Vela, el verdadero crack

Por: Martín del Palacio

Por: Martín del Palacio

Hace unos dos meses viajé a Salamanca para descubrir a Carlos Vela. Mis referencias, como las de casi todos los mexicanos, eran pocas. Los cinco partidos del Campeonato Mundial ganado con la Sub-17 en Perú y el título de goleo del torneo. Lo imaginaba como un "9" clásico, el heredero de Hugo Sánchez. Pero nada estaría más lejos de la realidad.

Llegué un día lluvioso, en el entrenamiento previo al partido que su equipo jugaría frente al Valladolid. En ese momento, los jugadores practicaban centros y el mexicano no era quien los remataba. Una y otra vez le tiraban pelotas largas, él desbordaba por la banda izquierda y, a perfil cambiado, mandaba un pase medido al corazón del área.

Le pregunté a David Preciado, el Jefe de Prensa de la escuadra española, por qué desperdiciaban el olfato goleador de Vela, y la respuesta me dejó asombrado: "es que Carlos puede jugar en cualquier parte".

Era verdad. En el partido contra el Valladolid, el técnico Javi López lo puso como medio por izquierda. Y, en su primera jugada, me di cuenta de que yo había vivido en el error. Vela recibió un pase un poco más adelante del círculo central, hizo una finta con la que se quitó a su primer marcador, se tiró la pelota larga y por velocidad se deshizo del segundo y tuvo que llegar, desesperado, el defensa central rival para plantarlo con una barrida criminal.

Adiós a la percepción del heredero de Hugo Sánchez. El ex jugador de Chivas es muchísimo más que un "9" de área. De hecho, entre sus mayores cualidades no está la definición, aunque no lo hace nada mal. Lo suyo es el drible y la velocidad. Es un demonio al que sus torpes oponentes sólo le pueden quitar el balón a patadas. En ese juego les conté 10, más las que el árbitro no quiso marcar.

Si hubiera que comparar a Carlos con alguien, sería con Lionel Messi. Son imprevisibles, geniales y frágiles, y si no les llega una lesión importante, dominarán el mundo del futbol por los próximos años. En realidad, la diferencia entre ambos está fuera del campo. Ambos son excelentes personas, pero mientras el argentino es tímido hasta el extremo, el mexicano es bromista y extrovertido. La afición del Salamanca lo idolatra y sus compañeros lo adoran.

Me tocó verlo en varias ocasiones más, y comprobé mis sensaciones. México puede entusiasmarse, tenemos un crack de clase mundial. Ahora hay que rezar porque aprenda a quitarse los golpes antes de que corra la misma suerte de otros muchachos prodigio aztecas como Alberto Onofre, Ramón Ramírez o Alberto Medina, que nunca fueron lo mismo tras ser fracturados.

Para acabar, una anécdota que describe a Carlos a la perfección. Salamanca es una ciudad estudiantil, quizá con la vida nocturna más agitada de España. Vela vive en un edificio en pleno centro, exactamente donde la fiesta se pone mejor. Es finalmente, un niño de 17 años, pero también un jugador de futbol, y no puede más que lamentarse: "imagínate, me muero de ganas de saltar por la ventana y salir con ellos", afirma, "pero no me dejan. Así que mejor cierro las persianas, me pongo los audífonos y juego al PlayStation hasta las 3 de la mañana. Ni modo, mi carrera es lo más importante".

Martín del Palacio trabaja para FIFA.com y es corresponsal de varios medios mexicanos en España.

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