El Color del Mex-Por... La Volpe, su equipo y el dragón que los guía...

Quisiéramos pensar que se trató de una pesadilla, de una mentira onírica que no tenía más intenciones que preocuparnos por el mal desempeño de nuestra Selección. Pero no… el desastroso rendimiento...
Quisiéramos pensar que se trató de una pesadilla, de una mentira onírica que no tenía más intenciones que preocuparnos por el mal desempeño de nuestra Selección. Pero no… el desastroso rendimiento del equipo dirigido por Ricardo La Volpe es real, tan real
 Quisiéramos pensar que se trató de una pesadilla, de una mentira onírica que no tenía más intenciones que preocuparnos por el mal desempeño de nuestra Selección. Pero no… el desastroso rendimiento del equipo dirigido por Ricardo La Volpe es real, tan real

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOAufshalke Arena, Gelsenkirchen. Miércoles 21 de junio de 2006

  • Ni La Volpe ni su dragón encuentran respuestas
  • A rogar por un milagro en los octavos

Quisiéramos pensar que se trató de una pesadilla, de una mentira onírica que no tenía más intenciones que preocuparnos por el mal desempeño de nuestra Selección. Pero no… el desastroso rendimiento del equipo dirigido por Ricardo La Volpe es real, tan real que acabamos apoyando a Irán en su enfrentamiento frente a Angola; tan real y doloroso que no tenemos más opción que rogar porque el próximo sábado ocurra un milagro. Ese es el presente del conjunto tricolor, esa es la actualidad del grupo que atrapa las ilusiones y las esperanzas de millones de mexicanos.

El inicio fue engañoso. Discurrieron cinco minutos en los que el destino jugó a favor de nosotros para volver más dolorosa la caída. México, usualmente cobarde por disposición de su técnico, salió a la cancha con intenciones de ofender, de agredir al enemigo y de matarlo sin piedad. Todos emocionados, seducidos por la renovada faceta azteca. Se trató del mejor comienzo de partido para los nuestros en Alemania 2006. No pasó de ser un espejismo, una trampa mortal para que las heridas calaran en lo más profundo del orgullo y el corazón.

Ahí estaba la oncena verde que hoy vestía de blanco, emocionada y pensando que tenía en un puño a los lusitanos. Portugal, ni se inmutó con el notable esfuerzo tricolor, apretó el acelerador y nos agarró en pleno éxtasis por esos cinco minutos de futbol alegre y dinámico. La flecha europea llevó una dirección envidiable. Contragolpe que inicia Maniche, toca para Sabrosa, éste devuelve la cortesía, y Maniche llega para fusilar y estremecer las redes mexicanas. De vuelta a la realidad, el México que invadió Alemania y el que se quedó en suelo azteca mesándose los cabellos, lamentándose por el inesperado golpe recibido. 

El batallón azteca hizo tímidos intentos por reaccionar. Un remate desviado de Bravo provocó una cierta sonrisa entre los aficionados mexicanos, que sintieron cerca el tanto de la igualada. La esperanza se desvaneció en cuanto apareció Rafael Márquez, catalogado como uno de los mejores centrales del mundo, saltando y cometiendo una infantil mano dentro del área. El silbante no dudó: la pelota al manchón penal. Simao aceptó el regalo azteca y venció a Oswaldo con misil a la derecha del arquero tricolor.

Tiempo de empezar a preocuparse por el resultado de Angola, momento de voltear a la banca. No se obtenían muchos resultados… La Volpe, tan valiente a la hora de hablar, se hallaba tumbado en su asiento, comiéndose las uñas y esperando que el mágico dragón de su corbata le diera las respuestas al crucigrama lusitano. Mientras tanto, México desaparecía del campo, se desdibujaba y daba risa recordar que la FIFA lo tiene ubicado como una de las mejores selecciones a nivel mundial.

El esbozo de resurrección del cuadro verde se daría a los veintinueve minutos. No fue mediante una excelente jugada colectiva, tampoco a través de una extraordinaria indicación dada desde el banquillo. Se trató, simple y sencillamente, del producto de la garra y el coraje de un hombre que tiene lo que en muchos otros escasea, de un jugador que no es ni remotamente el más talentoso, pero que cuando menos comprende lo que implica vestir la camiseta de una Selección Mexicana. Francisco Fonseca, el mismo al que Ricardo Antonio catalogó como estúpido, se encargó de rematar un centro de Pavel y de hacer suspirar a quien días antes de la Copa del Mundo lo catalogó como inferior a Guillermo Franco y demás elementos. “Kikín”, sin realmente buscarlo, sí que sabe callar bocas, y mejor aun, lo hace con el corazón por delante y pensando en las metas comunes.

Al fin se pusieron de acuerdo La Volpe y el Feng Shui. Justo al inicio de la segunda mitad, Sinha ingresó al terreno de juego en lugar del “Maza” Rodríguez, quien nada pudo hacer ante la habilidad de Simao y compañía. El charro mexicano acabaría haciendo muy poco, rehuyendo, para variar, de su responsabilidad como creativo en el mediocampo.

El doceavo minuto de la segunda mitad pintaba bien para México. Mano de Miguel tras recorte de Luis Pérez. Todos concentrados en el manchón penal. A ejecutar Omar Bravo. El delantero de las Chivas se perfiló, soñó con ser el héroe y acabó como el villano al volar su disparo a las tribunas. De inmediato los reproches, aunque también la pregunta: ¿por qué Omar y no algún otro especialista, incluso el capitán Rafa Márquez?

Cuando la pelota de Bravo se iba rumbo al cielo, todos comprendimos que el partido era una catástrofe para la causa mexicana. Se juntó absolutamente todo: la pasividad de un técnico que pregona valentía verbal y la transforma en indiferencia a la hora de dirigir, el nerviosismo de un grande que ha fallado con la Selección a la hora de la verdad (Márquez), y la carencia de delanteros que desequilibren. Franco no fue ninguna solución; Jared estaba lesionado. Parece que los verdaderos medicamentos para la escasez ofensiva del tricolor se quedaron en nuestro país, heridos por la decisión de un estratega que privilegio sus intereses por encima de cualquier otra cosa.

Minutos después de la pifia de Bravo llegó el broche de oro, el cerrojazo a una de las peores actuaciones de la oncena verde en las más recientes Copas del Mundo: Pérez se tira intentando engañar al árbitro y recibe el segundo cartón preventivo. Con diez y sin idea futbolística era imposible.

El partido siguió en la misma tónica. Bravo, destrozado por la pifia en el penal, falló una grande. Franco, quien teóricamente nos hizo el favor de olvidarse de la albiceleste para ponerse la verde, ni siquiera se atrevió a tirar al arco. En fin, una vergüenza que tiene como consuelo una clasificación de lástima a los octavos de final.

Y concluyó el partido. Todos preocupados en las tribunas, sin saber lo que pasaba en el duelo entre Irán y Angola. Se anuncian los minutos de compensación en ese choque. Silbatazo final con empate a uno. México está entre los dieciséis mejores, pero no gracias a su futbol, sino a la facilidad de un grupo que permitió un boleto repleto de mediocridad.

Tres días quedan para la próxima confrontación. Argentina u Holanda nos esperan. Cada mexicano desde su trinchera no confía en nada, pero se permite soñar en uno de esos milagros que se dan en el balompié.

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[mt][foto: EFE]

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