Color POR-FRA... Listo el desenlace soñado; Zidane piensa en el mejor...

Pinta para ser un soñado desenlace. Francia no para de soñar; mejor dicho, de convertir sus sueños en realidad. Zidane, el mago de las canchas, el que resurgió cuando todos ya lo daban como una...
Pinta para ser un soñado desenlace. Francia no para de soñar; mejor dicho, de convertir sus sueños en realidad. Zidane, el mago de las canchas, el que resurgió cuando todos ya lo daban como una estrella moribunda, está ahí como una luz permanente para la
 Pinta para ser un soñado desenlace. Francia no para de soñar; mejor dicho, de convertir sus sueños en realidad. Zidane, el mago de las canchas, el que resurgió cuando todos ya lo daban como una estrella moribunda, está ahí como una luz permanente para la

Mauricio Cabrera | MEDIOTIEMPOEstadio de la Copa Mundial de Munich, Alemania. Miércoles 5 de julio de 2006

  • A Zidane, la historia del futbol ya lo espera

Pinta para ser un soñado desenlace. Francia no para de soñar; mejor dicho, de convertir sus sueños en realidad. Zidane, el mago de las canchas, el que resurgió cuando todos ya lo daban como una estrella moribunda, está ahí como una luz permanente para la representación de su país. Zinedine no fue el prodigioso jugador que acabó con la poderosa Brasil. No, no jugó de forma tan espectacular. A cambio, tuvo los arrestos suficientes para presentarse en el mano a mano frente a Ricardo y vencerlo como si no estuviera frente al arquero que había pulverizado, por sí mismo, todas las ilusiones inglesas. Así es “Zizou”; ya sea desde los once pasos, o desde la amplitud de una cancha, su futbol trasciende y se eleva tan alto que llega a las máximas esferas mundialistas.

Portugal aceptaba su papel de víctima. El triunfo sabe más cuando se callan bocas y se rompen pronósticos. Figo, singular artista del balompié, quiso sacar el orgullo por los suyos. Cristiano, tan irreverente como grandioso con la pelota en los pies, también buscaba hacer lo suyo. Eran los dos hombres llamados a impedir la conquista francesa. Lo intentaron, sudaron hasta el último minuto… se quedaron cerca, a un solo partido de la final de una Copa del Mundo.

El espectáculo siguió alejado de Alemania 2006. No es de sorprenderse. El balompié actual privilegia el resultado y menosprecia la vistosidad para las tribunas. Los chispazos de talento nos alimentaban. Y de eso había mucho tanto en uno como otro bando. Así, el partido caminaba de una tediosa rutina a un maravilloso velo de magia.

Treinta y tres minutos discurrían sin que se quebrara el hielo en ambas puertas. Calma nerviosa. El boleto a la final seguía en juego y la balanza no se inclinaba a favor de ninguno de los dos. De pronto, una falta de Carvalho sobre Henry dentro del área lusitana enciende los cañones. Larrionda señala el manchón penal. Los rojos se arremolinan sobre él, que se mantiene impasible y firme en su decisión. Zidane se perfila. Ricardo, el de los guantes de oro, el que en ocasiones parece más alto y ancho que su propia meta, no lo atemoriza. Y ahí va "Zizou"… Tira sin contemplaciones. El lusitano acierta, se tira al costado al que va la pelota. Pero su estirada no es suficiente. Zidane acertó. Zinedine acercaba a los suyos a una nueva final de Copa del Mundo.

Scolari, hombre ganador por más que haya caído en la antesala de una nueva disputa por el título, vivió con absoluta intensidad la confrontación. Nunca se dio por vencido. Fue el primero en impulsar a los suyos rumbo al gol de la resurrección. Ya será para la otra. Los esfuerzos de Felipao no bastaron. Su récord de partidos ganados en Copas del Mundo y su ya característica figura tendrán que esperar una nueva oportunidad. La Francia de Zidane está decidido a despertar sólo cuando el sueño se haya convertido en realidad.

Portugal murió con la cara al sol. No es consuelo, pero sí alabanza a un buen perdedor. Ahí estuvo Ricardo, en el arco enemigo, queriendo marcar en el último minuto, anhelando un tanto que les devolviera la vida. Balones y más balones al área. Les Blues tensos, preocupados, sabedores de que estaban muy cerca.

Cuatro minutos de compensación. Se van como agua para unos y como severo castigo para otros. Silbatazo final. Abrazos entre franceses y lágrimas portugueses. Sobre el ya de por sí emotivo escenario, destaca la figura de un jugador que sabe que su partida está cerca, a noventa minutos de distancia. Pero esto, lejos de hundirlo, lo invita a cumplir con el mejor partido de su vida. A Zidane, la historia del futbol ya lo espera, aunque antes tenga que regalarnos otra inolvidable actuación.

[mt][foto: Mexsport]

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