Previo México-Estados Unidos... In Tri we trust

Casi tres años han pasado desde aquel aciago 17 de junio de 2002. Hoy, Javier Aguirre no es el técnico nacional, Rafael Márquez triunfa rotundamente con el Barcelona y el orgullo del balompié...
Casi tres años han pasado desde aquel aciago 17 de junio de 2002. Hoy, Javier Aguirre no es el técnico nacional, Rafael Márquez triunfa rotundamente con el Barcelona y el orgullo del balompié mexicano está fortalecido. Pero hay momentos que nunca se olvid
 Casi tres años han pasado desde aquel aciago 17 de junio de 2002. Hoy, Javier Aguirre no es el técnico nacional, Rafael Márquez triunfa rotundamente con el Barcelona y el orgullo del balompié mexicano está fortalecido. Pero hay momentos que nunca se olvid

Mauricio Cabrera  | MEDIOTIEMPO. Estadio Azteca. Domingo 27 de marzo de 2005 a las 12:00 hrs.

Casi tres años han pasado desde aquel aciago 17 de junio de 2002. Hoy, Javier Aguirre no es el técnico nacional, Rafael Márquez triunfa rotundamente con el Barcelona y el orgullo del balompié mexicano está fortalecido. Pero hay momentos que nunca se olvidan, instantes que marcan un antes y un después, sucesos con la capacidad de herir en lo más profundo no sólo a quienes participan dentro del terreno de juego, sino también al corazón de todo un país. La derrota frente a los estadounidenses en la Copa del Mundo Japón Corea 2002 provocó una herida que sigue abierta y que difícilmente perecerá con el discurrir del tiempo. Cuando Rafael Márquez perdió cualquier dosis de personalidad y elegancia para agredir a Cobi Jones en los últimos suspiros de la trágica confrontación, salió a relucir la impotencia de una nación que acostumbraba encontrar en el futbol un buen pretexto para sentirse superior al siempre incómodo vecino del norte. El coraje y la rabia fueron más que evidentes, millones de lágrimas brotaron irremediablemente de los ojos aztecas, esos que ante la humillante realidad prefirieron voltear la mirada y soñar con la venganza. Contra Estados Unidos no podemos perder, así de sencillo…

El equipo de Ricardo Antonio Lavolpe está muy cerca de afrontar uno de los duelos más complicados de la eliminatoria mundialista. Hace algún tiempo, pronosticar que el conjunto verde se terminaría imponiendo a su cada vez más odiado rival resultaba poco aventurado y ampliamente predecible; no obstante, el progreso de los americanos ha sido notable y sostenido. La inocencia con que concebían este deporte se transformó en una disciplina táctica sólida y firme; sus jugadores poseen experiencia en el ámbito internacional y el estadio Azteca ha dejado de ser suficiente para asegurar la consecución de las tres unidades.  Las estadísticas no mienten, y ellas indican que la escuadra de Bruce Arena presenta cierta superioridad sobre los nuestros en la era contemporánea.

Los ingentes deseos de superar a los de las barras y las estrellas hallan un magnífico reflejo en las palabras de la mayor parte de los seleccionados, que al tiempo de aceptar que la revancha absoluta sólo puede darse en circunstancias similares, apuestan por el triunfo que  ubique a cada quien en la posición que le corresponde. El reparto mexicano es de lujo, únicamente resta esperar que en la práctica se confirme el optimismo impreso en el guión. La victoria pondría al tricolor en las nubes, no por grandiosa, sino porque significaría un paso gigantesco rumbo a la máxima justa balompédica del orbe.

La representación de Estados Unidos le hada dado la mayor seriedad posible a la cita ante los nuestros. Para evitar que las condiciones atmosféricas de la Ciudad de México se conviertan en un obstáculo insalvable para la escuadra que dirige, Bruce Arena ordenó una larga concentración en las montañas de Colorado, sitio con más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Su plantilla está integrada por diversos jugadores de la liga local y es fortalecida con elementos que se desempeñan en el futbol europeo, como Landon Donovan y Claudio Reyna.

El cotejo será apasionante, los nervios y la tensión tomarán por asalto el Coloso de Santa Úrsula, que rugirá al ritmo de una sola voz. El cuadro verde está obligado a mostrar ambición ofensiva, pero siempre teniendo presente que un descuido en la retaguardia podría tener un costo elevado. Paciencia para no caer en la ansiedad y sobriedad para definir frente a la puerta rival lucen como ingredientes necesarios para vencer a EU.

Venga México, en “Tri” confiamos. [mt]

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