¿Por qué los otros pueden 'jogar bonito' y Brasil no?

 
 
  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDIOTIEMPO | Agencias2 de Julio de 2006

  • Roberto Carlos señaló que "Joga bonito es un lema de Nike”

El Mundial de Alemania comenzó con el mito, ya hecho trizas, de que Brasil era el límite, y llega a su fase Semifinal con una pregunta: ¿Por qué los otros pueden “jogar bonito” y los “canarinhos”, con tantas estrellas, no?

Roberto Carlos llevó el dedo índice a su pecho, señalando la marca de su patrocinador: "Joga bonito. Es un lema de ellos, Pero el futbol es de resultados y Brasil tiene cinco títulos", dijo.

Brasil se preparaba para el partido de los Cuartos de Final contra Francia y el lateral zurdo derrochaba optimismo: "Si pensara en perder, hago mi maleta y vuelvo a casa hoy mismo", dijo severo.

Carlos Alberto Parreira, el hombre que en 1994 condujo a Brasil al título que puso fin a un ayuno de 20 años en los Mundiales, fue la apuesta de fe para seguir el trabajo que Luiz Felipe Scolari abandonó victorioso a comienzos de 2003.

Parreira jugó sus fichas sin vacilar, pero perdió en el sorteo.

"Un Mundial se gana con equipo. Jugador define partidos. No solo el talento da títulos. Se requiere trabajo, planificación, espíritu de equipo", insistía.

“Les Bleus" derrocharon todo eso ayer en Frankfurt ante un Brasil de cielo estrellado y, no contentos, Zinedine Zidane, Thierry Henry y compañía demostraron que el "jogo bonito" no pasa de moda y no es apenas una expresión artística al servicio de la mercadotecnia.

Para los brasileños, el problema fundamental en el comienzo era si el "cuadrado mágico", la sociedad formada por Kaká, Ronaldinho, Adriano y Ronaldo, debía transformarse en un "pentágono mágico".

"Si con cuatro en el frente nos temen, con cinco temblarán", era la conclusión del más fundamentalista sector de la prensa brasileña para presionar al Técnico para alinear a Robinho.

Parecía hasta entonces que con el extraordinario poder ofensivo de los brasileños, los problemas defensivos podrían quedar ocultos, como la basura que se empuja bajo el tapete.

Comenzó el torneo y las previsiones comenzaron a fallar. Ronaldo y Adriano formaban un ataque "de peso", como proclamó orgullosamente Parreira sin calcular las carcajadas maliciosas de su auditorio.

La lentitud de un Adriano que se alejaba cada vez más de su estilo arrollador y el exceso de kilos de un Ronaldo que trabajaba a todo vapor para recuperar su nivel, rindieron un plato frugal para los comentaristas y acaloradas charlas de hinchas en mesas de bar.

El jugador del Inter italiano perdió el puesto y Ronaldo, que en los dos primeros partidos tuvo que ir al banco para dar paso a Robinho, ganó respiro al marcar dos goles en el cierre de la Fase de Grupos contra Japón (4-1), y uno más en la paliza por 3-0 a Ghana.

Ante Francia llegó como máximo goleador en los Mundiales, con 15, y aunque sus tres remates a la puerta de Fabien Barthez fueron las intenciones serias de Brasil, el cerrojo galo le anestesió, junto con sus compañeros, como en la Final de 1998.

Antes del partido de ayer, la nueva preocupación de Parreira estaba en la mitad, la parte opuesta del "cuadrado mágico".

Kaká, que comenzó con aires de salvador al marcar el gol agónico de la victoria sobre Croacia en el debut, se diluyó hasta la intrascendencia. Ayer se fue de la cancha con un abrumador abucheo.

Y Ronaldinho Gaúcho bien podría darse por desaparecido. Parreira quiso devolverle el brillo llevándole en el partido de Cuartos a la posición adelantada que tiene en el Barcelona, desempolvando así la fórmula que le consagró en el Mundial de 2002 al lado de Ronaldo.

La maniobra táctica, movida por el desespero, resultó tardía. El mejor del mundo cerró su campaña sin poder cuajar de "verdeamarelho" una faena brillante y con gol como la del triunfo por 2-1 en Cuartos de Final contra Inglaterra en el Mundial pasado.

La historia tendrá que redimir a los vituperados zagueros centrales Lúcio y Juan, al guardameta Dida y al centrocampista Zé Roberto, las columnas que resistieron los embates de quienes osaron desafiar a los alicaídos súper favoritos.

Lúcio, definido como un rústico defensor, terminó, quién diría, como el más higiénico en su oficio, sin faltas. Juan apeló al límite del reglamento para descarrilar adversarios. Dida, con espectaculares intervenciones ahogó varios cánticos de gol. Y Zé Roberto fue proclamado figura de los partidos contra Japón y Ghana.

La temporada de cacería de brujas está abierta y el debate de la renovación pasa a primer plano.

Parreira, Cafú, Roberto Carlos, Emerson, Kaká, Ronaldinho Gaúcho, Adriano y Ronaldo vuelven al cadalso acusados de negligencia con el "jogo bonito", un crimen futbolístico que los brasileños, en su vocabulario jurídico más severo, consideran "hediondo".

[EFE][foto: EFE]

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