De 'insiders', exclusivas e internet

Uno de los acontecimientos que más controversia generaron fue el anuncio de John Sutcliffe de que 'Chepo' sería cesado y remplazado por Tomás Boy

El lunes, durante el caótico proceso de confirmación de Chepo de la Torre como técnico del Tri, uno de los acontecimientos que más controversia generaron fue el anuncio de John Sutcliffe en ESPN de que sería cesado y remplazado por Tomás Boy. Durante una media hora, esa versión imperó en las redes sociales, hasta que se dio la noticia oficial de que no habría cambios. Inmediatamente, en Twitter comenzaron las burlas hacia el reportero y en general la situación representó un golpe importante a su credibilidad.

Como muchos otros, Sutcliffe es lo que se conoce como “insider”, aquellos reporteros que, en teoría, tienen muchos contactos y acceso a exclusivas. Dentro del periodismo se trata de una profesión relativamente arriesgada pero muy gratificante para quien la desempeña. Salvo un error de magnitud monumental, rara vez se le piden cuentas a quienes “adelantan” esas notas, y se vuelven enormemente populares por su capacidad de dar información que, en teoría, nadie más tiene.

Prácticamente todos los medios tienen por lo menos a uno, en todas partes del mundo. Los hay muy buenos (Sancadilla, de Reforma, por ejemplo), y los hay menos confiables. En la era del Internet, se han vuelto fundamentales para los medios como modelo de negocio porque generan clicks. A final de cuentas, a la gente le encanta el chisme y poder presumir que sabe algo antes de los demás, así que no importa demasiado si lo que dicen resulta no ser cierto. Al día siguiente todo será olvidado, y podremos leer otra “exclusiva”.

En general, su proliferación es consecuencia de la evolución que han tenido los medios en el siglo XXI. Como probablemente sepan, el periodismo ha sufrido una transformación impresionante en estos últimos años. Como concepto, el periódico de papel está más o menos en vías de extinción. Salvo por los medios realmente grandes, a la gente ya no le interesa esperar un día para enterarse de la información que puede conocer al momento en una página web o Twitter, y tampoco aguanta para leer una columna de opinión en la página 17, cuando puede encontrar argumentos similares en un blog.

La situación tiene la enorme ventaja de que la competencia ha obligado a muchos de los periodistas tradicionales a prepararse mejor. Ya no es tan fácil decir cualquier tontería porque hay una legión de personas dispuestas a hacerte pagar tus errores. Además, ahora es posible encontrar la información que uno quiera, a detalle. ¿Qué, por alguna razón, eres fan del Steaua de Bucarest? Ahora puedes leer en vivo las crónicas en un blog en español y seguir sus partidos por stream o Twitter, en lugar de esperar a que tu primo rumano te diga sus resultados una vez al mes por teléfono.

Pero también tiene un problema, mucho más importante de lo que se piensa. Desde su fundación, los medios grandes dieron una estructura al periodismo. Uno podía abrir las páginas de un diario importante y saber que la información sería confiable, porque había una reputación que mantener. Al tener un fuerte respaldo económico, se destinaba presupuesto a hacer grandes investigaciones y reportajes largos.

Ahora eso es imposible. Lo que priva es la inmediatez y la lógica del mercado son los clicks. Twitter ha provocado que cualquiera pueda decir cualquier cosa y que la gente se lo crea. No hace mucho, el usuario de la cuenta @FootballAgent49, reveló a sus 40,000 seguidores que era un chavito de 18 años y que lo había inventado todo. En su despedida, dijo “me siento orgulloso de reconocer que no he tenido nunca información confidencial y la gente aún afirma que soy más confiable que la BBC y Sky Sports”. Y su caso no es el único, yo, por lo menos, conozco otra cuenta, mexicana, que también es sobre traspasos, que tiene miles de seguidores y maneja un adolescente sin contactos.

En consecuencia, los medios grandes, para sobrevivir, han generado sus propios “insiders”, que si bien no me arriesgaría a decir que no tienen fuentes, la prisa por ganar una información y presumir la exclusividad, los obliga a publicar cosas sin el tiempo necesario para investigar si son ciertas.

Yo estoy convencido que eso fue lo que pasó con Sutcliffe en este caso. Nadie pondría en juego su reputación con una historia tan contundente en un momento tan importante a no ser que una fuente se la hubiera asegurado contra viento y marea. Y las ansias de ser el primero en dar la noticia provocaron que el reportero no tuviera tiempo de cotejarla. Salió mal, y el golpe fue durísimo, pero en este caso no se debe culpar al hombre sino a la profesión.

Sea como sea, la nueva realidad de los medios nos obliga a los periodistas, aunque no se nos demande, a ser los propios jueces de la calidad de nuestra información y a tratar de ser lo más fundamentados posible. Pero a final de cuentas, en este modelo de información, los aficionados son los últimos responsables de elegir cómo quieren informarse, a buscar cuántas exclusivas han acertado los “insiders” y, aunque nunca se puede tener todas correctas, a creer en aquellos que acierten más de lo que fallen.

Como siempre, los invito a que comenten en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp. Siempre leo todos sus comentarios, aunque a veces no me dé tiempo de responderlos como se merecen.

 

 

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