. Vélez, en cambio, no le encontró mayor utilidad a sus quince minutos de refresco, pues saltó a la cancha con la misma inoperancia ofensiva con la que habían abandonado el rectángulo verde.

Diego Martínez fue el gladiador que decidió abandonar el terreno de juego anticipadamente. Segundo cartón amarillo que lo obligó a dejar en inferioridad a los suyos. El estadio festejó. Cuando tu equipo no hace mucho frente al rival, acabas celebrando las marcaciones arbitrales, así sucedió en el José Amalfitani.

Los de José Manuel de la Torre ni se inmutaron por estar con diez hombres sobre la alfombra verde. Por el contrario, aprovecharon el desboque argentino para preparar la cereza del pastel, el último clavo al ataúd del balompié pampero en la Copa Libertadores. Y así, con experiencia transformada en tranquilidad, Bautista apareció solo frente a Sessa, sacó disparo y se perdió una gran oportunidad. No obstante, el "Bofo" recordó las ofensas recibidas hace algún tiempo y aprovechó una prolongación de Reynoso para tirar con pierna zurda y estremecer el corazón sudamericano.

Sobre la hora, quizás para hacer menos dolorosa la agonía del oponente, Chivas acabó aceptando el tanto de la honra. Batalla disparó; "Maza" desvió, y la pelota terminó guardándose en el  cajón rojiblanco. Los anfitriones se alimentaron de falsas ilusiones. Su suerte estaba echada y tuvieron que aceptar lo indiscutible: Guadalajara, escuadra cien por ciento mexicano, había liquidado al único mosquetero que se mantenía en la Libertadores.

[mt][foto: EFE]

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