Algo de historia del Olympiastadion, la casa de la Final

 
  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEDIOTIEMPO | AgenciasBerlín, Alemania. 7 de Julio de 2006

  • De Owens a Zidane

La Final del Mundial, el partido de los partidos, dará al Olympiastadion de Berlín una oportunidad histórica de sacudirse de una vez el estigma de los Juegos de Hitler para aparecer como símbolo de la nueva Alemania liberada con el futbol.

Más de mil millones de telespectadores se calcula que verán el Francia-Italia, un encuentro del que, independientemente de quien levante la Copa, quedará la imagen de Zinedine Zidane despidiéndose como perfecta máquina de jugar al futbol.

Setenta años atrás, otra imagen dio la vuelta al mundo: la de Jesse Owens, humillando al Tercer Reich y desmontando la teoría de la superioridad de la raza aria con sus cuatro medallas de oro.

El hijo de un esclavo de Alabama dio una bofetada a la propaganda nazi, que había orquestado unos JO para glorificación de Hitler.

El domingo, el Olympiastadion rugirá con el "Allez les bleus", algo que con toda seguridad haría revolver a Hitler en su tumba, si la tuviera.

El estadio olímpico berlinés que acogerá la Final del Mundial ha sido completamente remodelado, dotado de un techo para proteger el graderío de la lluvia y convertido en una cancha moderna y funcional.

Conserva, sin embargo, su imponente aspecto de coloso de piedra de entonces, con sus dos esbeltas torres ante el acceso principal, mirando al este, y las estatuas realizadas por el escultor Arno Breker por orden del "Führer".

La remodelación costó cuatro años de obras y 242 millones de euros, que el permanentemente en bancarrota Senado de Berlín acabó pagando a costa de nuevos endeudamientos, con la mirada puesta en el Mundial.

Dentro del estadio apenas quedan huellas hitlerianas, pero la mayoría de los turistas que visitan Berlín y se acercan al estadio buscan en él las reliquias del nazismo, de la misma manera que todo el mundo lanza la pregunta recurrente de por dónde pasaba El Muro.

Consciente de que semejante pasado no se puede ocultar bajo la alfombra, los responsables del Olympiastadion incorporaron al conjunto, cuando su re-inauguración, en agosto de 2004, una exposición sobre la historia del recinto.

Una nieta de Owens prendió de nuevo la llama olímpica, acompañada de la nieta del que fue rival del mítico atleta en salto de longitud, Lutz Long.

Para muchos berlineses de hoy, el Olympiastadion dejó de ser el coloso arquitectónico en que se quiso autoglorificar Hitler para ser el lugar de culto al atleta Owens.

Por lo mismo, la Alemania vibrante que se ha mostrado al mundo en este mes largo de torneo se ha despegado de la Germania de Hitler.

Owens ganó entonces el oro en 100 metros, 200, longitud y relevos 4 x 100. Está por ver si Zidane sale del Olympiastadion con su segundo título de Campeón Mundial -tras el de Francia 1998-.

Italia no dejará que se monumentalice aún más, sí o sí, a "Zizou" y, encima, cuenta con un precedente: se llevó el oro en las olimpiadas del 36, en ese mismo estadio.

Ante una Final nadie se anda con historias ni, es de esperar, se regala nada al contrario.

Los mil millones de telespectadores que seguirán el partido quieren una final apasionante, con un Zidane sudando a mares, como siempre, y el Olympiastadion vibrando con el "Allez les bleus", aunque al final el canto sea para los otros.

[EFE][foto: EFE]

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