Jorge Witker.

Otro síntoma de progreso

Martes 7 de Agosto del 2012



Más allá de que los Juegos Olímpicos estén lejos de tener una importancia en el futbol varonil similar a la que tiene para el resto de los deportes –en el futbol femenil, al no haber límites de edad, sí es un torneo muy parecido a un Mundial- para México indiscutiblemente el acceso a la Final de Londres 2012 representa uno de los mayores logros de su historia futbolística y ratifica el progreso que se ha experimentado en los últimos años y que muchos, por la falta de trascendencia en el Mundial principal, suelen renegar.

Ganar dos Mundiales Sub-17 (2005 y 2011), llegar a Semifinales en un Mundial Sub-20 (2011), conquistar un Torneo como el de Esperanzas de Toulon (2011), ganar infinidad de torneos Sub-20 en Europa (2012), y asegurar la primera medalla olímpica (2012) son logros que habían estado lejos del alcance del futbol mexicano.

Y con menos logros de los deseados, soy un convencido que desde que se participa en torneos de CONMEBOL, Copa América desde 1993 y Copa Libertadores desde 1998, el futbol mexicano ha dado pasos lentos pero firmes rumbo a su consolidación en el plano internacional.

Se lograron dos subcampeonatos en el torneo más importante de selecciones de la región (1993 y 2001), se ganó la Copa Confederaciones en 1999, se llegó a dos Finales de Libertadores (2001 y 2010), y a varias Semifinales, se conquistó una Copa Sudamericana en el 2006 y se llegó a dos finales de ese mismo torneo, y hasta en las competencias de CONCACAF –como la Liga de Campeones o la Copa Oro- se gana con mayor continuidad y se domina con más claridad.

Es indiscutible en ese sentido, que pese a que el campeonato doméstico siga sin estar debidamente organizado y tenga “áreas de oportunidad” que no son debidamente aprovechadas, en buena medida por seguir bajo el yugo absoluto de las televisoras, se ha mejorado y se está mejor hoy que hace 20 años.

Muchos aficionados lo dudan porque cada cuatro años, en el torneo más importante, la Copa del Mundo, México no acaba de dar el salto y se queda atorado siempre –al menos desde 1994 a la fecha – en la ronda de los Octavos de Final. Ese resultado insatisfactorio –que de todos modos es mucho mejor del que el TRI registró normalmente en sus anteriores apariciones mundialistas- y expectativas a veces desmedidas que algunos medios generan, parte por conveniencia comercial parte por ignorancia- acaban por producir un coctel explosivo que genera una tremenda decepción y la sensación de desengaño en millones de mexicanos.

A ese marco general, hay que agregar que esta Selección Mexicana Sub-23 ha tenido la mejor preparación de la historia para un equipo de su categoría, y en buena medida eso se debe –paradójicamente- al tremendo fracaso que se vivió con Hugo Sánchez en el proceso rumbo a Pekín 2008 y que causó en dueños y televisoras una sensible merma económica.

Para evitar que la historia se repitiera, desde que se nombró a José Manuel de la Torre –a diferencia de lo sucedido en anteriores gestiones- se designó también al entrenador de este grupo, Luis Fernando Tena, que efectivamente en un arranque no parecía ser el indicado y que en el camino fue dando muestras de su capacidad y callando bocas, incluyendo la mía.

Y a diferencia de lo sucedido hace cuatro años, cuando se sufrió para jugar algunos amistosos previos al Preolímpico y se llegó con pocas pruebas –también por que Hugo subestimó la dificultad de la eliminatoria- ahora a buena parte de este grupo de futbolistas que están en Londres 2012 se le incluyó en nóminas para participar en una Copa América –forzado ello por la CONCACAF- unos Juegos Panamericanos, un Torneo de Toulon y varios amistosos, lo que hizo que llegaran a la justa olímpica con 34 partidos de aprendizaje –incluyendo eliminatorios- una cuota que ningún otro de los 15 elencos competidores en Londres 2012 pudo alcanzar.

Todo eso, y el elegir a futbolistas con calidad y mentalmente fuertes, le ayudó a Tena a solidificar un equipo que se fue haciendo maduro y emocionalmente estable, y que debió superar momentos complicados en más de una ocasión. Eso curtió su temple y le permitió mantener la calma y seguir creyendo en sí mismo y en sus propios recursos en situaciones límite, incluso ya en instancias cruciales de esta competencia como cuando Senegal igualó a dos tantos o Japón se puso en ventaja de 1-0, enseñó tamaños para revertir la situación y acabar triunfando.

Por todo ello, y porque el azar también lo quiso, este equipo logró romper paradigmas, ha hecho historia –pase lo que pase en el juego final, en la que no creo que alguien se atreva a descartar una victoria mexicana- y amplía la baraja de opciones que José Manuel de la Torre debe considerar para futuros compromisos, ya a nivel mayor, como la Copa Confederaciones de Brasil 2013 y el proceso eliminatorio rumbo al Mundial del 2014.

Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

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