Un Clásico que busca revancha

Al parecer al Tri le ha seguido cobrando factura no preparar con seriedad los encuentros frente a sus rivales del área. No estudiar sus virtudes, defectos o sentimientos. Ni cómo poder vencerlos.
Al parecer al Tri le ha seguido cobrando factura no preparar con seriedad los encuentros frente a sus rivales del área. No estudiar sus virtudes, defectos o sentimientos. Ni cómo poder vencerlos.
 
Dentro de ocho días sabremos si México pudo continuar con vida o murió en el intento. Recibir a Panamá y visitar a Costa Rica son dos obstáculos reales y peligrosos aunque ambos tendrían que poder ser resueltos. No asistir a un Mundial con tres boletos y medio en disputa sería la peor vergüenza de nuestra historia futbolera.
 
Dos rivales con ciertas similitudes físicas y deportivas -al representar a países vecinos- aunque todos sabemos que la visita a San José es por mucho la prueba más complicada por la calidad, historia y sed de revancha del rival.
 
El próximo 15 de octubre, Costa Rica buscará cobrarse todas en un mismo partido. Aunque los Ticos ya aseguraron el boleto a Brasil 2014, nada les provocaría mayor satisfacción que hacer tropezar de manera letal al Tricolor Azteca para quedarse sin Copa del Mundo.
 
Son muchos años de guardar espinas clavadas y rencores (netamente deportivos). México y Costa Rica protagonizaron el primer clásico de esta zona geográfica incluso antes de que existiera la CONCACAF. Durante tres eliminatorias consecutivas la Tricolor centroamericana se quedó en la orilla para llegara una Copa del Mundo (Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66) tras caer en esas series finales en manos de la Selección Mexicana.
 
Era el México de la “Tota” Carbajal, Jesús del Muro, Jaime Belmonte. Posteriormente el “Güero” Cárdenas, el “Gallo” Jáuregui, Enrique Borja, el “Gansito” Padilla. Dirigidos por Ignacio Trelles (junto a López Herranz en el 58, Alejandro Scopelli en el 62, y por sí sólo en el 66).  Era esa Costa Rica del toque elegante y la entrega sin recato con hombres como Mario Cordero, Juan Soto y después con Errol Daniels y Leonel Hernández.
 
Hoy, a más de medio siglo de distancia el destino le presenta a Costa Rica esta inmejorable oportunidad de revancha (deportiva) incluso con mayor trascendencia que el tan mentado “Aztecazo” del año 2001.
 
Hace unos días tuve la fortuna de platicar con dos de los personajes más importantes en la historia del futbol mexicano: Don Nacho Trelles y don Antonio “La Tota” Carbajal, y agradezco que me hayan compartido una interesante anécdota que ejemplifica la enorme rivalidad entre costarricenses y mexicanos de los años 50 y 60.
 
Corría el mes de Octubre (como ahora) pero de 1957 en la serie final por el pase al Mundial de Suecia. El líder de Centroamérica -Costa Rica- se medía a ida y vuelta con el líder de Norteamérica -México-. El primer juego en territorio azteca lo habían ganado los mexicanos 2-0 mientras que el segundo y definitivo en La Sabana presentaba la urgencia de los locales aunque con la ventaja de cerrar en casa.
 
El público costarricense no dejaba de alentar a su escuadra desde la tribuna para provocar esa voltereta en el marcador global que le diera el pase al anhelado Mundial. Los organizadores habían colocado una banda musical a un lado del terreno de juego para animar a los futbolistas en la cancha e intimidar a los visitantes. México ya ganaba 1-0 gracias a la anotación de Ligorio López (3-0 global) y al venir un tiro de esquina a favor de los de casa se desató el tremendo zafarrancho.
 
