El Tri enmudeció al Cuscatlán

En medio de una imponente escandalera, los festejos de Jesús Zavala y Héctor Moreno que significaron la victoria azteca de ayer parecieron suceder mientras le bajaban el 'switch' al Cuscatlán.
En medio de una imponente escandalera, los festejos de Jesús Zavala y Héctor Moreno que significaron la victoria azteca de ayer parecieron suceder mientras le bajaban el 'switch' al Cuscatlán.
 En medio de una imponente escandalera, los festejos de Jesús Zavala y Héctor Moreno que significaron la victoria azteca de ayer parecieron suceder mientras le bajaban el 'switch' al Cuscatlán.  (Foto: Notimex)
San Salvador, El Salvador -
  • Enmudecer a la afición salvadoreña fue un logro mayor al del triunfo para el Tri

Nada fue tan contundente como los silencios durante los dos goles mexicanos. En medio de una imponente escandalera, los festejos de Jesús Zavala y Héctor Moreno que significaron la victoria azteca de ayer parecieron suceder mientras le bajaban el "switch" al Cuscatlán, como si alguien hubiera aplicado el botón de "enmudecer" en el control remoto. Insólito resultó el par de momentos de cero ruido y cero voces, porque la afición local demostró todo el tiempo -más allá de esos breves instantes- que no sólo tenía tino para lanzar bolsas de agua y pegarle a Pablo Barrera en un tiro de esquina, sino para hacer del escándalo su mejor arma intimidatoria. El Himno mexicano fue apenas perceptible en las gradas. Sólo unas cuantas notas porque predominaron las trompetas rompe tímpanos y, por si faltaba, una sirena en uno de los palcos a la que únicamente le faltaba la ambulancia. En cambio, el Himno local fue anunciado con solemnidad, tras lo cual los fanáticos de "La Selecta" cantaron literalmente a todo pulmón. Antes ya habían abucheado con la misma intensidad a Jesús Corona, el primero de los 22 jugadores que pisaron el césped para el calentamiento y al cual acompañaron pronto los otros 10 mexicanos como para no dejarle la silbatina a él solo y también provocar coros dedicados al ‘Chicharito’, a cuyo nombre le ponían el apellido de "culero". La ola, las "coreografías" de la gente sentada inclinándose y abalanzándose hacia arriba y hacia abajo, o a la derecha y a la izquierda, hacían de las gradas un dinámico mosaico que sólo tuvo dos momentos en que el tiempo pareció detenerse. Ahí únicamente hubo espacio para las celebraciones del equipo visitante, que más allá de la banca, no tuvieron con quién compartir la euforia. Apenas 15 aficionados al Tri (el margen de error en el cálculo será de entre dos y tres mexicanos) acompañaron al "Chepo" en las butacas justo encima de la banca visitante, desde donde tuvieron vista privilegiada para ver al entrenador desgañitarse en un regaño sobre Barrera y en general nervioso durante todo el encuentro. Esto último, primero por ver cómo su equipo era superado en intensidad al inicio del juego, luego porque le habrá resultado algo increíble el tanto de Zavala, como angustia le debió provocar el empate y un nuevo "shock" el definitivo de Moreno. A pesar de las amenazas de hostilidad, tras la derrota la afición azul y blanca respondió con muestras de civilidad. Con el silbatazo final se escucharon aplausos a su 11, más gritos de "El Salvador" y el orgullo de haberle jugado de igual a igual a un rival que les provoca convulsiones anímicas pero al que muy en el fondo parecen admirar. Ya ni siquiera la salida del autobús del equipo mexicano fue tortuosa. El Chepo y el "Maza" Rodríguez salieron del vestidor, que daba directamente a la banqueta, para caminar unos metros a la saturada y pequeña sala de conferencias, de donde salieron para subir al camión que los trasladó directamente al aeropuerto. La logística había sido diseñada como para salir corriendo, pero eso no fue necesario. El Tri ya había silenciado al Cuscatlán y reducido los ánimos combativos a sólo muestras resignadas de orgullo.

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