La locura por el Mundial se hizo presente en un monasterio

La fiebre del Mundial es muy contagiosa y atraviesa incluso los anchos muros de los monasterios, como el de los capuchinos de Münster (oeste del país), que instalaron una gran pantalla en los...
 La fiebre del Mundial es muy contagiosa y atraviesa incluso los anchos muros de los monasterios, como el de los capuchinos de Münster (oeste del país), que instalaron una gran pantalla en los jardines para ver los partidos.

MEDIOTIEMPO | Agencias2 de Julio de 2006

  • El Padre Thomas se enzarzó en un debate sobre la necesidad o no de rezar en el caso de que el partido se fuera a penales

La fiebre del Mundial es muy contagiosa y atraviesa incluso los anchos muros de los monasterios, como el de los capuchinos de Münster (oeste del país), que instalaron una gran pantalla en los jardines para ver los partidos.

Los monjes vieron el viernes el encuentro de Cuartos de Final Alemania-Argentina, junto con otros 30 vecinos de los alrededores, y celebraron la victoria de la Selección Nacional (5-3 por penaltis).

Antes de pitar el comienzo, los vecinos habían llevado a los recintos del monasterio el equipo necesario para la ocasión, desde banderas y fuegos artificiales hasta una barbacoa y una caja de cerveza para calmar la sed de los espectadores.

Las concentraciones futbolísticas entre los 34 monjes capuchinos y el vecindario tienen tradición. Cada domingo, los más deportivos de estos religiosos se enfrentan en el campo contra los vecinos.

En el minuto 49 del encuentro, el silencio es como en el claustro en el patio, cuando Argentina marca el primer gol del partido, salvo el Padre Thomas que se ha enzarzado en un debate con un vecino sobre la necesidad o no de rezar en el caso de que el partido deba ser decidido por penaltis.

Pero poco después el júbilo hace estremecer los muros del monasterio cuando el delantero Miroslav Klose logra el empate en el minuto 80 para Alemania.

El Padre Erich, vestido con la sotana marrón, salta de alegría, mientras un vecino hace ondear la bandera tricolor, omnipresente en las calles y plazas del país desde que el Mundial ha desatado una ola sin precedentes de euforia futbolística y sano patriotismo en el país anfitrión.

A estos sobresaltos sigue la prórroga de 30 minutos, sin romper el empate, y la tensión de los penaltis, pero, al parecer, el portero germano Jens Lehmann cuenta con la ayuda de la Providencia y las oraciones de los capuchinos y para dos tiros argentinos.

La próxima cita de monjes y vecinos en los jardines del monasterio está ya fijada para el martes, para ver el partido de Semifinal contra Italia, que se jugará en Dortmund.

[EFE][foto: EFE]

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