Algunos aficionados habían saltado ya la valla detrás del arco mexicano y jaloneaban las redes tratando de azuzar al guardameta azteca. Entonces, apareció la figura legendaria de Nacho Trelles. El entrenador mexicano (que hacía dupla en la Dirección Técnica de ese equipo con Antonio López Herranz) corrió rápidamente al córner para ponerse de frente al futbolista costarricense y así impedirle el cobro (según me platica el mismo don Nacho, lo que buscaba era obligar al árbitro y a las autoridades del estadio a regresar a esos aficionados a sus lugares para salvaguardar la integridad de su guardameta -Antonio Carbajal-).
 
Entonces, un miembro de esa banda musical increpó al estratega mexicano y este (Trelles) decidió entonces despojarlo velozmente de su instrumento de trabajo (le arrebató la trompeta). Entre forcejeos, el artista decidió romper toda compostura y propinó zendo derechazo al entrenador visitante (razón por la cual fue capturado y retirado por las autoridades para ser consignado como responsable de un acto violento en pleno espectáculo público).
 
Según me relata además don Antonio Carbajal (mítico arquero mexicano, cinco veces mundialista), el público furioso invadió el terreno de juego para increpar directamente a los jugadores aztecas, lo que trajo la reacción instintiva y llena de camaradería de los mismos futbolistas costarricenses interviniendo en su propia defensa. Los jugadores locales pidieron a sus seguidores calmar los ánimos, guardar compostura y regresar a sus asientos para no lastimar a los visitantes que a fin de cuentas sólo eran rivales de un partido de futbol.
 
A pesar de la “calentura”, la fanaticada obedeció “sin chistar” y regresó a tomar de nuevo sus lugares. El partido pudo continuar sin sobresaltos posteriores. Al final, el resultado 1-1 (3-1 global) que le dio el pase a México a la Copa del Mundo de Suecia 1958.
 
Los integrantes de la Selección Mexicana abandonaron el estadio de La Sabana sin ninguna complicación y se instalaron en el hotel correspondiente para pasar la noche y preparar el victorioso regreso al día siguiente a territorio nacional, pero un par de horas más tarde, alguien pidió hablar con el entrenador mexicano para hacerle una respetuosa petición.
 
Resulta que el músico que intervino en el altercado seguía preso y la única forma de que saliera era que el agredido (don Nacho Trelles) abogara por él.
 
Nacho Trelles “ni tardo, ni perezoso” acudió de inmediato al llamado y levantó los cargos al trompetista que finalmente pudo quedar libre. Antes de regresar a su casa, el músico agradeció el gesto al entrenador mexicano y reconoció que los visitantes habían ganado limpiamente sobre el terreno de juego.
 
Según las propias palabras de don Antonio “La Tota” Carbajal en esta misma charla, los jugadores costarricenses de esa época siempre se caracterizaron por jugar leal y elegante, por intentar vencer a los mexicanos con sus mejores armas futbolísticas pero que nunca faltaron al deportivismo y a la gallardía que los caracterizó en aquella época. Incluso la “Tota” recuerda gustoso haber fincado una buena amistad con el Capitán de esa Selección costarricense que terminó posteriormente en México con el Irapuato, Mario “Catato” Cordero.
 
Ahora México llegará a La Sabana con la soga al cuello porque aunque venza hipotéticamente a Panamá en el Estadio Azteca, un traspié en la última fecha y la combinación de los últimos resultados podría dejarlo sin la oportunidad ni siquiera del Repechaje ante Nueva Zelanda, despidiéndose así de la siguiente Copa del Mundo.
 
El Tri deberá salir a jugar sin pretextos, sin miedos y sin soberbias para mostrar sus mejores argumentos y sudar hasta la última gota sobre el terreno de juego. Que no pase por la mente de nadie que los costarricenses serán menos difíciles por tener ya el boleto a Brasil en la mano, ni mucho menos que puedan hacer “el favorcito” a los mexicanos.
 
Todas esas especulaciones irresponsables sangrarían la cabal historia que en su momento escribieron todos esos héroes deportivos (tanto costarricenses como mexicanos) y que enaltecieron el orgullo de una victoria y el honor de una derrota, fincando hace casi seis décadas un verdadero clásico futbolero.
 
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