El Tri, el Chepo y el manejo de la presión

"Estaban cagados de miedo". Así se llama la columna de Roberto Velázquez en Milenio, que no sólo dio en el clavo con el análisis sino que lo hizo con la frase perfecta.

“Estaban cagados de miedo”. Así se llama la columna de Roberto Velázquez en Milenio, que no sólo dio en el clavo con el análisis sino que lo hizo con la frase perfecta. Frente a Costa Rica, el Tri jugó su peor partido, pero no fue por la rigidez táctica del "Chepo" ni por el ridículo argumento de los villamelones de que “faltaron ganas”. Era terror puro.

Errores en pases fáciles, malos controles, jugadas de rutina desperdiciadas… Los mexicanos se enfrentaron a dos rivales en el Estadio Azteca, los Ticos y ellos mismos. Que no hayan perdido fue un pequeño milagro en sí mismo. Y Chepo, con sus gritos, sus gestos y sus expresiones, no ayudó en lo más mínimo.

El colmo llegó cuando pidió a sus jugadores que le “echaran huevos”. Obviamente, un técnico de su nivel sabe que así no se ganan los partidos pero, ante la desesperación, surgió su elemento más primitivo, más básico. Por supuesto, los gritos no causaron ningún efecto, más que la cara de sorpresa de quienes lo veían desde la banca.

La presión es un elemento complicado de cuantificar en el futbol. Suele afectar a casi todo el mundo, pero hay equipos y jugadores que responden bien ante ella y sacan lo mejor de sí mismos. Maradona es el mejor ejemplo. Para el Diego, mientras peores fueran las condiciones, más brillante su juego. La selección italiana es otro caso perfecto, cada vez que llega a un Mundial en polémica termina campeona del mundo.

México no es el caso, ni por pasado ni por idiosincrasia. El jugador azteca suele sacar su mejor nivel cuando se siente arropado o cuando no tiene nada que perder. Se tiene, por ejemplo, que enfrentar a Estados Unidos en los Octavos de Final de un Mundial, el obstáculo psicológico suele ser mayor que el futbolístico. Pero si el rival es Brasil y ya está asegurada una Medalla de Plata, entonces sí, a jugar como nunca y a ganar como nunca.

Hay quien dice que eso no debería importar, que los jugadores tendrían que sobreponerse a la presión, que son profesionales, que ganan millones. Quien lo hace, se olvida de que la naturaleza humana no es cuantificable. El dinero no compra la paz mental, el talento futbolístico y el entrenamiento ayudan, pero no son garantía. Apenas ayer hablaba con una de las figuras del Tri y me confesaba que se sentía muy mal por lo que estaba pasando con el equipo. No es que no les importe, ni que su dinero los haga divas. La situación les está pasando factura de verdad.

¿Existen soluciones? Claro. En realidad, la más importante es la experiencia. Cuando has sufrido con la presión en el pasado, aprendes a relativizar en el presente. El problema es que este Tri es bastante joven y los jugadores con más tiempo no son precisamente líderes en el vestidor. De hecho, esa es otra manera de lidiar con la presión, tener referentes fuertes, gente que tranquilice al vestidor, que lo ayude a recuperar el sentido común.

Porque además, pese a los empates y las malas actuaciones, México sigue en posición ideal para calificar. Si gana sus dos partidos en el Azteca y saca un punto fuera, estará en Brasil. El asunto es que los jugadores, y sobre todo su técnico, tienen que entenderlo. No se puede jugar a partir del miedo, ni en el pizarrón, ni en la cancha.

También la afición debe darse cuenta de que los abucheos y los gritos no ayudan nada. Tiene, por supuesto, el derecho a quejarse, pero desde un punto de vista pragmático, es un error. Hacerlo no ayuda en nada a que México juegue mejor, al contrario. Mientras más presión se le ponga al Tri, menos posibilidades tendrá de calificar al Mundial. No debería ser, pero así es, nos queda entenderlo y tranquilizarnos, o no entenderlo, seguir con las manifestaciones públicas de desagrado y esperar que lo que nunca ha servido, de pronto se convierta en una solución mágica.

Así, la solución tiene que venir de un lado y de otro. Chepo de la Torre debe empezar por tranquilizarse él, y después encontrar la manera de sacudir al grupo y recuperar la motivación, de quitar a los jugadores del peso que tienen sobre los hombros. Porque, de otro modo, la medida que liberará la presión será su propio cese.

Los aficionados y, sobre todo, los medios, también tendrían que ayudar a hacer que ese peso sea un poco menor. La cosa está mal, pero no es, ni mucho menos, irreversible. Porque, a final de cuentas, como me decía ayer un ex técnico de la selección: “en mi experiencia lo único que se necesita es un buen resultado. Le ganamos a Italia el sábado y adiós agobio”.

Como siempre pueden opinar en la sección de arriba, el mail de abajo y en www.twitter.com/martindelp. Todos sus comentarios serán bien recibidos para la Confederaciones.

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