El Argentina-México prende Johannesburgo

Hemos estado en el Mundial dos semanas y hasta este viernes poca rivalidad se podía ver en las calles. Existía la entrega total hacia el futbol pero realmente todo era camaradería, sonrisas y...
 Hemos estado en el Mundial dos semanas y hasta este viernes poca rivalidad se podía ver en las calles. Existía la entrega total hacia el futbol pero realmente todo era camaradería, sonrisas y diplomacia.  (Foto: Agustín Cuevas)
Johannesburgo, Sudáfrica -
  • Un elegante restaurante sirvió de escenario para el duelo de aficiones

Después de dos semanas de Mundial, hasta este viernes no se veía rivalidad en las calles. Existía la entrega total hacia el futbol pero realmente todo era camaradería, sonrisas y diplomacia.

Sin embargo, el duelo entre la Selección Mexicana y la Argentina cambió un poco la situación, prendió la rivalidad deportiva, sin violencia, sin encono pero mostrándole al mundo sus pasiones y tradiciones al momento de apoyar al equipo.

Y es que Medio Tiempo fue testigo de un duelo singular, ejemplar y emotivo en un restaurante de Mandela Square, uno de los plazas comerciales más modernas de la capital sudafricana y que recibe diariamente a los visitantes mundialistas, llámense aficionados, prensa o directivos.

Todo parecía normal. Como en todo el Mundial, entrar a un restaurante de Johannesburgo y encontrar dos o tres mesas con mexicanos era algo común.

No habíamos ni terminado las entradas cuando un argentino pasó junto a dos mesas de aficionados mexicanos un par de veces y les habrá dedicado alguna sonrisita, porque a la tercera ocasión, del ronco pecho de nuestros compatriotas nació un "eeeeeeeeeeeeeeeeeeee ¡puto!", que retumbó en el lugar acompañando los pasos del portador de la albiceleste.

Ahí se encendió la mecha, se dio el silbatazo inicial, podríamos decir. Ambos lo tomaron muy bien, pues el argentino no dejó de pasearse y los mexicanos le dedicaron unos 10 gritos de despeje de meta, como una ametralladora irreverente.

Ya subido en unos escalones a cinco metros de la mesa, el "hincha" argentino que se divertía con las ocurrencias mexicanas gritaba algunas arengas a su equipo mientras las dos mesas aztecas comenzaban los movimientos estratégicos básicos, aplicando el clásico "¡Mé-xi-co, Mé-xi-co, Mé-xi-co!".

De repente, en el pequeño y comúnmente tranquilo lugar, comenzaron a levantarse de sus sillas un cúmulo de argentinos. Habían estado agazapados pero era el momento de entrar al enfrentamiento. Sin más, quedamos en igualdad numérica, era un duelo sonoro de veinte contra veinte y el "¡Ar-gen-tina, Ar-gen-tina, Ar-gen-tina!", emparejó todo en el medio campo.

El resto de comensales, todos visitantes mundialistas, estaban encantados. Cuando la parcialidad mexicana comenzó con el achique cantando "que los vengan a ver… eso no es un equipo son unas pu… de cabaret", se escuchó un "uuuh" de quienes observaban el encuentro y alcanzaban a entender el idioma en que se jugaba. Se estaba llegando al área rival y de nuevo los verdes tomaron ventaja con un "no pasa nada, no pasa nada, a estos güeyes se los carga la chin…".

La reacción de los albicelestes fue dura, letal, un gancho a la zona blanda, a la herida… En una mesa donde todos antes eran toda propiedad, ahora dos mujeres y dos hombres brincaban y cantaban en apoyo al equipo de Maradona. Uno de ellos, cuando vio que los mexicanos se ponían al frente, aprovechó un pequeño momento de silencio, una rendija en la defensiva, para asestar acentuando el tono pampero, "pero si ustedes no conocen el quinto partido… ¿se acuerdan de Maxi Rodríguez?".

Sí, eso dolío. Los tricolores retrocedieron un poco, tuvieron que doblarse incluso del duro golpe… o del ardor que esas palabras provocaban. Pero de la nada vino la respuesta, se levantaron y comenzaron a entonar el "Cielito Lindo", esa canción que gusta, contagia y es como el futbol bonito, todos acaban aplaudiéndola.

Al entonar el "ayyy ay ay ay, canta y no llores", los rivales acabaron abrazados. Incluso, se dio un intercambio de camiseta. Este enfrentamiento no dejó un perdedor pues terminó con palmadas en la espalda, buenos deseos y reconocimiento al rival.

En cambio, la tarde de este domingo en el Soccer City, tendrá que haber un ganador y alguien que regrese a casa. No cabe duda, el Argentina-México prendió a Johannesburgo.

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