Color BRA-FRA... Zidane se apoderó de la magia brasileña y acabó con el Penta

La samba no va más en Alemania 2006. Nadie es invencible sobre el terreno de juego, ni siquiera los que parecen haber nacido con un balón en los pies. Brasil, en ocasiones, juega un futbol...
 La samba no va más en Alemania 2006. Nadie es invencible sobre el terreno de juego, ni siquiera los que parecen haber nacido con un balón en los pies. Brasil, en ocasiones, juega un futbol sobrenatural pero es tan humano como el que más. Una desafortunada

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio de la Copa Mundial de Frankfurt, Alemania. Sábado 1 de julio de 2006

  • Zidane fue una mezcla de arte y elegancia
  • La samba deja de vibrar en la Copa del Mundo

La samba no va más en Alemania 2006. Nadie es invencible sobre el terreno de juego, ni siquiera los que parecen haber nacido con un balón en los pies. Brasil, en ocasiones, juega un futbol sobrenatural pero es tan humano como el que más. Una desafortunada tarde acabó con las ilusiones amazónicas. Tendremos nuevo campeón. Ya eso es motivo suficiente para aplaudir la novedad en el balompié mundial, aunque también es válido llorar por el adiós de una selección de la que siempre se espera lo máximo.

El partido inició en medio de nostálgicos recuerdos. Francia, más que ninguna otra representación, se sabía capaz de vencer a la verdeamarelha. La rememoración de aquel triunfo, aun a ocho años de distancia, envalentonaba a los galos y despertaba cierto temor en unos brasileños que quizás nunca contemplaron la posibilidad de ser eliminados de forma tan prematura. Unos, los de azul, soñaron al abrir el archivo de la final en 1998; otros, los amarillos, temblaron, al hacer memoria de ese amargo anochecer europeo.

El silbatazo inicial se escuchó. Y poco a poco nos fuimos percatando: la magia no estaba en Ronaldo, tampoco en Ronaldinho, mucho menos en Kaká… El verdadero artista con la de gajos vestía de azul, era el máximo referente de su equipo y correspondía al conocido nombre de Zinedine Zidane. Se diría que Zizou jugó tan a lo brasileño como el que más. Sería demasiado injusto con él. Zidane simplemente hizo lo que sabe, a su estilo, combinando la artesanía  con la efectividad, la elegancia con el desparpajo de unas piernas que se olvidaron de su veteranía para fabricar acciones dignas de poner de pie al más exigente. Zinedine se convertía en el comienzo y el final del buen futbol en Frankfurt.

Los minutos discurrían. El genio de Zidane no bastaba. Los cartones se mantenían con la igualada a ceros. Así nos fuimos al entretiempo. Para muchos la confrontación no respondía a las expectativas. Otros, afirmándose como comprensivos, aseguraban que la razón de que no fuera una contienda tan atractiva como se esperaba era el mutuo respeto que se profesaban ambas escuadras. No se puede llegar a un veredicto inobjetable. Lo cierto es que se estaba quedando a deber.

La parsimonia se acabó con el arribo del complemento. Nadie más que Zidane podía tejer la acción que rompiera el hielo. Tiro libre a favor de Francia. “Zizou”, afamado artista galo, traza en su memoria el gol de la victoria. Una vez que lo tiene bien pensado, pasa a la ejecución. No falla. Su servicio enviado con precisión quirúrgica supera todo el cerco defensivo y llega a segundo poste. Ahí, Thierry Henry no deja escapar la gran oportunidad, cruza la pierna y marca el tanto de la quiniela. El mundo abre los ojos desmesuradamente, Brasil está cayendo. Suceso digno de ser contado a los nietos.

Los de Parreira tardan valiosos instantes en digerir lo que estaba sucediendo. Parecían dormidos, como si no les importara mucho lo que acontecía sobre la alfombra verde. Cuando se dieron cuenta fue demasiado tarde. El futbol y Zidane no perdonaron. Disparos e intentos de los brasileños se fueron como en cascada. Nada cambió. La samba deja de escucharse en Alemania 2006. La Marsellesa cimbra la Copa del Mundo. Con Zidane en sus filas, nadie sabe si alguien podrá sacar del camino a Francia.

[mt]

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