El Tri, inmerso en un mar naranja de dudas

El consuelo es que todavía no se trataba de la Copa del Mundo. México volvió a dejar muchas dudas, se puso adelante en el marcador gracias a una genialidad de Borgetti, y terminó dando gracias a...
 El consuelo es que todavía no se trataba de la Copa del Mundo. México volvió a dejar muchas dudas, se puso adelante en el marcador gracias a una genialidad de Borgetti, y terminó dando gracias a los santos por irse a los vestidores con una mínima desventa

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOPhililps Stadion, Eindhoven. Jueves 1 de junio de 2006

  • La Volpe y los suyos afirman saber lo que hacen
  • La Copa del Mundo será la que emita un veredicto

El consuelo es que todavía no se trataba de la Copa del Mundo. México volvió a dejar muchas dudas, se puso adelante en el marcador gracias a una genialidad de Borgetti, y terminó dando gracias a los santos por irse a los vestidores con una mínima desventaja al término de los noventa minutos.

Se entiende que se trató de una prueba más, de la antesala para el reto verdadero, para la Copa del Mundo. La Volpe declarará que los amistosos sirven para observar, que el resultado es lo de menos. Puede que tenga razón... el futbol mismo nos ha demostrado que los equipos cambian drásticamente de un partido de ensayo a uno de índole oficial. A esa esperanza queremos atenernos. Sin embargo, es inocultable que la delantera no funciona ni a un cincuenta por ciento del nivel al que debería encontrarse, que la retaguardia rival tiene suficiente con mantenerse atenta en el centro de su área para impedir que el verde adquiera brillo y se haga presente en los cartones.

La tensión acumulada a lo largo de los días fue sacudida sobre el terreno de juego. México inició la contienda de forma poco esperada: aguantando atrás, con muchos delanteros nominales y con uno solo en la práctica, Jared Borgetti. Holanda, entretanto, lucía un tanto extrañado por la actitud del cuadro tricolor, pobló el mediocampo y buscó generar peligro en el primer tercio de los nuestros. Los defensores aztecas se mostraron obedientes en la táctica y congelaron el improductivo dominio holandés.

El conjunto verde se encontró con el gol sin hacer demasiado por ello. La fórmula mágica se dio a través de la pelota parada: saque de esquina de Pavel Pardo, desatención de los tulipanes, y remate sólido y picado de Jared para llenar de alegría el corazón mexicano y hacernos soñar con un triunfo sobre la potente representación europea.

Los dirigidos por Marco Van Basten reaccionaron tímidamente. A lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos, los de naranja sobrellevaron las acciones, consintieron al rival, aunque el sobresalto por el tanto recibido nadie se los quita. La delantera poco o nada pudo hacer antes del silbatazo intermedio. La Volpe y los suyos se fueron con el pecho hinchado por el orgullo de estar venciendo a domicilio a una de las potencias mundiales.

Las charlas técnicas produjeron efectos contrarios en ambas escuadras. A unos les sirvió como revulsivo para remar contracorriente y dejar en claro quién era quién sobre el rectángulo verde; a otros, a los nuestros, les significó el adiós a la posibilidad de una victoria. Nuestro polémico seleccionador nacional decidió deshacerse de los elementos ofensivos, dejar como auténtico Zorro del Desierto a Borgetti, y apostar por un uno a cero que únicamente era seguro en la mente de Ricardo Antonio.

De la forma en que México decidió jugar, no había más alternativa que dar un partido sin errores en la zaga. La misión fue imposible: el irreverente Salcido, el apadrinado “Chiquis” y demás integrantes del sector defensivo tricolor acabaron cometiendo una serie de equivocaciones que derivaron en la derrota verde.

Cuando Holanda se decidió, metió el acelerador a fondo y emparejó los cartones por conducto de Heitinga, quien se anticipó a Jared Borgetti tras un saque de esquina realizado desde el costado izquierdo. Siete minutos después de la reanudación, la ventaja mexicana se había pulverizado; a los doce, Babel capitalizó un centro preciso de Kuyt para vencer a Oswaldo Sánchez. Con pasmosa facilidad, que incluye el grado de soberbia de quien se sabe mejor, los europeos pusieron al cuadro verde contra la pared.

La Selección Mexicana no tuvo argumento alguno para volver al partido. Ya sin delanteros, gracias a las discutidas decisiones de Ricardo Antonio,  el equipo azteca se vio chato en el ataque, igual o peor que en el duelo ante Francia. Poco se puede argumentar a favor de la creatividad ofensiva de la oncena tricolor si la mejor ocasión para marcar el segundo se presentó gracias a un buen movimiento de Rafael García, como si él u otros elementos de su condición tuvieran que cargar con ese tipo de responsabilidades.

El reloj avanzó sin que realmente se apreciara qué equipo iba ganando y cuál perdiendo. México careció de herramientas para provocar peligro; Holanda no estuvo fino a la hora de concretar y dejó escapar la oportunidad de marcar dos y hasta tres anotaciones más. Eso fue lo mejor, perder con un marcador decoroso, y no con uno de mayor holgura.

La Volpe y el cuerpo técnico dirán que la verdadera prueba comenzará el 11 de julio. A muchos nos inundan las dudas. No obstante, y pensando en el bienestar del balompié mexicano, deseamos fervientemente que Ricardo Antonio y su cuerpo de trabajo estén seguros de lo que están haciendo. De ser así, está derrota será lo de menos. Ya la Copa del Mundo se encargará de respaldar o desacreditar a un hombre que deberá aprender a hablar con sus conocimientos futbolísticos. [mt][foto: Mexsport]

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