El Color del Australia-Italia... Canguros asesinados por el árbitro

 
  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOFritz Walter Stadion, Kaiserslautern. Lunes 26 de junio de 2006

Los escándalos arbitrales reaparecieron. Son parte del futbol, son ingrediente extra de la Copa del Mundo. Pero vaya forma de matar a uno y de ayudar involuntariamente al otro. Italia estaba muerta de miedo, temerosa de lo que pudiera pasar en unos tiempos extra que nunca llegaron. Australia, humilde e inexperta en Mundiales, soñaba aunque también temblaba. La posibilidad de seguir haciendo historia calaba los huesos. Estuvo cerca de lograrlo. Pero el silbato de Medina Cantalejo se dejó escuchar y sentenció una contienda que no debió concluir así, que debió extenderse hasta que hubiera un justo ganador sobre el terreno de juego.

El comienzo parecía teñirse de azul. Los de la bota imponen. Su sola presencia sobre el rectángulo verde los hace más poderosos que el enemigo, al menos que el de esta tarde alemana. Que aparezca Luca Toni y remate al arco de los Canguros no sorprende a nadie. Está dentro de lo previsto, forma parte de la inexistente lógica del balompié. Que el partido se extienda más de lo esperado y el cero a cero se mantenga en los cartones sí que es sorpresa, sí que es digno de mención.

Australia estaba dispuesta a escribir su nombre con letras de oro. Apeló al trabajo táctico, a la efectividad que actúa como varita mágica de Guus Hiddink. Cerca estuvo de lograrlo. Llevó el enfrentamiento a un ritmo conveniente para su causa. Tuvo la pelota y congeló la explosividad de los italianos en ataque. Mantenía el cero a cero en los cartones y la ilusión de clasificar a los cuartos de final.

 Los minutos pasaban mientras el estado de ánimo de los italianos pasaba de la ansiedad a la desesperación, del menosprecio a la incredulidad. Y seguían caminando las manecillas, corriendo los segundos. La azurra sufriendo para hacer daño. Australia más vivo que nunca. Con el dinamismo de un Canguro y la experiencia de un viejo lobo de mar en el banquillo.

El rumbo del partido fue así: tenso y sin un claro dominador. A los cincuenta, el guión decidió apoyar a los australianos. Medina Cantalejo recordó los colores de su patria y optó por el rojo para sancionar equivocadamente una infracción de Materazzi sobre Bresciano. Italia con diez. La mesa estaba puesta para Australia, pero ésta no supo como servirse el plato grande de la victoria.

Quizás el respeto fue demasiado. La escuadra de Guus Hiddink nunca se atrevió a ofender sin contemplaciones, jamás se decidió a matar al enemigo sin pensar en las consecuencias. Se fueron instantes valiosos para los Socceroos. Los azurri, entretanto, recobraban el aliento y se alistaban para liquidar en los últimos suspiros de la confrontación.

Ya el partido apestaba a tiempos extra. Los dígitos del reloj se movían parsimoniosamente. Se acercaba el noventa y no se veía para cuando pudiera romperse la frialdad en el tanteador. Se anunciaron tres minutos de compensación. Todos frotándose las manos. Se sentían los nervios de la prolongación. Pasó el minuto noventa  y uno, el noventa y dos. Y llegó el noventa y tres. Grosso entra por el costado izquierdo, se quita a un hombre, éste se barre. El italiano aprovecha la figura caída del elemento australiano y se deja caer. Medina Cantalejo compra la falta, señala el manchón penal. Los fantasmas de Corea-Japon reaparecen. Totti no falla. La historia se acabó. Justicia divina dirán algunos. Así como el arbitraje liquidó a Italia en el 2002, le devolvió la vida en el 2006. Así, con ayuda arbitral, los azurri siguen adelante y mantienen vigente el sueño de un país que anhela como ningún otro la Copa del Mundo. [mt][foto: EFE]

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