Alemania, entre el amor a la lucha y la nostalgia por otro futbol

Los alemanes esperan el Mundial con la eterna actitud ambigua que han tenido siempre ante su propio futbol, en la que se mezcla el amor a virtudes típicamente alemanas, como el espíritu de lucha y...
Los alemanes esperan el Mundial con la eterna actitud ambigua que han tenido siempre ante su propio futbol, en la que se mezcla el amor a virtudes típicamente alemanas, como el espíritu de lucha y el ansia de triunfo, con la nostalgia de un futbol distint
 Los alemanes esperan el Mundial con la eterna actitud ambigua que han tenido siempre ante su propio futbol, en la que se mezcla el amor a virtudes típicamente alemanas, como el espíritu de lucha y el ansia de triunfo, con la nostalgia de un futbol distint

MEDIOTIEMPO | Agencias23 de Mayo de 2006

  • "Queremos verlos luchar", es el grito que suele oírse en las tribunas alemanas

Los alemanes esperan el Mundial con la eterna actitud ambigua que han tenido siempre ante su propio futbol, en la que se mezcla el amor a virtudes típicamente alemanas, como el espíritu de lucha y el ansia de triunfo, con la nostalgia de un futbol distinto, que encarnan naciones como Holanda o Brasil.

"Queremos verlos luchar", es el grito que suele oírse en las tribunas alemanas cuando las cosas marchan mal para el equipo local.

Ese grito representa buena parte de la concepción que tienen los aficionados alemanes del futbol -lo perdonan todo salvo el bajar la guardia o dar un partido por perdido- y explica en parte la difícil relación que tienen tener con sus jugadores estrella, cuando estos confían demasiado en sus virtudes técnicas.

Incluso Franz Beckenbauer, que ahora, décadas después de su retirada, es un ídolo indiscutible, tuvo que vivir toda su carrera luchando, partido a partido, contra la acusación de tomarse demasiadas pausas en el campo, pese a haber jugado incluso parte de la legendaria Semifinal contra Italia en 1970 con la clavícula rota.

Un destino parecido vive ahora Michael Ballack, a quien se le pide constantemente más carácter y más kilómetros recorridos por partido, pese a que si se miran sus números se trata de un jugador que tiene una eficacia en el campo difícil de igualar.

No obstante, a veces los alemanes parece aburrirse de ese futbol basado en la lucha -ante todo cuando los éxitos no llegan- y empiezan a desear un futbol centrado en la calidad técnica.

"Más vale ver una vez en la vida a Zinedine Zidane que toda la vida a Andreas Moeller". fue una pintada que apareció en las paredes de Dortmund a finales de los 90 y que expresa bastante bien esa nostalgia.

Sin embargo, el hecho de que Moeller, un jugador que brillaba más por su técnica que por su espíritu de lucha, haya sido la víctima de esa pintada, es un síntoma de que los alemanes ven en los jugadores luchadores a los genuinos representantes del futbol germano y a los virtuosos técnicos sólo como una copia de otras latitudes.

"Nunca seremos los brasileños de Europa", decía el ex seleccionador Rudi Voeller cada vez que surgían en el país exigencias de un futbol más atractivo.

Esa actitud puede tener que ver con la historia del futbol alemán que ha conquistado al menos 2 de sus 3 títulos mundiales en clara inferioridad técnica con respecto a sus rivales en la Final.

Ante la Hungría de Puskas y Hidegkuti en 1954, Alemania teóricamente no tenía ocasión alguna y dio una de las sorpresas más grandes al imponerse por 3-2, después de ir perdiendo 2-0 lo que también ha ayudado a crear la leyenda de las remontadas germanas.

Contra la Holanda de Johan Cruyff en 1974 la presunta inferioridad no era tan grande, pero en todo caso el favoritismo estaba claramente a favor de "la Naranja Mecánica".

En 1990 la situación era diferente, Argentina no llegó bien a la Final, pero el hecho de que Diego Maradona estuviera en el equipo contrario refuerza la idea de que Alemania siempre ha ganado sus finales contra el mejor jugador del mundo en el momento.

El arquetipo de los triunfos alemanes es sin duda la Final de 1954, cuya memoria ha tenido un increíble renacimiento en los últimos 4 años con artículos, documentales y hasta una película argumental, "El milagro de Berna", dirigida por Sonke Wortmann, que fue un éxito de taquilla.

El milagro de Berna se evoca ahora constantemente, al igual que las otras 2 Finales, y el propio seleccionador Jürgen Klinsmann ha tratado de mentalizar a sus internacionales para que se sientan herederos de aquellos equipos legendarios.

Entre la afición, como en 1954, hay cierto escepticismo con respecto a las posibilidades del título pero queda un resquicio de esperanza al recordar que ya en el pasado se ha ganado ante los mejores recurriendo a las "virtudes alemanas".

Entre esas virtudes alemanas, además de la combatividad, está el espíritu de equipo que Klinsmann no se cansa de predicar desde que asumió la Selección y a partir de ellas Alemania quiere volver a lograr por cuarta vez lo imposible.

[EEF][foto: EFE]

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